Nacidos en cautiverio, los canarios pasan su vida en pequeñas jaulas en las que, cuando aún son jóvenes, vuelan trechos cortos entre recipientes de comida y agua o se balancean en los estrechos travesaños y minúsculos columpios que sus dueños colocan a discreción.
Pese a las condiciones en que habitan, siempre entre finos barrotes, se mantienen alerta, se bañan con gozo iluminados por los rayos de sol que penetran a través de las ventanas y, para deleite de sus criadores, irrumpen la monotonía de las estancias con distintos tipos de trinos, que no son más que la forma de expresar —a su manera— contentura y libertad interior.
Seres frágiles, de radiantes tonos amarillos, anaranjados e incluso rojizos, a través de sus ojitos redondos y oscuros son capaces de mirar con detenimiento y gratitud a quien los cuida y alimenta. Y aún más: cuando cantan, la soledad que los rodea —y la que a veces también entristece a quien los posee— desaparece por completo.
Desde muy niña aprendí a observar cuidadosamente el entorno y los seres que lo habitan. Esa costumbre me ha servido mucho no solo en mi vida personal, sino también a lo largo de mi carrera profesional. La observación silenciosa es una costumbre que, en el mejor de los casos, nos permite aquilatar belleza, bondad, honestidad y otras muchas cualidades; y, aun en el peor de los escenarios, también nos ayuda a percibir lo incorrecto, oscuro o dañino.
Pero además, es fuente de grandes enseñanzas.
Ringo, mi canario, es una herencia que recibí de mi padre varios años antes de que falleciera. Yo misma, ante su expresa petición, se lo había regalado —más de una década atrás— y, mientras aún su nivel de audición era aceptable, se sentaba junto a él a escuchar música clásica, zarzuelas, tangos y boleros cubanos. Y ello prolongó su existencia.
Lamentablemente, en los últimos cuatro años antes de su muerte —acaecida poco después de cumplir los 99, a fines de noviembre del 2024— papá no escuchaba prácticamente nada. Y se negaba a utilizar los distintos tipos de audífonos que habíamos adquirido. Así es que me pidió que me quedara con Ringo, y las jornadas musicales se transformaron en reuniones donde él contaba episodios de su infancia y juventud y yo era la que escuchaba; o en citas vespertinas con películas de televisión, españolas y francesas, que tuviesen cintillos con los diálogos escritos.
Desde entonces, cuido con esmero al canario, no solo porque me recuerda a mi progenitor, que cantaba precioso, sino porque me va mostrando el camino que todos, en algún momento, vamos a recorrer, cuando nuestras facultades comiencen a declinar y los reajustes sean urgentes.
Precisamente en estos días, gracias a que cada mañana, inmediatamente después de limpiar su casa y colocar agua, fruta y semillas frescas, me siento un rato a acompañarlo mientras —emocionado— aletea y mueve su cabeza de un lado a otro, he ido notando la rigidez en una de sus patas y el enorme esfuerzo que realiza para volar unos centímetros hacia los recipientes de comida.
Por ello, decidí buscarle una jaula más baja, sin tantos adornos, y colocarle a ras de suelo los alimentos y el agua. Y callada, me senté muy cerca. Su gratitud se manifestó inmediatamente. Hacía días no lo veía bañarse con tanto entusiasmo; luego, con voraz apetito, transitó con breves saltos de una a otra fruta y, finalmente, escogió uno de sus más sonoros trinos y se colocó justamente frente a mí para honrarme con su hermoso cántico.
El amor que damos regresa a nosotros de distintas formas y con un poder inconmensurable. Sobre todo si, al observar la necesidad o limitaciones de alguno de los seres que nos rodean —especialmente durante su vejez—, procuramos darles solución.
Yo ya no tengo abuelos ni padres, solamente a mi canario. Pero seguramente muchos de los que leerán estas líneas sí cuentan con familiares ancianos. Acompáñenlos al menos un rato, obsérvenlos con cariño y, sin pedir nada a cambio, contribuyan a facilitarles la vida.
Adriana Núñez Artiles (*)
artilesadri@gmail.com
(*) Periodista, expresidenta del Colegio de Periodistas de Costa Rica





































