Ph.D Rosi Brenes Mata
Doctora en Educación,
Máster en Administración Educativa,
Licenciada en I y II Ciclos,
Bachiller en Educación Preescolar,
Y 45 años de experiencia en Educación.
Extraño la claridad que tenían los niños y jóvenes menores de edad en el pasado, cuando sabían de antemano que sus padres eran los que tomaban las decisiones trascendentales en el hogar y los docentes en la escuela, eso le daba un equilibrio importante al trabajo que se realizaba en ambas partes. El mundo ha cambiado, y hoy día en muchos hogares ésta no es la realidad, pues vemos a niños y jóvenes tomando decisiones que no les corresponden, como decidiendo a cuál escuela van a ir, y a jóvenes menores de edad informando a los padres a cuál fiesta asistirán, o cuántos días se van a ausentar para irse a la playa con los amigos.
Definitivamente yo creo en la estructura antigua, creo que la autoridad es de los adultos, y sobre todo, la responsabilidad es de los padres de familia, la cual es indelegable, pues les corresponde la guía y la orientación de sus hijos, formando así personas responsables, integrales y con una vida ordenada, ya que los menores de edad no tienen ni la madurez, ni la capacidad, ni el conocimiento, ni la experiencia para tomar sus propias decisiones trascendentales, más bien, asumir esa responsabilidad que no les corresponde, puede causarles daños emocionales irreparables.
En esta época algunos adultos han cedido demasiada responsabilidad de decisión a sus hijos, sin pensar en las consecuencias que esto puede tener, y muchas veces es simplemente porque temen decir que no, así como los maestros no corrigen para no tener problemas con los padres de familia y las autoridades de la institución. Por estas razones, es importante hacer hincapié en que definitivamente los padres de familia y los docentes, deben tomar nuevamente el control para formar, guiar, corregir y decir “no” sin miedo, porque los niños y los jóvenes “no mandan”, al contrario, necesitan ser guiados con argumentos, con ejemplo y con mucho amor. Los límites y la guía hacia el camino correcto que marcan los adultos, les da la seguridad emocional que necesitan en esas edades.
¡¡¡Cuidado!!! No se debe confundir el promover la autonomía con el libertinaje. Un niño o un joven autónomo toma decisiones con valores y responsabilidad, con la recomendación, guía y orientación clara de los adultos, esa es la receta lógica y secuencial de la vida.
Educar correctamente es preparar a los niños y jóvenes para la vida, y no simplemente hacer lo que ellos desean en un momento dado, pues la madurez emocional, la ética, la experiencia, las enseñanzas y los valores son fundamentales para tomar decisiones en la vida, y eso no se logra en la niñez ni en la adolescencia, requiere tiempo y formación.
Por eso educadores y padres de familia, no les den a sus hijos y estudiantes responsabilidades que no pueden manejar todavía, aunque vivan momentos incómodos, no teman decir “no”, y no se arrepentirán, pues a veces es necesario para educar bien, para formar respeto y esfuerzo, como parte del amor que les tenemos a nuestros hijos y estudiantes.
El diálogo amplio y abierto, así como el razonamiento lógico son importantes, educar no es negociar, y hay que aprender que a veces es importante obedecer, esperar y callar. Los adultos deben brindar reglas claras, y cumplir las promesas y las consecuencias ofrecidas, deben recuperar su lugar con respeto, autoridad, convicción y amor, pero creo que, ante situaciones trascendentales, definitivamente la última palabra debe ser dada por los padres de familia en la casa, y por los docentes en la escuela, eso genera madurez, respeto, armonía seguridad y equilibrio en la sociedad.
Padre de familia: ¿Es usted la verdadera autoridad en su hogar? ¿Está formando a su hijo para que tome decisiones en el futuro? No se canse de formar, y en el futuro cercano recogerá los frutos de su legado.





































