Con la mirada puesta en el futuro de nuestra Costa Rica, me dirijo a ustedes en un momento crítico en el estamos en una campaña política que promete ser intensa y polarizada. Como costarricense, ante todo, educadora y académica, me preocupa profundamente la dirección en la que se encuentra nuestro país, especialmente en el impacto que esto tiene en nuestros niños y jóvenes. El legado que les dejemos no es solo un asunto político; es una cuestión de ética y responsabilidad cívica.
En primer lugar, debemos reconocer que los partidos tradicionales han cometido numerosos errores a lo largo de las últimas décadas. La sociedad se ha dividido en un "nosotros" frente a "ellos," y, lamentablemente, el tejido social que en algún momento nos unía ha sido rasgado. Recordemos aquellos días, como me comentaba la muy respetada y amiga doctora María Luisa Ávila, en los que muchos de nosotros crecimos en comunidades donde los vecinos, sin importar su condición económica, compartían espacios comunes, creando así una verdadera cohesión social. Hoy, sin embargo, hemos pasado a vivir en “guetos” y condominios aislados, perdiendo la esencia de los barrios que antes promovían la convivencia y el respeto mutuo.
La clase media, hoy más que nunca, se siente comprimida y asediada, mientras que los ricos parecen acumular cada vez más recursos, a menudo sin una conciencia social que los impulse a contribuir al bien común. El impacto de esta polarización se traduce en una desconfianza creciente hacia las instancias políticas, donde muchos ciudadanos se sienten tratados como “básicos,” en palabras de la periodista Pilar Cisneros. Esta percepción de desdén ha llevado al pueblo a sentir que ha perdido su dignidad, y en este contexto, el populista de turno, con su retórica seductora, promete devolverles ese sentido de valía.
Es lamentable observar cómo el partido de gobierno ha intensificado la polarización en nuestra sociedad. La agresividad en la comunicación, los ataques personales y las divisiones que se fomentan en lugar de la cooperación son motivos de gran preocupación. En palabras de la laureada escritora Marjorie Agosín, "la educación es el único camino hacia la paz." Sin embargo, en un entorno donde prevalece el desacuerdo y la confrontación, este camino se ve obstruido.
La prensa, que debería ser un bastión de la libertad y la objetividad, también parece haber perdido su norte. La polarización en los medios de comunicación no solo distorsiona la verdad, sino que contribuye a la desconfianza entre los ciudadanos. Recordemos la cita de José Figueres Ferrer: "La paz no es solo la ausencia de guerra, sino la presencia de justicia." Para alcanzar una sociedad justa, es esencial que los medios promuevan el diálogo y la reflexión, no el enfrentamiento. Esta situación trae consigo graves consecuencias. Nuestra juventud observa y aprende de nuestro comportamiento. “Los niños pasan más tiempo viendo la televisión y revisando redes sociales que en el aula,” dice el filósofo contemporáneo Jean-François Lyotard, y esto se traduce en una educación que no solo debe ser académica, sino también ética. ¿Qué valores queremos inculcar si lo que ven y oyen es constante conflicto y división?
Es imprescindible que, como sociedad, retomemos la cordura y la decencia en nuestro discurso. Aboguemos por un debate respetuoso y constructivo. Recordemos que todos somos parte de la misma comunidad. En lugar de ver al otro como un adversario, consideremos que tenemos mucho que aprender unos de otros. En el espíritu de la frase de Óscar Arias Sánchez, "La educación es el más poderoso de los instrumentos de la paz," comprometámonos a construir puentes.
Así que, costarricenses, los invito a ser parte de esta llamada a la cordura. En lugar de dejarnos llevar por la ira y la división, elijamos la conversación y la comprensión. Husmeemos en nuestras raíces y recordemos lo que significa ser costarricenses educados: cultivemos el respeto, la empatía y el diálogo.
El futuro de nuestra Costa Rica depende de las decisiones que tomemos hoy. Así que, juntos, seamos un ejemplo de unidad y colaboración, por una Costa Rica que eduque en valores, por un país donde prevalezca sobre el conflicto, el trabajo y la paz, como lo dice nuestro hermoso himno nacional.
¡Hagamos de la educación y la cordura nuestro compromiso firme!





































