“La única manera de medir una encuesta electoral es cara a cara”: Carlos Denton, CID Gallup
La consultora destacó en las elecciones pasadas al proyectar un 51% de intención de voto a favor de Laura Fernández
En Costa Rica, la precisión en las encuestas electorales suele ser el campo de batalla donde se mide la reputación de las consultoras.
Tras las recientes elecciones, CID Gallup destacó por proyectar un 51% de intención de voto para Laura Fernández un mes antes de las votaciones, una cifra que apenas varió frente al 48,3% del resultado oficial.
El caso abre la puerta a una conversación más amplia sobre cómo se construye una encuesta electoral, qué significa realmente “acertar” en este campo y cuál es el papel de la transparencia y la confianza pública en la investigación de opinión.
En entrevista con La República, Carlos Denton, fundador de la empresa con más de 45 años de experiencia en investigación de mercados y realización de encuestas de opinión pública, habló sobre los elementos técnicos detrás de esa medición y el impacto de las encuestas en la dinámica democrática.
CID Gallup proyectó un 51% para Laura Fernández y el resultado final fue de 48,3%. ¿Qué elementos metodológicos fueron clave para lograr esta precisión?
La única manera de conseguir información real en un proceso electoral es face to face (cara a cara). No sirven otros métodos. Tiene que ser en la casa; uno va y ahí está la persona: una madre con su bebé, un mecánico en su taller... tenemos que ver a la gente a los ojos. La gente no miente cuando se le entrevista presencialmente.
Durante la pandemia usamos encuestas telefónicas para otros temas, pero en lo electoral, decidimos empezar temprano porque hay muchos charlatanes que no entienden el proceso. Somos la institución con más trayectoria en Centroamérica y República Dominicana porque seguimos la metodología del Dr. Gallup: si no haces encuestas presenciales y publicas resultados, no puedes usar su nombre.
Por teléfono llegas a gente con recursos, pero no llegas al fondo de la pirámide poblacional. En Costa Rica, el sector que está en la base de la pirámide es el que más apoya figuras como Rodrigo Chaves.
El costarricense más educado suele ser más fino y le molesta el estilo confrontativo de Chaves, pero abajo, la percepción es distinta. Si no vas al terreno, pierdes esa visión.
¿Cómo se definió el diseño de la muestra para asegurar representatividad en ese momento político?
Con una encuesta en tierra es muy fácil gracias a los mapas censales. Costa Rica está dividida en sectores de 60 a 80 hogares. Nosotros escogemos 120 de esos lugares de forma totalmente aleatoria y vamos ahí.
¿Qué implica realmente que una encuesta coincida o se acerque al resultado final?
Debería ser lo normal. El votante tico no es tan volátil. El problema es que otras empresas, al ver nuestros datos, intentan ajustarse hablando de "indecisos" (hasta un 55%) porque saben que su metodología no es la correcta. Si yo proyecté 51 y ella llegó a 48, estamos dentro del margen de error. Cuando son empresas usando la misma metodología, lo correcto sale mucho mejor.
¿Hasta qué punto una encuesta puede influir en las decisiones del electorado o en el ambiente político?
Donde más influye es en la recaudación de fondos. He tenido políticos ofreciéndome dinero, y no solo en Costa Rica, diciendo: "Si me ayudas con los números, te invito a almorzar con tus amigos". El político que sale mal en la foto habla pestes de la encuesta, pero en cuanto sale bien, dice que somos los únicos que servimos. Siempre está esa sombra de la sospecha sobre las coimas.
¿Cómo se construye y sostiene la credibilidad en una industria donde los resultados suelen estar bajo escrutinio?
Primero, no se debe vivir de la política. El año pasado, la facturación de CID Gallup fue solo un 5% de temas políticos; el otro 95% son estudios sobre salud, migración o violencia de género. Ahí es donde está el negocio real. Pero cuando surge una elección, tenemos que hacer eso.
¿Cuál es la responsabilidad que tienen las encuestadoras al comunicar sus hallazgos?
La ética. Nosotros somos signatarios de ESOMAR (The European Society for Market and Public Opinion Research). Seguimos códigos estrictos sobre el anonimato del entrevistado y controles de calidad. Muchas otras empresas, e incluso universidades locales, se niegan a firmar estos códigos alegando "autonomía". Para nosotros, la transparencia es lo que nos permite seguir vigentes después de tantos años.