Éramos muy jóvenes aún, cuando teníamos la responsabilidad de supervisar empresas tanto privadas como públicas en materia de salud ocupacional y servicios de salud; cuando al acercarse la época de navidad, una empresa altamente dadivosa nos refirió unas bolsas con productos alimenticios que se producían en sus plantas.
Para esa época sumábamos seis supervisores y un jefe; razón por la cual llegaron siete bolsas, las cuáles repartimos inmediatamente y corrimos a la oficina de nuestro jefe a entregarle la que le correspondía. Todos sonrientes, y al unísono y casi gritando, dijimos : Don Jorge nos enviaron un regalito de productos, y aquí está el suyo.
Como era costumbre en él, sonriendo nos indicó que viniéramos todos a su oficina, lo cual nos hacía suponer que compartiríamos parte del bondadoso regalo de la empresa.
Una vez presentes en su oficina, nos indicó que lleváramos todas las bolsas a un vehículo y que fuéramos directamente a la empresa a devolver el regalo, ya que eso no era correcto recibirlo, dado que nuestra obligación era realizar un buen trabajo para las empresas.
Todos cabizbajos, y despotricando contra nuestro jefe, procedimos a atender su orden; estando totalmente convencidos de que era un egoísta, canalla y frustrado.
Pasaron varios días, semanas y hasta meses, que nos motivaron a estar sumamente decepcionados de nuestro jefe, ya que no había nada de malo de que una empresa nos entregara un presente de sus productos.
Pasaron muchos años y nunca comprendimos su actuación; hasta que algunos a través de nuestra formación y estudios, comprendimos el gran regalo que recibimos de nuestro jefe, ya que el paso de una dádiva a la corrupción, es muy cercano.
Lamentablemente, nuestra sociedad se acostumbró a recibir dádivas, sin el más sentido remordimiento de que no hay nada de malo al recibirla; sin embargo en un considerable porcentaje, el recibirla es hipotecar la integridad, ya que es una semilla que nos genera facturas, que tendremos que cancelar en cualquier momento y de cualquier forma.
Muchas empresas de forma visionaria, hace décadas prohibieron a sus funcionarios el recibir dádivas; sin embargo, se fueron desarrollando formas de recibirlas, sin que la misma empresa se enterara de que se estaban recibiendo, y es así como lejos de eliminarlas, se fueron engordando de forma clandestina y mediante métodos innovadores.
Se pasó de simples regalos a premios no solamente en especie; sino también en efectivo y ya no era una inocente acción de agradecer una ayuda y/o labor; razón por la cual, pasó de dádiva a una contraprestación de un lobby de negocios.
Dejaron de ser simples “cariñitos” y se convirtieron en la moneda de los negocios dudosos y llenos de malas prácticas, por parte de las empresas interesadas en obtener un negocio o bien que le atendieran su interés particular.
La semilla siguió creciendo y se fueron creando “reglas” económicas para el otorgamiento de un negocio; es decir, ya no solamente era el que quería el negocio; sino, también el representante del negocio, de forma tal que comenzó a crecer el slogan: Te tengo un negocio, pero hay que dar cariñito.
Hay que comprender que uno como empresario, cuando le dicen que nos tienen un buen negocio, pero debemos compartir utilidades, por lo general no lo vemos como algo incorrecto; sin embargo, es claro que detrás de todo eso lo único que hay es corrupción.
Lamentablemente el muchacho creció y lejos de desaparecer, se instauró un nuevo paradigma de que para hacer negocios, hay que convidar a todos, y esto ha llevado a que muchos administradores de contratos, definan sus reglas para entregar un negocio.
Ya las empresas no tienen quien las defienda, ya que algunos de sus colaboradores están dispuestos a entregar un servicio a cambio de una mordida y lejos de preocuparse por el beneficio directo para la empresa, están deseosos de “dinero” y poder; razón por la cual caen en la maraña de la deshonestidad.
Y el problema va más allá de la institución pública, ya que ha ingresado peligrosamente en la empresa privada y sea directo, indirecto o por debajo, se viene fomentando las “mordidas”, lo cual es un nuevo puente a fortalecer la corrupción.
Es penoso, pero todos quieren “cariñitos” para entregar u demandar un negocio y eso viene carcomiendo a esta sociedad, la cual ya perdió la capacidad de la transparencia, la ética e integridad.
La dádiva está altamente correlacionada al delito de cohecho, que consiste en entregar un soborno a una persona para corromperla. Su otorgamiento supone que un funcionario o una autoridad realice o deje de realizar alguna acción que conlleva una actuación ilegal.
Lo más grave de todo, es que esto no se ha desarrollado en los niveles altos; sino en todos los estratos de nuestra sociedad y se ha vuelto común y viral el extender la mano a cambio de un negocio.
El efecto dádiva es como la bola de nieve, crece y crece a cualquier precio y eso es lo que lamentablemente está sucediendo en nuestra sociedad latinoamericana. Los que se prestan para eso, son tan ingenuos de que los van a hacer presidentes de una república, o bien vivir como un verdadero rey; sin embargo todos sabemos que eso saldrá a la luz pública tarde o temprano.
La pregunta es , cómo eliminar eso?
No hay respuesta fácil y menos una solución; sin embargo, es importante ir a las bases y educar a nuestros jóvenes de forma tal que estén claros que los que le meten las manos a la plata, se les cortan.
Debemos denunciar todo, y sabemos que muchas cosas ilegales se hacen por debajo, razón por la cual, nuestra sociedad debe fortalecerse a través de nuestros grandes héroes, que lucharon, sin interés alguno.
En el momento en que primero nuestro país, segundo nuestro país y tercero nuestro país. La plata fácil es sabrosa, pero tiene un precio muy alto, ya sea hoy o mañana.
Se ha puesto a pensar, cómo estará la situación por debajo; les aseguro que más de uno debe de estar asustado, ya que se prestaron para muchas anomalías y durante mucho tiempo se han rasgado las vestiduras de que luchan por la patria.
Hagamos algo, nuestra sociedad no merece que seamos tercermundistas, demostremos de qué estamos hechos y forjemos una sociedad digna para nuestros jóvenes.
José Alberto Carpio Solano
Empresario





































