Productividad significa optimizar tareas a través de tiempo y recursos, de la mejor manera. Es que, estudios y experimentos realizados socialmente por países de primer mundo, han sostenido y verificado, desde hace varios años, que el rebajar jornadas laborales diarias/semanales y acumularlas, conlleva mayor eficiencia y cumplimiento de los objetivos empresariales, tanto públicos como privados, por parte de las personas trabajadoras. Algo similar ha sucedido post pandemia, con el teletrabajo, por la satisfacción en general anímica y cognitiva, en armonía y equilibrio, entre la vida laboral, con la personal/familiar de las empleadas.
Países del mundo que más horas laboran tanto diaria como, semanalmente - incluso con jornadas superiores a las 48 horas- destacan la India (56 horas), Bután (53 horas), Uganda (50,3 horas), Camboya (49,5 horas) y en el continente americano, México y Costa Rica contabilizando el tiempo laborado anualmente, consecuencia de cuestiones culturales, de las estructuras económicas y/o políticas laborales estatales.
La formula legada como derecho internacional por parte de la OIT, a partir del año 1919, de las 48 horas semanales, con 6 días laborables (con sus excepciones) y descansos de un día semanal y vacaciones anuales de 2 semanas, pareciera que hoy -merced al desarrollo tecnológico- son puestas en tela de juicio por las generaciones presentes y en los casos en que persisten, se están dando objeciones y cambios legales, a fin de poner el derecho laboral a tono con la nueva realidad social, producto del inimaginable desarrollo científico, que provoca tecnologías como la IA, la robótica, la internet, etc., que posibilitan hacer más fácil la productividad humana y su eficiencia en pro de la humanidad.
Es que no cabe la menor duda, que el trabajar es algo necesario o incluso se atrevería a sostener connatural a la persona. En este sentido, dentro del escenario de la salud humana, se han realizado estudios y uno que fue relevante durante la crisis económica del año 2008, fue el realizado por el Doctor escocés, Ewan MacDonald, el cual vino a concluir que estar “parado o de baja” involuntariamente, disminuye o acorta los telómeros de ADN, provocando que se desmejore la salud y por ende vivir con menor calidad de vida y bienestar personal, lo que refleja la relevancia del trabajo en general, para el ser humano.
Pero como todo exceso en la vida, provoca consecuencias para la salud humana, y en este caso, según un estudio de la OIT, trabajar muchas horas -definido como más de 55 horas a la semana- ha sido la responsable de 745 000 muertes por accidente cerebrovascular y enfermedad cardíaca en 2016, un aumento del 29% desde el año 2000 (https://www.portafolio.co/internacional/los-10-paises-con-las-jornadas-laborales-mas-extensas-del-mundo-624865).
Es así, como dentro de la seguridad social y específicamente en el campo de la salud ocupacional, países, como Nueva Zelanda, Alemania, Japón y Suecia están acortando más bien la semana laboral (https://youtu.be/gSWyjp1VXQ8?si=L5NgljKZhJAxrKkV y https://youtu.be/O6uftoW_aL8?si=djjxaPD7aew-eQ63). Ya que, aunque parezca contraproducente, acortar las horas de trabajo aumenta la productividad, en vista que hace sentir a las personas más contentas, comprometidas y por ende enfocadas en lograr los objetivos de la empresa, por el contrario, el saber que las jornadas diarias y semanales van a ser extensas, bajan la retaguardia en la productividad. Ya que presencialidad y/o disponibilidad, no necesariamente, se convierte en sinónimo de eficiencia y eficacia en el desempeño laboral.
Dr. Eric Briones Briones
Doctor y Profesor en Derecho Laboral





































