Cuando se habla de la solidez de una empresa (o una entidad financiera) es común pensar en indicadores de rentabilidad, el tamaño de sus activos, indicadores de liquidez, pero buena parte de la base para lograr buenos resultados financieros está en el gobierno corporativo.
¿Qué es el gobierno corporativo?
El gobierno corporativo es el conjunto de relaciones entre la administración de determinada empresa, su Junta Directiva o Consejo de Administración, sus propietarios y otras partes interesadas, las cuales proveen la estructura para establecer los objetivos de la empresa, la forma y los medios para alcanzarlos y monitorear su cumplimiento. El Gobierno Corporativo define la manera en que se asigna la autoridad y se toman las decisiones corporativas. Está constituido por las estructuras de dirección de la empresa (Junta Directiva o Consejo de Administración), las de gestión (Alta Gerencia), las de control (Comité de Riesgos, Unidad de Riesgos, Comité de Auditoría, Auditoría Interna, Comité de Cumplimiento, Oficialía de Cumplimiento, entre otros) y accionistas o asociados.
En términos sencillos, el gobierno corporativo es el conjunto de estructuras, procesos y prácticas mediante las cuales una empresa es dirigida, supervisada y controlada. Su propósito principal es garantizar que las decisiones se tomen de manera responsable, transparente y en beneficio de la empresa.
Pensemos en una situación práctica. ¿Confiaría usted sus ahorros a una entidad financiera cuya Junta Directiva carece de experiencia en el ámbito financiero o cuyos miembros presentan conflictos de interés? Probablemente no. Esto se debe a que la Junta Directiva representa el máximo órgano de dirección de la organización y tiene la responsabilidad de definir su rumbo estratégico, supervisar a la administración y velar por la viabilidad a largo plazo de la empresa.
Sin duda uno de los pilares fundamentales del gobierno corporativo es la idoneidad de quienes ejercen funciones de dirección y supervisión. Los miembros de juntas directivas, consejos de administración y alta gerencia deben contar no solo con experiencia y conocimientos técnicos, sino también con integridad, independencia de criterio y capacidad para comprender los riesgos asociados al negocio.
Otro elemento clave es la toma de decisiones colegiadas. Cuando las decisiones estratégicas son analizadas y discutidas por órganos colectivos, se reducen los riesgos asociados a criterios individuales, sesgos o excesiva concentración de poder. La diversidad de perspectivas permite enriquecer el análisis, cuestionar supuestos y evaluar mejor las consecuencias de cada decisión.
Se podrían citar numerosos casos de quiebras de empresas (internacionales y nacionales) que han tenido su origen en decisiones concentradas en pocas personas, conflictos de interés, falta de controles internos o ausencia de supervisión efectiva. En contraste, las organizaciones con estructuras de gobierno sólidas son más resilientes, generan mayor confianza y enfrentan mejor los períodos de incertidumbre.
Particularmente para las entidades financieras o empresas emisoras en el mercado de valores, el gobierno corporativo tiene una relevancia aún mayor. Un buen gobierno corporativo promueve la transparencia y la rendición de cuentas y transmite confianza. Esto implica que las decisiones relevantes pueden ser explicadas y justificadas, que existen responsabilidades claramente definidas y que la información importante es comunicada oportunamente a quienes corresponda.
Al final, una empresa sólida no es aquella que nunca enfrenta riesgos o desafíos, sino aquella que cuenta con las personas, los procesos y las estructuras adecuadas para tomar decisiones en pro de la empresa y no de beneficios individuales.
Anelena Sabater
Economista





































