La primera encíclica del Papa León XIV, se denomina: “Magnifica Humanitas”, emitida en fecha del 15 de mayo del año 2026 (coincidiendo con el 135 aniversario de emisión de la Encíclica Papal, “Rerum Novarum”, de León Xlll), consta de 5 capítulos y sus conclusiones, de más de 100 hojas (245 párrafos numerados), con temas atinentes al trabajo, empleo, dignidad humana, Inteligencia Artificial (IA), doctrina social de la iglesia, entre otros. No obstante, interesa destacar el capítulo cuarto, sobre custodiar lo humano en la transformación, verdad, trabajo, libertad.
Para nadie, es secreto, que la humanidad se encuentra inmersa en una transformación tecnológica sin precedentes. La Inteligencia Artificial (IA), la automatización y la robótica están modificando aceleradamente la forma en que se labora, se produce y se relacionan los seres humanos. Si bien estos avances prometen mayores niveles de productividad y eficiencia, también plantean profundas interrogantes sobre el futuro del trabajo humano, la justicia social y la protección de la dignidad de las personas trabajadoras, según refiere dicha encíclica.
Su Santidad, advierte que el progreso tecnológico solo puede considerarse auténtico cuando está al servicio de las personas y no cuando convierte a éstas en simples instrumentos de producción y definitivamente así debe ser, pues de nada vale que como humanidad se inventen tecnologías, sin que se ponga al servicio de uno mismo, sino sería crear dioses, para esclavizar a la creación de Dios; eso no se vale, sería un contrasentido, algo contrario a la naturaleza.
¿Para qué, crear máquinas, IA, mundos virtuales?, si se sigue al mismo ritmo de trabajo -incluso con mayor intensidad, en franca competencia con lo tecnológico- de cuando no existían estos; no tiene lógica, no tiene sentido; cualquier transformación tecnológica debe evaluarse no solamente por sus resultados económicos, sino también por sus efectos sobre la calidad de vida de quienes trabajan. Es que, desde la perspectiva de la doctrina social cristiana, el trabajo constituye una dimensión esencial de la persona humana. No es únicamente un medio para obtener sustento económico, sino una vía de realización personal, integración social y participación en la construcción del bien común.
Uno de los mayores retos -de la llamada: cuarta revolución industrial- es la sustitución masiva que se está dando de personas trabajadoras, por sistemas automatizados, sobre todo en aquellos puestos, que son rutinarios, en serie, en donde no se necesita grandes habilidades humanas y que por ende, suelen ser sustituidas por máquinas, sin emociones. Como señala la encíclica, el desempleo masivo no constituye únicamente un problema económico; representa una verdadera calamidad social que afecta a las familias, debilita el tejido comunitario y erosiona la cohesión democrática.
Ojo, pero, la solución no consiste en rechazar la innovación (como lo trataron de hacer hace 2 siglos atrás, el movimiento ludista), sino más bien, en hacer que la automatización libere a las personas de las labores peligrosas, aburridas, agotadoras o mecánicas, para que les depare más ocio, para así generarles innovación, capacitación laboral y conciliación familiar/ personal, con el trabajo, como lo está provocando -por ejemplo- el teletrabajo, a pesar de la resistencia de muchos.
Amén, la encíclica papal, advierte que las herramientas tradicionales de protección social, ya no son suficientes para enfrentar los retos de la economía digital, hay que revisar los principios laborales, por los que actualmente se rige la producción, de cara a la inmensa y galopante transformación tecnológica. Los sindicatos están llamados a reinventarse para representar a nuevas categorías de trabajadores: teletrabajadores, colaboradores de plataformas digitales, trabajadores por encargo, freelancers y quienes participan en economías basadas en algoritmos. Pareciera, que la protección, ya no va a estar basada en las jornadas máximas de trabajo, sino en el resguardo de las cuotas de trabajo, para la humanidad.
Es que como dice la encíclica papal:” El trabajo no es considerado sólo un problema que hay que gestionar o un medio para obtener ingresos, sino un bien fundamental para la persona, principio de la actividad económica y clave de toda la cuestión social. En él, el ser humano pone en juego su libertad, su creatividad y su capacidad de cooperar, contribuyendo a la elevación cultural y moral de la sociedad”.
He aquí una oportunidad para Costa Rica - reconocida históricamente por su apuesta por la educación, la paz social y el respeto a los derechos laborales- para liderar una transición digital centrada en la persona, como parte de las políticas públicas, que hay que implementar.
Eric Briones
Doctor y Profesor en Derecho Laboral





































