La pérdida de autoridad del docente, el culto a la diversión y la confusión pedagógica han llevado al sistema educativo a una crisis de sentido. Urge recuperar el rigor, la disciplina y la verdadera misión de la escuela: enseñar.
Durante las últimas décadas, el sistema educativo costarricense ha sufrido una preocupante distorsión de su propósito. En nombre de la llamada “nueva pedagogía”, las aulas se han llenado de estrategias lúdicas y discursos emocionales, pero se han vaciado de contenido y de rigor. El profesor, antes autoridad del conocimiento, ha sido empujado a desempeñar el papel de “entretenedor”, como si el aprendizaje dependiera de divertir en lugar de desafiar intelectualmente.
La pedagoga sueca Inger Enkvist ha sido tajante al señalar que “la verdadera esencia educativa es enseñar a pensar y preparar a los jóvenes para un mundo cada vez más complejo y desafiante” (Enkvist, 2016). Enkvist recuerda que la educación no consiste en entretener, sino en formar mentes críticas y disciplinadas capaces de comprender y transformar su entorno.
El buen maestro debe poseer dos cualidades esenciales: un conocimiento profundo de su materia y la capacidad de atraer a sus estudiantes hacia el aprendizaje. Como advierte el filósofo y pedagogo español Gregorio Luri, “no hay buena educación sin buenos profesores, y no hay buenos profesores sin amor por el conocimiento” (Luri, La escuela no es un parque de atracciones, 2020). Enseñar es, ante todo, un acto de transmisión cultural e intelectual, no un espectáculo ni una estrategia de entretenimiento.
La llamada “nueva pedagogía” —surgida en los años sesenta— promovió el autoaprendizaje y los trabajos grupales permanentes por encima del esfuerzo individual, debilitando el valor de la exigencia y del mérito personal. Con ello se abandonó una idea fundamental: la disciplina, el esfuerzo y la voluntad son elementos esenciales en el desarrollo humano. Al eliminar el rigor y los exámenes, se generó una educación complaciente, incapaz de enseñar a perseverar o a tolerar la frustración.
El especialista estadounidense en liderazgo educativo Charles Elbot advierte que cuando los adultos renuncian a ejercer su autoridad, los estudiantes “terminan confundiendo la libertad con la permisividad” (Elbot & Fulton, Building an Intentional School Culture, 2008). Esta observación describe con precisión lo que sucede hoy en muchas aulas, donde el miedo a corregir o exigir ha vaciado la enseñanza de sentido y estructura.
En la misma línea de Elbot, creo firmemente, que el fenómeno del bullying o acoso escolar es una consecuencia directa de esa pérdida de autoridad. Al debilitar la figura del docente, se produjo un vacío de poder que fue ocupado por estudiantes que, por inmadurez, falta de valores o simple afán de dominio, impusieron su propia ley. Ese desorden refleja una crisis moral y pedagógica que la escuela ya no sabe contener.
Además, resulta imprescindible defender la prohibición de los teléfonos inteligentes en las aulas. Los smartphones son hoy el mayor distractor del aprendizaje y uno de los factores que más contribuyen a la desconcentración, la ansiedad y el aislamiento. Si el objetivo de la educación es aprender, la escuela debe ser un espacio libre de pantallas y centrado en el pensamiento.
La educación no puede seguir siendo una guardería ni los docentes asistentes emocionales. Su misión esencial es enseñar, orientar y formar el carácter. Recuperar la autoridad del maestro no implica regresar al autoritarismo, sino restablecer el respeto por la figura que encarna el saber y la guía moral.
Costa Rica necesita reconstruir su sistema educativo sobre la base del conocimiento, la exigencia y el respeto. Solo así será posible devolverle sentido a la enseñanza y preparar a las nuevas generaciones para enfrentar con madurez un mundo cada vez más exigente y desafiante.
Edgardo Piedra Garita
Director General Yorkín School
El autor es Profesor de Historia por la UCR, Máster en Estudios de Matrimonio y Familia por la Universidad de Navarra y Doctor en Educación por la Universidad Internacional de Catalunya





































