La energía es fundamental para un país porque constituye la columna vertebral de la civilización moderna, actuando como motor principal del crecimiento económico y la calidad de vida en general.
Es un insumo único y esencial para todas las actividades económicas (industria, agricultura, transporte, servicios de salud y de educación, turismo, comercio, etc.) y sociales y lo que pasa en el sector energía afecta de manera determinante a todo el país.
Por estas razones, entre muchas otras, es que en los países ambiental y energéticamente exitosos (que son también económica y socialmente exitosos) la energía es una prioridad fundamental y se actúa con políticas y planes apropiados para asegurarse que el sector energía impulse cada vez más el desarrollo económico y social.
En las columnas tituladas “Principales razones por las que los Ministerios de Ambiente y Energía están separados en los países energética y ambientalmente exitosos” y “Roles claves de los Ministerios de Energía en los países ambiental y energéticamente exitosos que potencian el desarrollo económico y social” se analizaron las razones por las cuales lo más común en el mundo es tener ambos ministerios separados, ya que este modelo es el más eficaz para lograr altos resultados en los dos sectores.
En la columna titulada “¿Separación o fusión de los sectores ambiente y energía a nivel ministerial? (Parte I)” se analizó la evolución del Ministerio de Energía desde su inicio, cómo se dio la fusión con el Ministerio de Ambiente en 1990 sin realizar ningún estudio riguroso que justificara esa decisión y cómo pasó el sector energía a nivel ministerial del sector productivo al sector ambiente, así como las debilidades estratégicas que han sido señaladas, incluyendo aquellas reportadas por la Contraloría General de la República.
Adicionalmente a las debilidades estratégicas indicadas en la columna anterior, hay otra debilidad que resulta del hecho que los dos ministerios (de ambiente y de energía) tienen una misión, responsabilidades, características y objetivos muy distintos y que el éxito de cada uno se mide con métricas claves muy distintas.
Cada una de estas dos áreas ministeriales requieren de conocimientos y “expertise” muy diferentes y tradicionalmente los diversos gobiernos de turno han nombrado ministros que tienen conocimientos y experiencia en el tema ambiental (lo cual está muy bien para el sector ambiente), pero que no tienen estas competencias en el sector energía.
Es muy difícil que una sola persona tenga las competencias estratégicas suficientes en ambos sectores que son muy distintos, lo que crea otra debilidad en la gestión estratégica del sector energía, adicional a las se fueron señaladas en la columna anterior.
Al tener los ministros del MINAE competencias en el sector ambiente, han enfocado en general su gestión y su prioridad más en el ambiente que en la energía, lo cual es consecuencia de la compleja unificación que se dio de ambas carteras en una sola entidad en 1990, lo que ha debilitado históricamente la gestión estratégica ministerial del sector energía.
Desde que se creó el MINAE, la energía en Costa Rica no ha tenido la misma prioridad ministerial que se tiene en los países exitosos y la falta histórica de una rectoría eficaz y de un direccionamiento y control estratégico efectivos sobre el sector energético ha conducido a una evolución, como la que se analiza en esta columna, no alineada con las nuevas y crecientes necesidades.
1. Consecuencias de las carencias estratégicas históricas de la rectoría, la dirección y la gestión estratégica del sector energía.
Como resultado de la falta de la rectoría eficaz, la carencia de un direccionamiento y un control estratégico efectivos y la elaboración de planes nacionales de energía de escritorio que contienen sesgos y dogmas desde que los sectores de ambiente y energía fueron fusionados a nivel ministerial, el sector energía ha evolucionado en una dirección contraria a lo que se requiere (en costos, seguridad energética, emisiones al ambiente, etc.) y, entre otras cosas, ha conducido a lo siguiente:
- Falta de una visión integral del sector energía.
- Falta de objetivos balanceados y equilibrados para garantizar, en lo fundamental, un suministro de energía seguro en su suministro, asequible, competitivo en costos, sostenible y una transformación estructural que fortalezca el desarrollo económico y social del país y mejore la calidad de vida de sus habitantes.
- Políticas energéticas y planes de escritorio, sin estudios rigurosos y con de dogmas y sesgos que terminan sin lograr efectos significativos que marquen la evolución del sector energía.
- Ausencia de capacidades de ejecución de las políticas y de los planes energéticos (financieras, técnicas, sociales, ambientales, etc.).
- Proyectos específicos que se comunican para reducir las emisiones al ambiente sin los necesarios estudios rigurosos y completos, los cuales terminan luego no teniendo ningún efecto relevante en el sector, tales como los proyectos de desarrollo del hidrógeno verde, de los biocombustibles y de la descarbonización de la economía nacional.
Las debilidades históricas estratégicas y la falta de direccionamiento y control estratégico eficaz han causado que el sector energía haya estado evolucionando durante años en sentido contrario a lo que se desea en muchos factores críticos, e inclusive en contra a lo que se propone en las mismas políticas y planes de escritorio que se elaboran.
A continuación, se analizan varias de las consecuencias que esta situación ha creado en el sector energía.
1.1 Sustitución continua de fuentes nacionales renovables de energía por petróleo importado y falta de transición energética.
Los datos oficiales que se muestran a continuación, provenientes de los Balances Energéticos Nacionales de diferentes años desde 1965, muestran claramente la tendencia negativa que ha venido teniendo el país con el fortalecimiento de la concentración y la dependencia de las energías no renovables importadas (básicamente derivados de petróleo) en el abastecimiento energético nacional:
- 1965: Renovables Nacionales 61.2% - No Renovables Importadas 38.8%
(…)
Año en que se creó la figura del Ministro de Energía sin cartera, como parte del sector productivo.(…)
Año en que se creó el Ministerio de Industria, Energía y Minas (MIEM), como parte del sector productivo.
(…)
Año en que se eliminó el Ministerio de Industria, Energia y Minas y se creó el Ministerio de Recursos Naturales, Energía y Minas (MIRENEM) y en el Ministerio de Energía dejó de ser parte del sector productivo y pasó a ser parte del sector ambiente.
(…)
Año en que se eliminó Ministerio de Recursos Naturales, Energía y Minas, (MIRENEM) y se creó el Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE) y se mantuvo el Ministerio de Energía como parte del sector ambiente.
(…)
La peligrosa y creciente dependencia del exterior de las fuentes no renovables de energía (mayoritariamente derivados de petróleo) para satisfacer las necesidades energéticas del país ha venido creciendo sistemáticamente para llegar en el 2024 (último balance energético disponible) a suministrar el 70.7% del abastecimiento energético nacional.
Un ejemplo de esta creciente tendencia de petrolización con petróleo importado se muestra en los siguientes datos de la evolución de la oferta y la demanda durante el periodo 2010 y el 2024:
- El consumo nacional de derivados de petróleo importados aumentó un 42.8%.
- El consumo de electricidad (generada con energías renovables y con búnker y diésel en las plantas térmicas del ICE) aumentó un 34.2%.
- El consumo de biomasa (una fuente de energía importante en el mundo y con crecimiento) disminuyó en un -49,3%.
Estos datos son parte de la tendencia en el país que aumenta constantemente la ya elevada y excesiva dependencia de los caros derivados de petróleo importados.
Esta tendencia durante el período 2010-2024 modificó la matriz energética nacional de la siguiente manera:
- En el 2010, las Renovables Nacionales representaron el 39,5% del consumo energético nacional y las No Renovables Importadas el 60,5% (fundamentalmente derivados de petróleo).
- En el 2024, las Renovables Nacionales representaron el 29,3% y las No Renovables Importadas 70,7%.
En este periodo se da una reducción muy significativa de las fuentes renovables nacionales de energía y un aumento muy fuerte en la participación de las energías no renovables provenientes del exterior, impulsadas por las crecientes importaciones del mercado petrolero internacional.
La excesiva y creciente dependencia y concentración del abastecimiento energético nacional en el petróleo importado no solamente es muy onerosa para el país, sino que además lo pone en una creciente situación de vulnerabilidad económica y social, al exponerlo cada vez más a la alta volatilidad de precios internacionales del petróleo y a potenciales desabastecimientos energéticos abruptos causados por eventos geopolíticos.
Entre otras cosas, esta elevada concentración de los caros derivados de petróleo importados del mercado petrolero internacional limita el potencial de desarrollo del país, genera pobreza energética (al disminuir constantemente la producción de energía nacional en favor de las crecientes importaciones de energía) y conlleva un alto impacto ambiental (al generar crecientes emisiones al ambiente, incluyendo gases de efecto invernadero que afectan el cambio climático).
Al ser esta fuente de energía no renovable importada, el país paga adicionalmente importantes y crecientes cantidades de recursos fiscales que generan la producción y la refinación de petróleo producido en los países de donde vienen estas importaciones y el caro transporte marítimo que además genera emisiones adicionales al ambiente.
Esta situación ha provocado que el país sea cada vez más vulnerable a los altos y volátiles precios internacionales del petróleo y a las consecuencias económicas y de seguridad energética que ocasionan los conflictos geopolíticos.
La evidencia a través del tiempo muestra que las fuentes nacionales renovables de energía están siendo desplazadas en su crecimiento por las fuentes no renovables importadas (derivados de petróleo).
1.2 Favorecimiento de las importaciones y consumo de fuentes no renovables importadas (a través de las crecientes las importaciones petroleras) y freno al desarrollo de todo el potencial energético nacional.
Entre otras cosas, y a pesar de que en el papel la política energética señala lo contario, en la vida real, esta política energética dispuso desde hace años, por acción y omisión, que:
- Es mejor para el país consumir masivamente los caros derivados de petróleo importados, dejar que se establezca una excesiva y creciente dependencia petrolera del exterior y tener, consecuentemente, una ausencia de transición energética, que desarrollar todo el potencial energético nacional, incluyendo no renovables, como el gas natural, que es mucho más barato que los caros derivados de petróleo que se importan, que generaría mucho menos emisiones al ambiente y que proveería una importante seguridad en el suministro energético.
Mientras se importan y se consumen masivamente fuentes no renovables de energía importadas (los caros y volátiles derivados de petróleo provenientes del mercado petrolero internacional), simultáneamente se prohíbe el desarrollo de fuentes nacionales no renovables, a pesar de que la normativa legal lo permite y que existe un importante potencial nacional identificado por exploraciones y estudios realizados en el pasado, y que además generaría grandes cantidades de recursos fiscales y no fiscales.
Con respecto al potencial de gas natural en el país, fuertemente documentado con estudios técnicos y por las exploraciones anteriores en el territorio nacional, el Colegio de Geólogos de Costa Rica se ha referido en múltiples publicaciones a la existencia de al potencial de gas natural en el territorio nacional, incluyendo el siguiente artículo titulado “Sí hay gas natural en Costa Rica”[1].
Además de sus múltiples usos energéticos y no energéticos (como materia primaria para miles de productos en todos los sectores) y de que es una fuente de energía de alto crecimiento en el mundo por su bajo costo y bajas emisiones, el gas natural es una fuente de energía esencial para potenciar el desarrollo de las energías renovables a través del respaldo energético que les provee.
Por esta razón, al gas natural se le llama la fuente de energía firme “hermana” de las energías renovables. Por su naturaleza misma, a excepción de la energía geotérmica, las energías renovables que no son firmes (como la eólica, la solar y la hidroeléctrica de filo de agua) requieren de un respaldo energético de energía firme para cuando las renovables varíen en su producción y la reduzcan su producción por variaciones en la Naturaleza (como el clima).
Debido a su alta variabilidad no controlable durante el día o entre estaciones climáticas, las energías renovables requieren de una fuente de energía firme de respaldo, como el gas natural.
El gas natural es crucial como “equilibrador” para las fuentes renovables de energía en la generación eléctrica, como la eólica y la solar, que son intermitentes, y otras fuentes renovables (como la hidroelectricidad) que dependen en gran medida de las variaciones climáticas predecibles e impredecibles (diarias, estacionales y anuales), ya que proporciona una fuente de energía firme confiable cuando las renovables no generan suficiente electricidad por razones externas (incluyendo las climáticas).
La política energética ha prohibido la eventual producción nacional de estas fuentes que el mundo está utilizando cada vez más y simultáneamente se autoriza y se impulsa las crecientes importaciones petroleras, cuya participación en el abastecimiento energético del país ha venido aumentando continuamente a través de los años y mientras la participación de las energías renovables nacionales ha estado disminuyendo permanentemente, lo que ha estado aumentando los costos de la energía, reduciendo la seguridad y la volatilidad de precios del suministro energético y aumentando las emisiones al ambiente.
1.3 Falta de transición energética y reforzamiento del paradigma energético tradicional proveniente del pasado.
Los datos anteriores sobre la evolución del consumo de energía y de la composición de la matriz energética nacional muestran que no solamente la necesaria transformación del sector energía no se está dando para potenciar al país hacia nuevos niveles de competitividad energética, de desarrollo y de sostenibilidad económica, social y ambiental, sino que más bien ha venido ocurriendo en un retroceso con un aumento significativo de la dependencia petrolera impulsada por las crecientes importaciones petroleras.
La realidad muestra que, por acción y omisión, se ha venido reforzando el statu quo energético, el cual proviene de las tecnologías del pasado y de las fuentes de energía tradicionales que se forjaron bajo un contexto del pasado.
1.4 Desbalances estratégicos en el desarrollo energético nacional.
En el mundo, el desarrollo energético se está realizando a través del balance y equilibrio de los objetivos estratégicos claves que potencian el desarrollo económico y social de un país, como los que integral el “Trilema o Triángulo Energético”:
- Seguridad energética. Se refiere a tener un suministro de energía estable, continuo y confiable y de baja volatilidad en los precios.
- Equidad energética: Se refiere a tener energía sea accesible y asequible con costos bajos. Si la energía es muy cara o escasa, afecta la calidad de vida y la economía.
- Sostenibilidad ambiental. Se refiere a producir y distribuir energía reduciendo las emisiones y la contaminación.
Un ejemplo del gran desbalance estratégico que contiene la política energética nacional se encuentra en el Plan Estratégico Sectorial de Ambiente y Energía que señala como objetivo principal estratégico el siguiente:
- Contribuir a la descarbonización de la economía mediante el uso de energías limpias, sin detrimento de la cobertura y calidad de la red eléctrica nacional y la eficiencia energética.
Aunque la descarbonización con energías más limpias es fundamental y muy loable, no es el único objetivo estratégico principal del desarrollo energético y no es tampoco el único objetivo que es suficiente para lograr la sostenibilidad ambiental del sector energía.
La sostenibilidad energética implica un enfoque multidimensional amplio y más allá de solamente cambiar las fuentes de energía para “contribuir a la descarbonización de la economía” mediante la reducción de las emisiones al ambiente del dióxido de carbono (CO2), lo cual no se está logrando tampoco.
Las emisiones de gases de efecto invernadero de Costa Rica, como país pequeño y en vías de desarrollo, son muy pequeñas a nivel mundial y representan apenas el 0,02% de las emisiones globales.
Si bien la descarbonización mediante energías más limpias es un pilar primordial del desarrollo energético, un plan de energía debe abarcar otros objetivos adicionales de sostenibilidad, tales como reducir los impactos en ambientales en la producción, distribución y consumo de emergía, mejorar la gestión de residuos (paneles solares, baterías, etc.), aumentar la eficiencia energética, mejorar la calidad del aire y proteger la biodiversidad.
No solamente desde hace muchos años se ha venido dando en el país un fuerte desbalance con respecto a los otros dos objetivos fundamentales de una política energética exitosa (costos bajos y seguridad energética), sino que, además, a pesar de este desbalance, el objetico ambiental anterior de descarbonización no se está cumpliendo tampoco y más bien se está agravando.
A pesar del objetivo estratégico anterior de reducir las emisiones como único objetivo principal enunciado en ese Plan, la realidad muestra que las emisiones de gases de efecto invernadero del sector energía (y particularmente CO2) han venido creciendo aceleradamente generadas por el rápido crecimiento del consumo nacional de los caros derivados de petróleo importados, el cual crece, como se señaló antes, más rápidamente que el consumo de las fuentes nacionales renovables de energía.
En lugar de estarse descarbonizando, como lo ha venido señalando la política energética de escritorio durante años, el país más bien se ha venido carbonizando cada vez más con el alto y creciente consumo de los caros derivados de petróleo importados altas y crecientes emisiones de gases de efecto invernadero, en su mayoría dióxido de carbono.
No solamente no se ha venido logrando la descarbonización del país con la reducción propuesta de las emisiones de gases de efecto invernadero, sino que además tampoco se ha estado logrando los objetivos de competitividad y de seguridad energética (que incluye también la volatilidad en los precios del suministro de energía).
Las emisiones al ambiente (de gases de efecto invernadero y de otros gases nocivos y partículas u hollín de impacto nacional) más bien se han venido agravando a través de los años con las crecientes emisiones generadas por el aumento del consumo sin freno de los caros derivados de petróleo importados.
1.5 Emisiones crecientes al ambiente (incluyendo gases de efecto invernadero), planes de descarbonización sin resultados e incumplimiento de compromisos internaciones de reducción de emisiones.
Las emisiones de gases de efecto invernadero del sector energía (fundamentalmente proveniente del consumo de los caros derivados de petróleo importados) son la principal fuente de emisión de gases de efecto invernadero del país.
De acuerdo con el último estudio de emisiones, titulado “Inventario Nacional de emisiones por fuentes y absorción por sumideros de Gases de Efecto Invernadero. Costa Rica, 1990-2021”, publicado en el 2024, las emisiones del sector energía son la principal fuente de emisiones de gases de efecto invernadero del país y representaron una participación del 50% de las emisiones totales en el 2021.
Esta cifra de participación del sector energía en las emisiones nacionales de gases de efecto invernadero va a subir en el futuro porque no solamente el consumo de los caros derivados de petróleo ha venido subiendo aceleradamente, sino que también hay que tener en cuenta lo que ocurrió durante la pandemia de 2020-2021. Costa Rica experimentó una caída histórica en el consumo de derivados del petróleo, impulsada por restricciones de movilidad y confinamientos forzosos impuestos por el Gobierno, lo que redujo significativamente la demanda de derivados de petróleo y, consecuentemente, las emisiones de gases al ambiente.
Contrario a lo que señalan las políticas y planes de escritorio que se han dado, las tendencias de emisiones de GEI del país han venido teniendo una tendencia creciente, pero las que más rápidamente han venido creciendo son las del sector energía.
La tendencia de emisiones crecientes de GEI va también en contra de los compromisos adquiridos internacionalmente. Sin realizar ningún estudio técnico, económico y ambiental, en el 2015 y en el 2020, el Gobierno adquirió un compromiso voluntario internacional de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, dentro del marco del tratado internacional llamado Acuerdo de París, el cual el país ha venido incumpliendo desde el inicio.
Este compromiso adquirido fue el de lograr una trayectoria de emisiones continuamente decrecientes de gases de efecto invernadero (GEI), pero la trayectoria real de estas emisiones ha sido creciente de manera permanente.
Con estas crecientes emisiones, el país se está carbonizando cada vez más con los continuos aumentos de las importaciones petroleras y la decreciente participación de las energías renovables nacionales en el abastecimiento energético nacional, en lugar de estarse descarbonizando, lo cual es contrario a lo que el país necesita y a los compromisos adquiridos internacionalmente.
Cuando se dio el compromiso internacional adquirido en el 2015, todavía el Gobierno de ese momento no tenía los datos de las emisiones del país del 2015 (las cuales se publicaron en el 2019) y se utilizaron entonces como referencia los datos de las emisiones del 2012.
Con respecto a las emisiones generadas por consumo petrolero, si utilizamos los datos de las ventas reales realizadas por RECOPE del 2012 hasta el 2025 y hacemos una proyección de estas ventas hasta el 2040 de los derivados de petróleo importados y si hacemos la conversión del consumo de estos derivados de petróleo a emisiones de CO2 utilizando los factores de conversión de las Naciones Unidas, obtenemos una estimación del crecimiento de las emisiones generadas por el consumo petrolero en Gigagramos (en Gg) de CO2.
Con estos cálculos, la trayectoria que resulta de las emisiones de CO2 del país generadas por el creciente consumo de los caros derivados de petróleo durante el periodo 2012-2025 y las proyectadas al 2040 (bajo las tendencias actuales de consumo petrolero) es la siguiente:
- 2012: 6,402.5 Gg de CO2
- 2015: 6,929.8 Gg de CO2 (Aumento del 8,2% con respecto al 2012)
- 2025: 8.848,3 Gg de CO2 (Aumento del 38,2% con respecto al 2012)
- 2030: 9.229,1 Gg de CO2 (Aumento del 44,1% con respecto al 2012)
- 2040: 11.047,6 Gg de CO2 (Aumento del 72,6% con respecto al 2012)
No solamente las emisiones de CO2 relacionadas con las crecientes importaciones petroleras no se están reduciendo (como el país se comprometió internacionalmente dentro del marco del Acuerdo de París del 2015), sino que más bien están aumentando aceleradamente.
2. Conclusiones.
La realidad muestra que, como consecuencia de la ausencia histórica de una rectoría efectiva y de un direccionamiento y control estratégico eficaz del sector energía por parte del Ministerio de Energía, dentro de la estructura del MINAE, la evolución del sector energético no ha sido la que el país requiere.
Como lo he indicado en otras columnas, un aspecto que crea también debilidad en el sector energía y que llama la atención es que los consumidores nacionales (individuales y empresariales), que por su naturaleza misma son partes legítimamente interesadas (“stakeholders”), no se han involucrado eficazmente en los temas estratégicos para que el sector energía corrija las tendencias, como las señaladas en esta columna, que se establecieron desde que los sectores ambiente y energía fueron fusionados en un solo ministerio.
La unión ministerial, realizada en 1990, le bajó fuertemente el perfil que venía teniendo el país en el tema energético antes de esta fusión y propició que progresivamente se estableciera una creciente debilidad estratégica previsible en su marco de acción, la cual ha llevado al sector energía a evolucionar con una trayectoria no conveniente, como se ha demostrado con varias de las tendencias señaladas en esta columna.
En la siguiente columna (Parte III), se analizarán otras consecuencias adicionales causadas por las importantes debilidades estratégicas históricas que han sido señaladas en esta serie de columnas.
[1] ¡Sí hay gas natural en Costa Rica!, Colegio de Geólogos de Costa Rica, La República, 28 Mayo 2014, https://www.larepublica.net/noticia/si_hay_gas_natural_en_costa_rica





































