Ricardo Trujillo Molina MScEE
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En mi infancia, mi padre guardaba como un gran tesoro histórico, un inmenso libro con fotografías en blanco y negro y al final a todo color, publicado por la revista LIFE, que narraba la Segunda Guerra Mundial.
Leyendo ese libro me enteré de que el ingreso de los USA a la Segunda Guerra Mundial fue anunciado por el presidente Roosevelt un día después del ataque japonés a Pearl Harbor y que el término de dicha guerra fue durante la presidencia de Harry Truman después del lanzamiento de dos bombas atómicas sobre Japón.
Muchos años después, ya estudiando en 1967 en la Universidad de El Salvador, supe que los USA estaban combatiendo a las fuerzas insurgentes del Vietcong, en el lejano país de Vietnam. El involucramiento de los USA en ese conflicto estuvo a cargo del presidente Kennedy. Para finales de ese mismo año, tuve la oportunidad de visitar la cubierta del portaaviones Bon Homme Richards anclado en la bahía de San Diego para efectuar reparaciones a su flota aérea, la cual pude observar semidestruida en la cubierta inferior, una experiencia que siempre me causó una fuerte impresión sobre lo destructivas que eran las baterías antiaéreas rusas operando en Vietnam.
A partir del año 70, tuve la oportunidad de estudiar en los USA; y pude vivir bajo la presidencia de Richard Nixon, y me di cuenta de primera mano de sus ofrecimientos a la nación, para terminar con la guerra del Vietnam, la cual terminó para el 75. Los estudiantes universitarios de los USA escuchaban con suma atención los ofrecimientos televisivos que de vez en cuando les hacía su presidente Nixon.
De regreso en El Salvador, logré un empleo en una empresa fabricante de cable eléctrico y telefónico, en donde la Siemens alemana era uno de sus propietarios accionistas. Fue allí donde tuve la oportunidad de viajar a Múnich y estaba allá para el día que fue electo Jimmy Carter. Los altos ejecutivos de la fábrica de Siemens que visité me manifestaron en una cena el día siguiente, que dicha elección los preocupaba pues consideraban a ese futuro presidente como un blando ante la Unión Soviética, lo cual ponía en riesgo al futuro de Alemania, todavía dividida en Occidental y Oriental.
Durante la presidencia de Jimmy Carter, las políticas de derechos humanos, en especial al de la vida, eran su máxima prioridad para con los regímenes dictatoriales en todo el mundo. Esa política tuvo una gran repercusión en el futuro político de El Salvador, y quien desee conocer en sumo detalle cómo moldeó el futuro político y la guerra en ese país, solo tiene que leer el libro EMBASSY UNDER ATTACK del entonces embajador de los USA en El Salvador, Frank Devine.
En ese libro, el exembajador DEVINE narra sus 3 entrevistas diplomáticas con el entonces presidente CARLOS H. ROMERO, a quien Mr. Carter le sugería convocar a elecciones presidenciales anticipadas, dado el descrédito que existía a nivel internacional sobre el cuestionamiento fraudulento de su elección, y las reiteradas violaciones a la vida de personas en amplios sectores políticos, sobre todo campesinos y clericales, que se estaban dando en el país.
En todas esas visitas el General Romero rechazó de plano la sugerencia, incluso en la última ocasión cuando el embajador DEVINE le anunció que estaba informado de un posible golpe de Estado que se estaba preparando en su contra, y en el que los USA no estaban participando.
Con el golpe de Estado del 15 de octubre de 1979, el embajador DEVINE deja el cargo, pues su misión había sido expresamente la de evitar ese conflicto de poder que se estaba gestando. Su reemplazo fue el muy recordado y conflictivo embajador Robert White.
El nuevo embajador White sostuvo la política de respeto a los derechos humanos de Jimmy Carter en un contexto sumamente difícil como era el de un país al borde de la guerra civil. Los sectores de derecha lo adversaron y hasta le hicieron una manifestación solo de señoras de la clase media y alta sonando cacerolas enfrente de su embajada. La gestión de White se recuerda como la de un conciliador que intentó evitar el cataclismo social y el derrame de sangre en un país al borde de la locura guerrerista.
La elección del presidente REAGAN cambió todo el panorama político de El Salvador. Días antes de su toma de posesión en enero de 1981, la oposición política al gobierno de transición y la insurgencia en armas intentó tomar el poder político mediante un asalto militar a los cuarteles en todo el país, evento que se conoció como la ofensiva final. El recuento de esa ofensiva está muy bien narrado por el historiador militar Herard Von Santos en su libro LA OFENSIVA FINAL.
Ronald Reagan asumió desde su primer día de mandato una política de guerra total en contra del gobierno sandinista de Nicaragua y de la insurgencia del FMLN en El Salvador. Los consideró como agentes del mal e inició un inmediato suministro de asesores militares, armas, municiones y dinero al gobierno de El Salvador y a la recién fundada contrarrevolución en Nicaragua y Honduras.
La cercanía geográfica del conflicto político centroamericano fue magistralmente utilizada por el gobierno REAGAN como un avance del comunismo en el continente, el cual ya había conquistado Nicaragua, disputaba El Salvador, y a continuación sería Guatemala y México. Al igual que hoy en día, una situación política sumamente adversa en México ponía en sumo peligro la seguridad de los USA.
Lógicamente, ninguno de esos pírricos y nacionalistas movimientos insurgentes, ni sus patrocinadores ideológicos y armamentistas como era la CUBA de Fidel, se habían propuesto la invasión de los USA, pero esa fue la predicción a futuro que la administración REAGAN le vendió al ciudadano norteamericano.
Durante varios años, la guerra en Centroamérica se profundizó y se volvió para los USA un conflicto de baja intensidad, el cual era manejable con reducidos recursos económicos y militares, siempre aprobados por su rama legislativa. En cambio, el Congreso y Senado norteamericanos aprobaron, a cambio de la ayuda militar al gobierno de El Salvador, múltiples presupuestos para librar una guerra de las galaxias, con el fin de derrotar el poderío satelital y militar de la URSS. Billones de dólares erogados para ganar la Guerra Fría a cambio de unos cuantos millones para mantener bajo control la guerra en El Salvador, manteniendo viva la teoría del dominó o del avance comunista en las cercanías de la frontera sur de los USA.
La administración REAGAN ni inició ni terminó la guerra en Centroamérica. El plan político de paz de don Oscar Arias le complicó la solución militar. La administración REAGAN cayó en decadencia a raíz del famoso escándalo IRÁN-CONTRA, a pesar de que logró lo impensable: que el presidente ruso MIKHAIL GORBACHOV firmase los acuerdos balístico-nucleares de HELSINKI y REIKIAVIK, lo cual se interpretó históricamente como el fin de la Guerra Fría.
Cuando el presidente BUSH toma posesión en enero de 1989, se enfrenta con un conflicto armado en El Salvador que no tenía visos de terminar, sino que más bien estaba comenzando a escalarse con misiles rusos tierra-aire en manos del FMLN.
El mejor enfoque militar a este evento histórico está escrito por el Lic. Carlos Flores en su artículo MISILES ANTIAÉREOS EN LA GUERRA CIVIL SALVADOREÑA: ESTRATEGIA MILITAR, CRISIS DIPLOMÁTICA Y TRÁFICO DE ARMAS.
En ese enfoque militar histórico se recuerda que el día 26 de noviembre de 1989 hubo múltiples reportes de prensa describiendo que una avioneta CESSNA se había estrellado en las cercanías de la ciudad de Usulután, con un cargamento de misiles tierra-aire.
Para mediados de noviembre de 1989, la segunda y más grande ofensiva del FMLN sobre San Salvador, y el asesinato de los jesuitas directores de la Universidad UCA, pusieron en alto relieve el interés de la administración Bush por darle fin al conflicto armado mediante una negociación política, la cual se llevó a cabo todo el año 1990 y 1991.
Hubo otros eventos que aceleraron la prisa de la administración Bush por encontrarle una salida política negociada al conflicto salvadoreño.
La invasión militar de los USA a Panamá para derrocar al dictador NORIEGA, y la derrota electoral del sandinismo y de la candidatura de Daniel Ortega a finales de 1989, fueron eventos de suma relevancia en el primer año de la presidencia de George Bush y de su política exterior para Centroamérica.
La segunda ocasión en la que aparecen los manpads soviéticos en los medios de comunicación salvadoreños fue en el periodo que va de noviembre de 1990 a marzo de 1991, reportando el derribo de tres plataformas de guerra aérea de la FAS. El primero fue un A-37 con la muerte de su piloto. El segundo derribo fue el 4 de diciembre de 1990, un bimotor AC-47, con la pérdida de una tripulación de siete, y con un solo sobreviviente. El tercer derribo fue un helicóptero HUEY por el FMLN el 12 de marzo de 1991.
El cambio de correlación de fuerzas defensivas antiaéreas en poder del FMLN causó alarma en el ejército y fuerza aérea salvadoreña. El general de la FAS Adolfo Blandón se apresuró a volar a Washington para “solicitar sistemas defensivos u ofensivos…” que le permitieran a la FAES contrarrestar el uso de los misiles tierra-aire que estaba usando el FMLN.
Esa era la situación militar que se vivía en un El Salvador en guerra, cuando ocurren el 5 de mayo de 1991 en las cercanías del Capitolio y de la Casa Blanca, los disturbios callejeros de Mount Pleasant, una comunidad con gran presencia de refugiados salvadoreños.
Un inmigrante salvadoreño fue asesinado por un disparo a quemarropa de una policía de dicha ciudad. Esto causó un motín de indignación por la población inmigrante salvadoreña con desórdenes callejeros que duraron cerca de 3 días y que ocasionó graves pérdidas a los negocios del centro del poblado y la quema de vehículos en sus alrededores.
Narra el político del FMLN Salvador Samayoa en su libro sobre las negociaciones para ponerle fin a la guerra, que los USA, a partir de mediados de mayo de 1991, aceleraron el proceso y la presión para que se negociara el fin del conflicto armado. Después de varios meses de encuentros mediados por los USA y la ONU, se firmaron los acuerdos de paz en el Castillo de Chapultepec en enero de 1992.
A partir de entonces, los conflictos bélicos de gran envergadura como la primera invasión a Irak bajo la dirección de Bush padre y luego la segunda invasión bajo el mandato de Bush hijo, y la subsiguiente intervención en Afganistán también fueron decisiones de la presidencia de los USA. El final negociado de la intervención y larguísima guerra en Afganistán se dio bajo la primera administración TRUMP.
Me abstengo de comentar sobre las guerras de esta última década, pues ya no son iniciadas directamente por los USA, como es el caso de la guerra ruso-ucraniana, la invasión de Gaza y el intercambio de misiles entre Israel e Irak, aunque todos sabemos que la administración Biden estuvo sumamente implicada en la rearmamentización y conflicto interno de Ucrania a partir del 2014 y el presidente TRUMP ha estado también involucrado en el reciente bombardeo contra IRÁN.
Y esta es la parte final de mi artículo, narrándoles eventos históricos que viví y que son parte de mis recuerdos y que deseaba contarles antes de pasar a mejor vida.





































