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Martes, 18 de diciembre de 2018



EDITORIAL


Por una sociedad sin miedo

| Martes 30 octubre, 2007



Por una sociedad sin miedo

El tema de la seguridad en las viviendas ha dejado de ser un aspecto secundario en el mercado inmobiliario y se ha convertido en un requerimiento de primera índole tanto para desarrolladores como para consumidores.
La ubicación de las viviendas, los servicios que hay alrededor, los materiales con los cuales se construye y los acabados ya no son los únicos aspectos que ven los clientes.
Cada día, los nuevos desarrollos ponen especial atención a la problemática de la inseguridad, y no es para menos.
Solo durante el primer semestre del año poco más de 2.800 casas habían sido violadas por asaltantes, es decir, alrededor de 16 cada día, según datos de las autoridades judiciales.
La consecuencia inmediata del incesante aumento en la delincuencia ha sido el transformar nuestras casas en verdaderas cárceles familiares.
Sin embargo el problema va más allá de eso. Las familias se han encerrado en núcleos aislados con un contacto muy limitado con sus vecinos, los niños ya no juegan en las calles e interactúan cada vez menos con sus amigos del barrio, la sociedad ha comenzado un lento proceso de “des-sociabilización” originado en gran medida por el temor.
Este es un proceso que debe parar y revertirse ya.
Nuestras autoridades han hablado de sus esfuerzos por combatir la creciente inseguridad, pero lo realizado hasta ahora no parece dar resultados.
El aumento en la cantidad de recursos económicos y de policías para realizar trabajos preventivos representa un buen esfuerzo, pero no es suficiente.
La inseguridad es producto de un mal con raíces profundas, que tienen su origen en diversos aspectos como pérdida de valores, educación, drogadicción y desempleo, entre muchas otros.
Por ello, además de la lucha preventiva y una política represiva adecuadas, cuanto más hagan los gobiernos por mejorar la situación de los costarricenses con empleos decentes, con oportunidades equitativas, con educación de calidad, mejores serán los resultados.
Nuestros hijos merecen hogares sin rejas, merecen vecindarios tranquilos, merecen pertenecer a una sociedad sin miedo.