Caminamos por nuestras calles y ocasionalmente nos encontramos con una escena que se ha vuelto bastante popular: basura fuera de su lugar. Bolsas rotas, botellas al aire libre por doquier y un sinfín de desperdicios que amenazan nuestro entorno y, peor aún más, nos ponen en peligro. Nos hemos estado preguntando qué pasa con esta basura que creamos todos los días en nuestros hogares, lugares de trabajo y comunidades.
Contrario a la creencia popular, la respuesta es más frecuente. No se trata solo de "se vea feo." La mala gestión de la basura es un monstruo silencioso que alimenta enfermedades, contamina nuestra agua potable y contamina la tierra que nos da de comer. Es un problema que nos afecta a todos, independientemente de si vivimos en la ciudad o en un pequeño pueblo.
Pensemos en el dengue, zika o chikungunya. Estos males, que nos han golpeado, se encuentran en la basura acumulada el criadero perfecto para los mosquitos que son el vector de estas enfermedades que se transmiten por las picaduras de ellos. Una llanta vieja, una botella de plástico o cualquier otro recipiente que recoja agua se transforma en un criadero para estos insectos. Así, manejar bien nuestra basura, entonces, es un acto de amor propio y preocupación por nuestras familias y vecinos. Es una medida de salud pública tan vital como lavarse las manos.
Menos basura, mayor salud y más dinero en el bolsillo.
Ahora estamos hablando de algo que a todos les interesa: el bolsillo. ¿Sabías que una gran parte de la basura que botamos es en realidad material valioso? El plástico, el vidrio, el aluminio, el papel y el cartón pueden ser reciclados. Esto implica que es posible transformarlos en cosas nuevas sin tener que extraer más materiales naturales, lo cual es un proceso que contamina y consume mucha energía como agua.
Cuando separamos nuestros residuos domésticos en nuestros hogares y empresas o negocios—por un lado, lo que se puede reciclar, y por otro, lo que no se puede—estamos dando el primer paso hacia un camino que conduce al empleo y la riqueza. Las personas, muchas de las cuales son amas de casa, dedican sus vidas a recoger, clasificar y vender estos materiales. Cuando separamos, no solo facilitamos su trabajo, sino que también garantizamos que el material llegue limpio y en buen estado a las empresas que lo requieren.
Es ganar-ganar. Todos ayudamos a crear un entorno más saludable; estas personas reciben un ingreso digno, y las empresas ahorran costos. Es una economía circular donde los recursos se utilizan al máximo de su potencial y no terminan en un vertedero, contaminando durante décadas.
Municipios: el catalizador para el cambio hacia un futuro sostenible
Aquí es donde nuestros municipios juegan un papel clave. Es gracias a ellos que este sistema funciona como un reloj. Pero su trabajo va más allá de simplemente recoger la basura y llevarla a un botadero. Bajo el liderazgo de una brújula global conocida como los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), los gobiernos locales tienen la oportunidad de ser verdaderos líderes del cambio.
Estos objetivos son un conjunto de metas que las naciones de todo el mundo, incluida la nuestra, acordaron alcanzar para 2030. Algunos de ellos deben estar directamente relacionados con cómo manejamos nuestros residuos. Abogan por ciudades más limpias y sostenibles, la preservación de la vida marina y los ecosistemas terrestres, y el consumo y la producción responsables.
Cuando un municipio implementa un sistema moderno de gestión de residuos que incluye la recolección separada de residuos, centros de reciclaje, compostaje de residuos orgánicos y programas educativos para el público en general, está avanzando.
Un ganar-ganar para el municipio y sus residentes.
¿Qué es una inversión? Primero que nada, porque permite alargar la vida útil de los rellenos sanitarios significa un ahorro enorme a largo plazo. Es difícil construir y operar estos sitios, y encontrar terrenos adecuados es cada vez más complicado. Cada botella que se recicla y cada cáscara de plátano que se convierte en abono, es basura que no va a un relleno sanitario.
En segundo lugar, porque se crean nuevas oportunidades económicas. Es posible crear cooperativas de reciclaje, como pequeños negocios de compostaje y los proyectos de transformación de residuos prosperen, creando empleos locales y impulsando la economía del cantón.
Tercero, porque mejora la calidad de vida de todos. Un cantón limpio es uno que es más estéticamente agradable, seguro y saludable con ello aumenta el turismo, eleva el valor de las propiedades y—sobre todo—nos hace sentir orgullosos del lugar donde vivimos.
Este es el verdadero ganar-ganar. El ciudadano vive en un entorno más saludable y puede incluso ver oportunidades económicas en los residuos de basura clasificada. Gana así la municipalidad, que puede cumplir con sus objetivos ambientales, ahorra dinero y se posiciona como un gobierno local moderno y responsable. Y, presumiblemente, gana nuestro planeta, nuestro único hogar, que nos pide a gritos (cambio climatológico) que lo cuidemos mejor.
La tarea es de todos. Empieza en nuestro hogar con el sencillo acto de mantener dos bolsas en la cocina: una para los artículos limpios y reciclables y otra para la demás basura. Continúa sacando la basura tan a menudo como sea posible y de la manera adecuada. Y se logra por medio de la consolidación cuando pedimos y apoyamos a nuestros municipios para que hagan su parte y nos proporcionen las herramientas e infraestructura que necesitamos para gestionar nuestros residuos como se debe de hacer.
La basura no entiende por qué es el final del camino; podría ser el comienzo de una comunidad más limpia, saludable y próspera para todos. Literalmente, el cambio está en nuestras manos.
Después podemos conversar como la basura podría convertirse en generación de energía limpia y con ello no quemar bunker, para no contaminar aún más nuestro planeta.





































