“Un despido no es el fin del camino. Puede ser el punto hacia algo mejor.”
"Cuando una puerta se cierre, muchas otras se abren"
Ya sé lo que estás pensando: todos dicen lo mismo y cuando esas personas no está pasando por la crisis existencial que se vive cuando uno se encuentra en esos momentos, causa más bien enojo. Pero por favor, esta vez, te pido que sigás leyendo, porque esta afirmación tiene respaldo científico, así que ya no lo veas como frases clichés que la gente te da para tratar de hacerte sentir mejor, sino que mirá esto...
Lo que dice la evidencia
Un estudio publicado en Frontiers in Psychology con 525 personas que perdieron su empleo de forma involuntaria, identificó cuatro tipos de reacciones emocionales:
- Duelo (grief): tristeza profunda y sensación de pérdida.
- Fluctuante (mixed): altibajos emocionales, entre esperanza y frustración.
- Depresión: desánimo sostenido en el tiempo.
- Resiliencia: estabilidad emocional y capacidad de adaptarse a pesar de todo.
Lo interesante es que casi la mitad (≈45%) de los participantes fueron resilientes. Ellos lograron mantenerse relativamente estables para así recuperarse más rápido y en muchos casos reinventarse profesionalmente.
Un artículo de Harvard Business Review titulado “How People Redirect Their Careers After Getting Laid Off” analiza cómo profesionales desplazados logran reinventarse mediante estrategias activas de búsqueda de empleo, aprendizaje y reorientación de carrera.
Un artículo de Forbes, “The Resilience Factor: How To Overcome Challenges In Uncertain Times”, afirma que la resiliencia —y por tanto la creencia de que se tienen medios de acción— se relaciona con mayor satisfacción laboral, adaptación y desempeño tras adversidades.
Otro estudio (Scientific Reports, 2022) descubrió que las personas que creen que pueden influir en su situación, incluso después de un despido, desarrollan estrategias más efectivas para salir adelante — buscan apoyo, se actualizan y diseñan nuevos planes de carrera. En otras palabras, la sensación de control y el poder de acción es la clave para salir adelante.
En un trabajo de investigación llamado “Labor market turnover and inequality in Latin America” (Menezes-Filho & Narita, 2023) se analiza cómo los cambios de empleo (“job-to-job transitions”) en varios países de América Latina, además de la movilidad formal-informal, se relacionan con el crecimiento salarial para quienes buscan activamente: “job-to-job changes involve greater annual wage growth than remaining in jobs.”
En otro informe de la International Labour Organization (ILO) sobre la situación de empleo en América Latina se muestra que las transiciones laborales —y no solo permanecer pasivo— marcan la diferencia para salir del desempleo o informalidad.
Mi caso
Cuando a mí me despidieron, viví todas las 4 fases mencionadas anteriormente, pero pasé por otras más: primero negación, después enojo con las personas involucradas, luego tristeza ante mi situación, pasé por culpa al no haber identificado las señales a tiempo, vergüenza de tener que admitir a mi familia lo que me había ocurrido, miedo a ser rechazada, a cómo esta situación circunstancial y no por errores propios, podía afectar mi reputación… hasta que llegó la aceptación y a partir de ahí (con altibajos) empecé a buscar opciones (sí, la luz de la esperanza al final de un tunel oscuro). Y en ese momento entendí algo: Había perdido muchas cosas —salario, estatus, rutina— pero también perdí lo que me tenía más paralizada, el miedo.
Cuando ya no tenés nada que perder, solo queda levantarse. Ese fue el punto de partida de mi transición. Empecé a ver oportunidades donde antes veía dudas y empezo a dejar de importarme mucho si era una decisión correcta o no porque era mejor hacer algo que quedarme paralizada. Y eso me llevó a crear lo que hoy hago: acompañar a otras personas en sus propios relanzamientos profesionales.
Lo que podés hacer hoy
- Reconocé lo que sentís. El despido es una pérdida. Permitite procesar todos los sentimientos normalmente se experimentan, los negativos en su máxima expresión para luego empezar a visualizar un camino más claro, de esperanza, de acción, de decisión y retomar tu vida en tus nuevos términos y con todos tus nuevos aprendizajes.
- Buscá apoyo. No tenés que hacerlo solo. Hablarlo abre puertas (a veces, literalmente). A mí me sucedió que al inicio en mi fase de negación y vergüenza, no tenía el valor para contarle a otras personas lo que estaba viviendo, pero cuando decidí dar la cara y hablarlo, resultó que existen buenas amistades que estuvieron dispuestas a recomendarme y a darme contactos de otras personas. Así fue como empecé a trabajar un par de procesos de reclutamiento como freelancer (según yo, mientras encontraba trabajo).
- Actualizá tus habilidades. Aprovechá el tiempo para aprender o certificarte. Cuando uno tiene más tiempo disponible, es indispensable empezar a revisar las habilidades que se necesitan actualizar y empezar a leer al respecto, llevar algún curso, webinars y todo lo que veas que te puede sumar puntos.
- Redefiní tu propuesta de valor. ¿Qué te hace único? ¿Qué querés aportar ahora? Cuando uno experimenta un despido, cambia muchísimo la forma de pensar. En mi caso me di cuenta de que, siendo empleada, estaba vendiendo mi tiempo de conocimiento y gestión a cambio de dinero, pero que esa transacción no era justa si lo observaba en el monto recibido por hora. Por eso los empresarios son millonarios y los empleados no, y por eso empecé a valorar con más empeño la forma en que yo pudiera alcanzar independencia económica sin dar un precio barato a mi tiempo como cuando trabajaba para otros. Desde luego que existe el riesgo, pero trabajando para otros, tampoco me garantizan la falsa estabilidad que tratan de venderte hasta la jubilación.
- Trazá tu nuevo plan. Este puede ser el momento para tomar el rumbo que siempre quisiste, pero no te animabas. En mi caso, yo hacía mucho tiempo, empecé a analizar diferentes opciones de emprendimientos que nunca me atreví a llevar a cabo por miedo, inseguridad y enfocarme al 100% a dar muchas millas extras en un trabajo que no agradeció nada. En tu caso podría ser cambiar de rumbo a otras industrias o posiciones que te llaman la atención, pero no te habías dado el permiso de explorar. Emprender, conseguir socios y arrancar un nuevo negocio. Aprovechar tu experiencia para ser mentor, consultor, docente, en fin, caminos hay muchísimos, tanto dentro como fuera del mundo corporativo, lo único que tenés que hacer es mantenerte alerta, confiar en tu intuición y tener esperanza.
En resumen
Un despido duele, sí. Pero también puede ser el momento en que dejás de trabajar por miedo y empezás a actuar con propósito. A mí me gusta mucho el concepto japonés del Ikigay donde debemos buscar enfocarnos en trabajar en algo que sea lo que nos apasiona, lo que nos genera ingresos, lo que sirva para ayudar al mundo y en lo que tenemos conocimiento. No todo se logra de una sola vez, podemos ir por partes, a veces no siempre logramos alcanzar las 4 dimensiones, pero sea como sea, se puede salir adelante y encontrar un propósito que te proporcione para empezar paz y bienestar, lo demás ahí llegará y sino llega, podés reinventarte las veces que sean necesarias hasta sentirte con plenitud personal y profesional.
Cuando la estabilidad desaparece, nace la libertad de decidir, de reenfocarte, de lanzarte al vacío sin tanto miedo. Y cuando perdés ese temor paralizante, empezás a construir una nueva versión de vos mismo que después de un despido, será una versión ultra mejorada.
Si querés salir de la zona de confort o estás buscando oportunidades activamente, yo podría ayudarte, no solo mostrándote lo que la investigación dice al respecto, sino creando el plan para que tu próxima versión profesional sea mucho mejor que antes.
Un abrazo, Laura Centeno | Career Coach | Job Hunter | HR Advisor
(506) 8814-4017





































