Cada revolución tecnológica ha transformado la forma en que vivimos y trabajamos. La diferencia es que esta vez el cambio avanza a una velocidad sin precedentes. La inteligencia artificial ya está modificando la manera en que las empresas toman decisiones, automatizan procesos, desarrollan productos y buscan talento. Mientras tanto, las universidades enfrentan una pregunta inevitable: ¿están formando a los profesionales que esta nueva realidad demanda?
Costa Rica ha construido durante décadas una sólida reputación como un país que apuesta por la educación, el conocimiento y la atracción de inversión basada en talento humano. Esa visión ha sido una de sus principales fortalezas. Sin embargo, la irrupción de la inteligencia artificial plantea un desafío distinto: preparar profesionales para empleos que aún están evolucionando, utilizando tecnologías que continúan transformándose y respondiendo a necesidades del mercado que cambian más rápido que los planes de estudio.
No se trata únicamente de enseñar a utilizar herramientas de inteligencia artificial. El verdadero reto consiste en formar personas capaces de aprender de manera permanente, resolver problemas complejos, trabajar con tecnologías emergentes y ejercer un pensamiento crítico que les permita tomar decisiones responsables en un entorno cada vez más automatizado.
Las universidades tienen una enorme oportunidad de liderar este proceso. Son espacios donde convergen el conocimiento, la investigación y la innovación. Pero para mantener ese liderazgo deberán fortalecer el diálogo con el sector productivo, revisar con mayor frecuencia sus programas académicos e incorporar nuevas metodologías de enseñanza que preparen a los estudiantes para contextos cambiantes.
Las empresas también tienen un papel fundamental. La transformación del mercado laboral exige una colaboración más estrecha con las instituciones de educación superior para identificar las competencias que realmente están requiriendo las organizaciones. Cuando academia y sector productivo trabajan de manera articulada, la formación del talento responde mejor a las necesidades del desarrollo económico.
El Estado, por su parte, tiene la responsabilidad de impulsar políticas públicas que favorezcan la innovación, promuevan la investigación y faciliten la actualización permanente de los sistemas educativos. La competitividad de un país depende, en buena medida, de la capacidad que tenga para anticiparse a los cambios tecnológicos y convertirlos en oportunidades para su población.
La inteligencia artificial no reemplaza la importancia del talento humano; por el contrario, aumenta el valor de aquellas habilidades que ninguna máquina puede desarrollar plenamente: la creatividad, la ética, el liderazgo, la empatía, la capacidad de colaborar y el juicio para tomar decisiones complejas. Es precisamente ahí donde la educación superior tiene una misión irremplazable.
Costa Rica cuenta con universidades de gran prestigio, un ecosistema de innovación en crecimiento, una regulación en telecomunicaciones estructurada y un sector empresarial dinámico. Estos activos representan una base sólida para afrontar esta nueva etapa. El desafío consiste en avanzar con una visión compartida que permita fortalecer la formación profesional, impulsar la investigación aplicada y acelerar la innovación educativa.
La discusión sobre inteligencia artificial no debe centrarse únicamente en la tecnología. Debe enfocarse, sobre todo, en las personas. En cómo formar ciudadanos capaces de liderar los cambios que vienen, generar conocimiento, crear empleo y aportar soluciones a los desafíos de una economía cada vez más digital.
Las grandes transformaciones comienzan con una conversación. Por ello, el próximo 20 de agosto, representantes del Gobierno, universidades, empresas y especialistas nacionales e internacionales se reunirán en FiEd Costa Rica 2026 para prototipar cómo sería la educación superior frente al cambio inteligente.
Porque el mundo seguirá evolucionando, no sólo la inteligencia artificial. La verdadera decisión que debemos tomar es cómo enfrentamos la incertidumbre y creamos la capacidad de experimentar de forma consensuada, los resultados que queremos tener ante esos cambios.
Por Adriana Angarita
Presidente Innkind FiEd Costa Rica





































