Según un informe de National Bureau of Economic Research (NBER) -como organización estadounidense privada, sin fines de lucro y no partidista, fundada en 1920, que se dedica a realizar y difundir investigaciones económicas de alta calidad- el teletrabajo, definitivamente a partir de la pandemia Covid-19, vino a experimentar gran relevancia para sostener a las empresas y sus trabajadores y una duplicación mundial, como nueva forma de realizar el trabajo, de manera remota, sin traslado físico.
No obstante, pasada la pandemia, hay empresas, que abogan por volver a la presencialidad, es decir, regresando a los años en que no se conocía, ni era posible el desarrollo pleno de esta nueva modalidad, dentro de un retroceso humano, es algo así, como que en pleno siglo XXl, se pretenda vivir en el siglo XlX, obviando las posibilidades, que depara el nuevo mundo, conforme se van desarrollando las tecnologías, en favor del ser humano.
Se achaca la pretensión de este retroceso o estancamiento, en las estructuras de algunas empresas, consecuencia de las generaciones que están comandando las políticas empresariales y/o públicas, dentro de los gobiernos. No obstante, se estima que este rezago, por cuestiones e intereses propios de algunos sectores, va a dar un giro radical en un futuro no muy lejano, especialmente con la jubilación de los líderes de la generación de los Baby Boomers, es decir, de aquellos que nacieron entre 1946 y 1964, en la época de un aumento significativo en las tasas de natalidad, marcados por la música rock, el auge de la televisión y el surgimiento de movimientos sociales como los derechos civiles.
Sin dejar de lado, también a las generaciones X, es decir, los nacidos entre 1965 y 1980, los cuales se resisten al trabajo remoto, producto, tal vez de su caracterización y vivencia, bajo un contexto de la crisis del petróleo y el aumento de las familias monoparentales, en donde el auge fue la televisión y no necesariamente la tecnología, por cuanto, en su vida estudiantil, los estudios, eran a base de hojas de papel y máquinas de escribir, dentro de un entorno meramente de presencialidad, sin que conocieran otra realidad, más que aquella.
Ante este panorama, resulta entendible la resistencia y el pensamiento retrogrado, ante la nueva realidad sociolaboral, desde las cabezas de muchos lideres, que se mantienen, pero que están pronto a la jubilación. Entonces, no cabe la menor duda, que con la jubilación de los boomers y los directivos de la generación X en la próxima década, se espere que los millennials y la generación Z, asuman roles de liderazgo y pleno desarrollo del trabajo remoto.
Este cambio generacional va a significar un punto de inflexión hacia un modelo de teletrabajo más amplio y aceptado. Es que los actuales líderes o cabezas más jóvenes, que han sido formados en un entorno digital y remoto, reconocen el teletrabajo como una práctica natural y beneficiosa para la productividad, ostentando mayor comprensión de la importancia de la flexibilidad horaria, en pro de mejor rendimiento productivo, ya que al trabajo no necesariamente se va, sino que debe realizarse.
Las generaciones de jóvenes trabajadores vienen abrazando al teletrabajo como un modelo de trabajo deseable. De acuerdo con el NBER, las empresas fundadas después de 2015 permiten un 27% más de días de teletrabajo en comparación con aquellas establecidas antes de 1990. Este cambio en la cultura laboral no es casualidad; las nuevas generaciones están creciendo con tecnologías que facilitan el trabajo remoto y valoran la flexibilidad laboral como un componente esencial del bienestar personal y familiar (https://www.xataka.com/empresas-y-economia/teletrabajo-vivira-segunda-juventud-momento-muy-concreto-cuando-boomers-se-jubilen).
Si bien el teletrabajo ha enfrentado desafíos en los últimos años, su futuro parece prometedor. La jubilación de los líderes de la generación del Baby Boom y la X, podría ser el catalizador necesario para que el trabajo remoto se convierta de nuevo en la norma y no la excepción. Para aquellas personas trabajadoras, que hoy se sienten agobiadas, porque no entienden, como se siguen con estructuras mentales y empresariales, del siglo pasado -a pesar de la necesidad del cambio, ante la falta de transporte fluido, de seguridad, de la reducción en la emisión del dióxido de carbono, del ahorro al bolsillo- se les avecina una esperanza, que tiene que ver con la naturaleza misma innegable, que es reemplazo de las generaciones predecesoras dentro del campo productivo, posicionándose entonces, la anhelada flexibilidad en su entorno laboral.
Pero mientras ello no ocurra, la clave parece ser buscar una reforma legal en el país, a fin de modernizar la legislación nacional, sobre el teletrabajo, de tal forma -como sucedió en el siglo pasado con las vacaciones y la seguridad social- que se consolide como un derecho y no como un premio o algo extraordinario. En este sentido, ya existen legislaciones como la francesa, en donde se estipula el derecho de la persona trabajadora a solicitarlo, obligando a la parte empleadora a justificar técnicamente cualquier negativa, siempre y cuando el puesto lo permita.
Por su parte Países Bajos, es pionero en tratar el lugar de trabajo como una preferencia legal del empleado que la empresa debe considerar seriamente, según su legislación. En Bélgica y Luxemburgo, esta modalidad de trabajo remota, está integrada en sus convenios colectivos como una opción estructural y regular, no solo para emergencias, sino como algo de la vida cotidiana del desempeño laboral, en donde se complementa el bienestar personal de la persona empleada, con la productividad requerida para la parte patronal, en un contexto definitivo de progresividad y dignidad humana.
Eric Briones Briones
Doctor y Profesor en Derecho Laboral





































