Malberth Cerdas Herrera
Docente de Administración de Negocios y Economía
Universidad Fidélitas
En Costa Rica, el tipo de cambio se ha convertido en mucho más que una simple variable económica: hoy es el principal termómetro de confianza del país. Su estabilidad, inusualmente prolongada durante los últimos meses, no refleja tanto la fortaleza de los fundamentos macroeconómicos como la expectativa de continuidad política y serenidad fiscal.
Mientras la economía global mantiene tasas de interés internacionales estables y un entorno externo más predecible, el dólar en Costa Rica se mueve al ritmo de un factor intangible pero decisivo: la confianza.
Una estabilidad aparente
Durante gran parte de 2025, el colón se ha mantenido dentro de un estrecho rango entre ₡503 y ₡507 por dólar, en parte gracias al buen desempeño del turismo, las exportaciones y la inversión extranjera directa. El Banco Central ha intervenido puntualmente bajo su esquema de flotación administrada y los flujos de divisas han permitido mantener una calma cambiaria que pocos esperaban.
Sin embargo, detrás de esa tranquilidad hay señales mixtas. La inflación se mantiene contenida, pero el gasto público continúa tensionado. La recaudación tributaria mejora, pero aún no logra reducir de forma sostenida el déficit fiscal. Y aunque el dinamismo del turismo ayuda a sostener la oferta de dólares, la economía nacional sigue dependiendo de factores estacionales.
La estabilidad cambiaria actual es, en buena medida, una pausa técnica antes de un año electoral que pondrá a prueba la solidez de la confianza país.
El componente político detrás del dólar
En contextos electorales, la lectura del mercado trasciende los indicadores económicos. Los inversionistas locales y extranjeros observan las señales que emiten los partidos, las promesas fiscales, la estabilidad institucional y la capacidad de gobernar sin sobresaltos.
Cualquier narrativa que sugiera mayor intervención estatal, controles excesivos o expansión del gasto sin respaldo puede provocar salidas de capital y dolarización precautoria. Por el contrario, los discursos de respeto a la institucionalidad, disciplina fiscal y promoción de inversión tienden a reforzar la estabilidad cambiaria.
No se trata de ideología, sino de credibilidad. En economías pequeñas y abiertas como la costarricense, el mercado no castiga las posiciones políticas, sino la incertidumbre que proyectan.
La economía empresarial ante la incertidumbre
Para el sector productivo, la estabilidad cambiaria es una condición crítica. Empresas importadoras, exportadoras y de servicios operan bajo márgenes estrechos y planificaciones financieras de mediano plazo. Un tipo de cambio errático encarece costos, altera contratos y afecta directamente la competitividad.
En este momento, muchas compañías están tomando decisiones de inversión o financiamiento con base en un dólar estable. Pero si ese equilibrio se rompe, ya sea por presiones políticas, especulativas o por desconfianza en el rumbo institucional, el impacto se trasladará rápidamente a precios, consumo y márgenes de ganancia.
Lo que vendrá después de junio
El verdadero punto de inflexión podría llegar tras junio de 2026, cuando disminuya el ingreso de divisas por turismo. A partir de ese momento, el país quedará más expuesto a las percepciones políticas, al comportamiento del capital extranjero y a eventuales movimientos especulativos.
Una campaña electoral polarizada o marcada por incertidumbre ideológica podría acelerar la depreciación del colón. En cambio, un ambiente de moderación y continuidad institucional permitiría sostener la confianza de los mercados y mantener la estabilidad en márgenes razonables.
El valor de la confianza
El tipo de cambio en Costa Rica no es hoy una historia de macroeconomía, sino de credibilidad. La confianza es el principal activo del país y su erosión tendría efectos más profundos que cualquier movimiento en la tasa de política monetaria.
La estabilidad cambiaria que hoy disfrutamos no debe darse por sentada. Es el reflejo de un mercado que, aunque sereno, observa con cautela el horizonte político. Si la institucionalidad se mantiene firme y las señales económicas son coherentes, el colón podría seguir mostrando resiliencia.
Pero si el discurso público se contamina de incertidumbre o confrontación, el ajuste será inevitable. En ese escenario, la economía, las empresas y los hogares volverán a recordar que la confianza, como la moneda, puede cambiar de valor de un día para otro.





































