La incontinencia urinaria es una condición frecuente que afecta la calidad de vida, la seguridad personal y el bienestar emocional de muchas mujeres. Sus efectos van más allá del síntoma físico: limita la actividad física, altera la vida social y genera inseguridad en espacios personales y laborales. Sin embargo, en Costa Rica ya existe una alternativa láser no invasiva para su tratamiento.
Hoy existe en el país una tecnología que abre una nueva posibilidad terapéutica mediante la estimulación de colágeno y el fortalecimiento del soporte vaginal: el láser G-Runner de Fotona, disponible en la Clínica del Dr. Christian Rivera, único en la región.
“Tradicionalmente, el abordaje de la incontinencia urinaria se ha asociado a los ejercicios de Kegel o a la cirugía. Hoy, la tecnología láser nos permite ofrecer una alternativa no invasiva, efectiva y sin incapacidad para las pacientes”, explica el Dr. Christian Rivera, cirujano plástico y reconstructivo.
“La incontinencia urinaria cambia conductas. Para muchas mujeres, dejar de hacer ejercicio no es una decisión, sino una adaptación. Se deja de correr, se evita saltar, se reduce la intensidad y se abandona el gimnasio. No por falta de disciplina, sino por miedo a una fuga de orina, y eso las lleva a un círculo más complejo”, añade Rivera.
En este caso, el sedentarismo no es la causa inicial, sino la consecuencia. Muchas pacientes abandonan la actividad física porque no se sienten seguras, y eso termina impactando su peso, metabolismo, estado de ánimo y salud general, señala el especialista.
La tos, los estornudos o sonreír a carcajadas generan temor e inseguridad en quienes padecen esta condición ante la posibilidad de una fuga de orina involuntaria, que provoque el mal olor ya sea espacios sociales o profesionales.
“Hay pacientes que dejan de participar en reuniones, de viajar e incluso de ocupar espacios donde antes se sentían cómodas. El impacto no es solo físico; es profundamente psicológico. Cuando cambian las conductas, empieza a afectarse la salud de forma integral”, explica el Dr. Rivera.
Lo que a primera vista parece un síntoma localizado tiene efectos en cadena. Según datos internacionales, la incontinencia urinaria afecta entre un 25% y un 45% de las mujeres.
A diferencia de lo que se pensaba hace algunos años, este problema no es exclusivo de mujeres en etapas avanzadas de la vida. Cada vez más mujeres jóvenes consultan por síntomas de incontinencia urinaria, especialmente aquellas que han tenido partos, practican ejercicio de alto impacto o presentan debilidad del piso pélvico. Este cambio evidencia una mayor conciencia, pero también una realidad: la condición está presente en distintas etapas de la vida y no debería normalizarse.
Este punto cobra aún más relevancia en un contexto en el que las mujeres asumen cada vez más roles de liderazgo. Según reportes internacionales de McKinsey & Company y ONU Mujeres, la participación femenina en puestos de liderazgo y juntas directivas ha venido en aumento, aunque aún representa menos del 30% en muchos países. Es decir, más mujeres están tomando decisiones, liderando equipos y ocupando espacios de poder, pero muchas de ellas lo hacen enfrentando en silencio condiciones que afectan su salud y su seguridad personal.
“Estamos viendo mujeres brillantes, líderes, empresarias y ejecutivas que están en la cima de su carrera, pero que en la intimidad han tenido que adaptar su vida diaria al uso de un pañal, y eso no resuelve el problema”, agrega Rivera.
La incontinencia urinaria también tiene una dimensión íntima que muchas mujeres evitan expresar en consulta. El miedo a un posible mal olor o a una pérdida involuntaria durante la relación sexual puede llevarlas a reducir su intimidad o incluso a evitarla por completo. Esto no solo impacta la relación de pareja, sino también la autoestima y la conexión con su propio cuerpo.
“Cuando uno escucha a las pacientes, entiende que no están buscando solo resolver un síntoma; están buscando volver a sentirse libres, seguras y cómodas en su propio cuerpo”, explica Dr. Rivera.
“Como médico, es fundamental contar con la mejor tecnología para atender esta necesidad sin dolor ni incapacidades, en un entorno seguro y realizado por un equipo profesional de mujeres”, concluyó el Dr. Rivera.



































