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Lunes 2 Agosto, 2010

Moralizar la política

La ética y la moral son partes indivisibles de la política, y esta no podría existir sin tener como base ambos valores, lo contrario transformaría la política, que es toda una ciencia, en un simple ejercicio ciudadano.
El poder que la democracia entrega a los políticos ha sido utilizado casi siempre en beneficio personal y no a favor del interés público, lo cual lo convierte en mera mercancía de cambio y lucro personal.
Se entiende la política como ciencia social y práctica, cuyo objeto es la búsqueda del bien común de los integrantes de una comunidad. Siendo el bien común no solo la tarea del poder político sino también la razón de ser de la autoridad política.
Recientemente, en la Asamblea Legislativa se suscitó una especie de conspiración donde los miembros de algunas fracciones políticas, ahí representadas, intentaron desafiar los valores morales de la Presidenta, al intentar servirse con la cuchara grande.
Se cree que esta insensatez se fraguó en el seno del Poder Legislativo, donde “trabajan” los que tienen el poder constitucional de buscar el bien común y los que representan la reserva moral de nuestra sociedad.
Sin embargo, el liderazgo y la firmeza demostrados por la señora Presidenta en cuestiones de ética y moral la motivaron a vetar el autoaumento, por considerarlo inapropiado, inoportuno e irrespetuoso.
El silencio de algunos diputados y diputadas puso en entredicho su ética y moral, pues se aferraron a los fines que perseguían. Su ambición de poder dejó en evidencia la falta de vocación de servicio como entidad a cargo de guiar los destinos de la nación.
Gracias a las manifestaciones y protestas, pacíficas y respetuosas, pero enérgicas, del pueblo costarricense, es que se intenta recuperar el perfil ético y de vocación de servicio de los servidores públicos.
No obstante, los costarricenses, cansados de los engaños y mentiras de la clase política cada vez más desprestigiada, han formado frentes de lucha, que aluden a un objetivo muy preciso, que es el de moralizar y adecentar la política.
Cabe destacar que fueron los propios ciudadanos quienes le pusieron fin a tal despropósito, que tenía la clara intención de legislar en provecho propio.
Es aquí donde nace el concepto de democracia alternativa, que busca el involucramiento de los ciudadanos en las tareas encaminadas a resolver los diversos asuntos que afectan sus intereses.
Entonces, quedó claro y demostrado que la búsqueda de respuestas a los problemas que aquejan a los costarricenses no depende exclusivamente del papel director que pueda desempeñar el Estado.
Finalmente, el poder constituye la gran tentación de los políticos por lo que el desafío de la ética y la moral en la función pública debe ser contribuir con el restablecimiento y la institucionalización de esos valores de vida, que les permitan determinar lo que es justo, correcto o bueno.

Luis Fernando Allen Forbes