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Martes 5 Noviembre, 2013

Encontramos una región fragmentada por fricciones ideológicas y visiones de integración contrapuestas


La Cumbre de las ausencias

Dice el saliente Secretario General Iberoamericano, Enrique Iglesias, que es “injusto” calificar como un fracaso la XXIII Cumbre Iberoamericana celebrada en Panamá, por el número de jefes de estado que asistieron a la cita. Ello es discutible en reuniones de alto nivel que prosperan según el interés que los más altos jerarcas deciden imprimirles. Lo cierto es que la no aparición de varios dignatarios dijo más sobre la situación de la región, que lo firmado y tratado en ella.
La falta de los presidentes del grupo de la izquierda latinoamericana fue de las más notorias, exponiendo cada vez más el clivaje existente en la región y los dos grandes bloques con visiones distintas de integración en pugna. La naciente Alianza del Pacífico se hizo presente con las máximas autoridades de México y Colombia, junto con las de los países que han manifestado interés de sumarse —Costa Rica y el anfitrión, Panamá—. Los mandatarios del ALBA brillaron por su no asistencia.
Por un lado, la alianza compuesta por México, Perú, Colombia y Chile, apuesta por la liberalización comercial como herramienta de acercamiento entre nuestros países. Por el otro, la Alianza Bolivariana considera a ese nuevo bloque una amenaza, apuesta por las alianzas políticas regionales —circundantes a un eje ideológico común— y es más afín a iniciativas de integración como la UNASUR.
Los resentimientos por hechos como el incidente del avión presidencial de Bolivia que encendiera discursos anticolonialistas en contra de España y Portugal o la detención de un buque norcoreano con armamento cubano en Panamá, pudieron también haber influido en la decisión del ALBA.
La presidenta del gigante sudamericano, Dilma Rouseff, fue otra de las ausentes. Brasil sigue demostrando que no toda la agenda latinoamericana está dentro de sus prioridades, menos aún aquella que va más allá del Tapón del Darién colombiano.
Es la segunda vez que Dilma desiste de volar a Centroamérica. La primera fue cuando rechazó la invitación que le hiciera Costa Rica, mientras esta presidía el SICA. Asimismo, el direccionamiento de su cooperación internacional, utilizada como un indicador para medir el interés de la política exterior de un país sobre otro, evidencia su falta de compromiso.
Según datos de 2007 (la Cooperación Sur-Sur en Latinoamérica), las acciones de cooperación brasileñas se concentraron fuera de Latinoamérica y representaron apenas un 5% del total intrarregional, muy por debajo de las ofrecidas por otras potencias del área como México o Venezuela. Brasil está lejos de aglutinar y liderar Latinoamérica.
Otra atípica ausencia fue la del Rey Juan Carlos por motivos de salud, ausencia que vino acompañada del anuncio de una disminución del aporte del país ibérico al mecanismo. Dicha rebaja es coherente con la grave crisis española y la buena salud de las economías latinoamericanas, que ha acortado las distancias entre ambos lados del Atlántico.
Fracaso o no, la última Cumbre Iberoamericana se destacó más por sus ausencias, que por lo tratado en ella.
Encontramos una región fragmentada por fricciones ideológicas y visiones de integración contrapuestas, con múltiples liderazgos, y un sistema iberoamericano que resiente sus efectos.
Uno de los retos del nuevo secretario —que se perfila será la costarricense Rebeca Grynspan— es el de evitar que estas tensiones le den una estocada.

Salvador Padilla Villanueva

Politólogo