Manuel Enrique Rovira Ugalde
Licenciado en estadística y administración de empresas, profesor universitario de grado y postgrado de la UCR y universidades privadas. Empresario fundador de ITS Infocomunicaciones y del Banco Hipotecario de la Vivienda.
Resumen
Este artículo propone una revisión crítica de los fundamentos epistemológicos que han guiado históricamente a la economía, la administración y las ciencias sociales. Se argumenta que la adopción de paradigmas fragmentarios, lineales y binarios —propios de las ciencias exactas— ha resultado inadecuada para comprender fenómenos sociales y organizacionales, los cuales constituyen sistemas vivos, abiertos y complejos. A partir de la Teoría General de Sistemas, la termodinámica del no equilibrio, el pensamiento complejo, la biología del conocer y aportes de la física contemporánea, se plantea la necesidad de una ciencia administrativa orientada a la comprensión de la emergencia y no al control. El trabajo contribuye al debate en estudios organizacionales y epistemología de las ciencias sociales al proponer un desplazamiento paradigmático desde modelos causales hacia enfoques relacionales, continuos y transdisciplinarios.
Palabras clave: complejidad; sistemas vivos; epistemología; estudios organizacionales; emergencia.
- Introducción
Existe una tendencia profundamente arraigada en el pensamiento científico moderno a fragmentar la realidad con el fin de comprenderla. Este proceder, heredado del paradigma cartesiano-newtoniano, ha demostrado ser eficaz en el estudio de sistemas cerrados, mecánicos y controlables. Sin embargo, su aplicación indiscriminada a los fenómenos sociales ha producido una comprensión parcial, cuando no distorsionada, de realidades que poseen vida propia.
La administración, la economía y gran parte de las ciencias sociales han asumido que comprender equivale a dividir, clasificar, tipificar y modelar causalmente. De ahí la proliferación de teorías de estilos de liderazgo, inteligencias múltiples, competencias, habilidades blandas, recetas de éxito y fórmulas universales. Este artículo sostiene que tales aproximaciones generan un falso sentimiento de entendimiento y conducen a errores sistemáticos al intentar intervenir en sistemas que no pueden ser controlados.
2. El problema epistemológico de la fragmentación
La fragmentación presupone que el todo es igual a la suma de las partes. Esta premisa, válida para sistemas mecánicos, resulta inaplicable a los sistemas vivos, donde el todo exhibe propiedades emergentes irreductibles a sus componentes.
Morin (1990) advierte que la simplificación no solo mutila la realidad, sino que produce una "ceguera paradigmática". Al aislar variables, se pierde la red de interrelaciones que constituye el fenómeno mismo. En las ciencias sociales, esta práctica ha derivado en modelos explicativos que sacrifican comprensión a cambio de operatividad.
La realidad social es continua, no discreta; analógica, no digital; histórica y contextual, no repetible. Fragmentarla implica desnaturalizarla.
3. Sistemas vivos y complejidad
Desde la Teoría General de Sistemas, Bertalanffy (1968) plantea que los sistemas vivos son abiertos, intercambian energía, información y materia con su entorno, y se mantienen lejos del equilibrio. Prigogine (1984) profundiza esta visión al demostrar que el orden puede emerger del caos mediante estructuras disipativas.
Las organizaciones, entendidas como sistemas sociales vivos, no siguen trayectorias lineales ni responden a relaciones simples de causa-efecto. Su comportamiento está mediado por retroalimentaciones no lineales, bifurcaciones, atractores complejos y fenómenos de autoorganización.
En este contexto, conceptos como planificación estratégica, control y predicción pierden centralidad. No porque sean inútiles, sino porque son insuficientes.
4. Inteligencia humana, inteligencia artificial y el error del binarismo
La inteligencia artificial opera sobre bases binarias, discretas y algorítmicas. Incluso los modelos más avanzados siguen siendo sistemas formales que procesan símbolos. La inteligencia humana, en cambio, es un fenómeno analógico, continuo, encarnado y relacional.
Maturana y Varela (1984) sostienen que conocer es un acto biológico: no representamos el mundo, lo enactuamos. La cognición no es cálculo, es acoplamiento estructural con el entorno.
Pretender abordar la complejidad social con herramientas binarias no es un problema técnico, sino ontológico. No se resuelve con más datos, mayor velocidad o algoritmos más potentes, porque lo analógico y lo continuo no son reducibles a lo discreto sin pérdida esencial.
5. Hacia una nueva ciencia social: comprensión sin control
La nueva ciencia social que aquí se propone no busca el control, porque reconoce su imposibilidad. En su lugar, privilegia la comprensión profunda de las dinámicas emergentes.
Desde la física cuántica y la holografía, Bohm (1980) introduce la noción de un orden implicado, donde cada parte contiene la totalidad. Esta metáfora resulta poderosa para pensar organizaciones como redes de nodos donde cada actor encarna, a su escala, el todo organizacional.
Fenómenos como la sincronicidad, el efecto mariposa y los atractores extraños revelan que pequeñas variaciones pueden generar consecuencias imprevisibles. La acción administrativa deja de ser intervención correctiva para convertirse en participación consciente en un proceso coevolutivo.
6. La administración como fenómeno vivo
Desde esta perspectiva, la administración no es una técnica ni un conjunto de herramientas, sino un fenómeno vivo en permanente evolución. No existe un estado óptimo ni un destino predeterminado. El sentido emerge en el camino, en la interacción constante entre actores, contexto y eventos.
Las organizaciones no se diseñan como máquinas; se cultivan como ecosistemas. Sus resultados son irrepetibles, históricos y contingentes. Son propiedades emergentes, no productos programables.
7. Conclusiones
La crisis contemporánea de la administración y de las ciencias sociales es fundamentalmente epistemológica. La persistencia de paradigmas fragmentarios, binarios y orientados al control frente a realidades complejas y vivientes ha generado modelos explicativos y prescriptivos con escasa capacidad comprensiva.
Este artículo sostiene que elevar la relevancia científica y práctica de la administración exige un cambio paradigmático profundo: abandonar la ilusión del control, reconocer la imposibilidad de la predicción lineal y asumir la complejidad como condición constitutiva de los sistemas sociales. En este marco, la administración deja de concebirse como una ingeniería de medios y fines para convertirse en una práctica reflexiva de comprensión, participación y coevolución.
Más que ofrecer un modelo cerrado, este trabajo se propone como un paper marco: un texto fundacional destinado a abrir una línea de investigación orientada a la construcción de una ciencia administrativa de lo vivo.





































