Siempre creí que era buena comunicadora. Me expresaba con claridad, sabía hablar en público, podía estructurar mis ideas.
Pero descubrí algo: no lo era tanto, porque evitaba las conversaciones incómodas y esto me trajo consecuencias muy dolorosas. En lugar de protegerme, me estaba costando oportunidades de crecer, fortalecer relaciones y lo más importante, fortalecer mi propia seguridad y autoestima.
Lo que pasa cuando las evitamos
Evitar una conversación difícil parece diplomático, pero en realidad:
- Deja crecer malentendidos.
- Alimenta resentimientos.
- Retrasa soluciones.
En resumen, si existe un problema, el tiempo se encarga de hacerlo cada vez más grande, como una bola de nieve. Así que entre más pronto entremos de frente en encontrar soluciones, mucho mejor.
Con los años entendí que las conversaciones incómodas no destruyen relaciones: las fortalecen, si se manejan con un enfoque en soluciones y no en juicios personales y aunque las relaciones no lleguen a mejorar con cierta gente, este tipo de conversación, también nos hace darnos a respetar, dejar claro que podemos sostener un punto de vista sin ceder siempre a las opiniones o acciones de los demás, que tenemos criterio y defendemos nuestras decisiones y valores.
¿Qué dicen los estudios?
🔹 Un estudio publicado en PubMed (2024) encontró que las personas sobreestiman lo negativo al hablar de frente. En realidad, muchas veces la relación mejora porque se limpia el ambiente y se evita la acumulación de tensión.
🔹 Según Right Management (2016), las compañías donde se dan conversaciones de carrera frecuentes (aunque incómodas) tienen empleados más comprometidos, con más claridad sobre su futuro y dispuestos a aportar más ideas.
🔹 Y un estudio de Achievers Workforce Institute (2024) reveló que 2 de cada 3 empleados quieren tener conversaciones difíciles, pero 1 de cada 3 no se siente seguro de hacerlo con su jefe. Es decir: la necesidad está, lo que falta es la preparación para hacerlo bien.
A veces es mejor “caer mal” que parecer débil
El miedo a ser visto como “problemático” nos paraliza. Pero la verdad es esta:
- Evitar un conflicto da alivio momentáneo, pero no cura el problema, el dolor estará ahí intermitentemente hasta que decidamos sacarlo, exponerlo y solventarlo.
- Enfrentarlo con asertividad demuestra fortaleza, liderazgo y madurez. Evadirlo demuestra falta de valentía e inseguridad.
Manejar conversaciones incómodas no es ser confrontativo. Es ser astuto y resolutivo.
Las conversaciones incómodas son un puente hacia la confianza y la claridad. Y aunque duelan en el momento, construyen profesionales más confiables, transparentes y equipos más sólidos. Ahora, yo cada vez que tengo una conversación incómoda no solo me siento aliviada cuando termina, sino también orgullosa de dar prioridad a mi voz y mi punto de vista, de poder defenderlo y darme mi valor como profesional con criterio.
He estado siguiento el podcast de Jefferson Fisher en Spotify y él enseña muchísimos tips de comunicación, sobre todo para enfrentar momentos de tensión que eran los que precisamente yo evitaba. Lo recomiendo muchísimo, así como su cuenta de Instagram.
Un abrazo,
En Modo Actitud, Laura Centeno





































