Ricardo Trujillo Molina MScEE
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Limitarnos a simplemente escribir, publicar y discutir sobre si estamos bien o mal, no nos va a sacar del pantano social y económico en el que estamos hundidos.
Es sumamente interesante la discusión entre muchos foristas y columnistas en los diversos medios de comunicación, sobre el tema de si durante esta administración el pueblo de Costa Rica ha logrado mejoría en su nivel de vida, o si la economía está mejor o peor que antes.
Los argumentos son múltiples, pero en esa discusión se pierde el objetivo principal que es la propuesta para estar mucho mejor de lo que hemos estado en el último medio siglo.
Uno de los argumentos que brinda la solución de nuestra mejoría ha sido expuesto por un reconocido economista, Don Luis Liberman, cuando explica con suma claridad que el crecimiento de producción e ingresos de las zonas francas es muy superior al del resto de la sociedad y producción nacional.
Detrás de esas cifras se comprende que el estímulo fiscal a la producción y generación de riqueza estriba sin cuestionamiento alguno en la exoneración de impuestos al trabajador nacional, a la inversión extranjera y a las utilidades que los inversionistas obtienen con esos factores económicos en el mercado mundial. Y sostengo que la exoneración de impuestos al trabajo es nada menos que la explicación del por qué los salarios en las zonas francas son mayores que en el resto del país. De imponerse impuestos a la producción y exportaciones de las empresas en zonas francas, los más perjudicados serían sus trabajadores, pues el productor rebajaría salarios con el fin de mantener sin variación total, sus costos de producción, que son los que le permiten mantenerse competitivos en el mercado mundial.
Es dentro del contexto anterior que he escuchado por años las propuestas de algunos candidatos a la presidencia de la república, cuando han propuesto sin mucho éxito, el convertir a toda Costa Rica en una sola zona franca.
No creo que sea una medida efectiva o aceptable el exonerar de impuestos a toda la producción nacional, pues eso implicaría reducirle al actual caro y despilfarrador Estado, un buen porcentaje de sus ingresos, ante lo cual buscaría otros mecanismos de recaudación para compensar por la reducción de ingresos.
Sin embargo, hay mercados extremadamente monopólicos que al abrirse para que se permita la más amplia competencia entre sus nuevos actores, es muy posible que se mejore en gran medida el bienestar de la población participante de esa actividad económica.
Uno de esos ejemplos es el mercado financiero, en el cual las altas tasas de interés son el resultado de la enorme demanda del Estado para captar capitales y ahorros de toda la población. Una reducción en las tasas de interés permitiría de inmediato, la construcción y venta de miles de viviendas en todo el territorio nacional, así como la inversión en áreas sumamente productivas, pero intensivas en la inversión de grandes capitales.
Otro ejemplo que entiendo a la perfección es el de la generación de energía eléctrica, el cual sigue siendo un casi absoluto monopolio en poder del ICE. Una inmediata apertura en ese mercado, le permitiría a gran porcentaje de la población el generar gran porcentaje de la energía que requiere para su autoconsumo a una fracción de lo que actualmente se paga en supuestas tarifas reguladas, que en realidad son las que le permiten al ICE seguir operando en absoluto monopolio y acumulando ganancias que no necesariamente se invierten en generación de más bajo costo en beneficio de la productividad nacional. Con esta apertura de mercado, se reduciría sustancialmente la importación de gasolina, ya que el costarricense tendría la libertad de generar la energía eléctrica para su moderno carro eléctrico, reduciendo con ello, el oneroso gasto en energía importada.
Un tercer ejemplo en el que he insistido muchas veces, es el de permitirle a los porteños del Pacífico como del Caribe, generar su propia energía eléctrica y comercializar la pesca en un contexto de puerto libre de impuestos, permitiendo el atraco de buques pesqueros de grandes flotas transnacionales faenando a pocas millas de nuestras costas. No solo se mejoraría el empleo en esos dos puertos sino que la población nacional tendría una fuente más alimentaria y de bajo costo como son los productos marinos.
Hay muchos otros ejemplos de cómo la apertura de mercados monopólicos en poder de entes estatales, le permitiría a la población una sustancial mejoría en su nivel de vida, ya sea por ahorro mensual, ya sea por plazas laborales mejor pagadas, ya sea por financiamiento de vivienda y negocios de bajo costo.
Invito a mis lectores a que me hagan llegar otros ejemplos de cómo grandes sectores del país podrían beneficiarse de apertura de mercado por ahora semimonopólicas tanto por el sector privado como por el estatal.





































