Nuestra matriz energética para el año 2050 podría llegar a tener una composición de 75% electricidad y 25% gas natural, con electricidad producida con fuentes 100% limpias y con ambos componentes de la demanda energética, electricidad y gas natural, 100% nacionales. Con esa composición tendríamos mucho menos emisiones dañinas al ambiente de lo que producimos hoy, aún 24 años después, y estaríamos por encima de todos los países de la OCDE en menor cantidad de emisiones per cápita, alcanzando además independencia y soberanía energética. Así lo presenté el año pasado en una exposición con alcance internacional.
Ese escenario supone una profunda transformación del transporte y del consumo energético, donde todos autobuses urbanos, las motocicletas, los vehículos de pasajeros como automóviles, SUV’s y pickups, así como los camiones de reparto por debajo de 4 toneladas serían 100% eléctricos, y los autobuses interurbanos, camiones pesados, equipos de construcción y agrícolas operarían con gas natural. Además, el gas natural sustituiría al gas propano que usamos hoy en cocinas domiciliares, restaurantes y procesos industriales, además todos los generadores eléctricos de emergencia en hospitales, hoteles e industria (conjuntos generadores) y en las plantas térmicas de respaldo del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) que hoy operan con diésel y búnker importados lo harían con gas natural también.
El resultado sería la eliminación de las importaciones de derivados del petróleo que hoy abastecen más de las tres cuartas partes de nuestra energía y consecuentemente desaparecerían del paisaje las gasolineras tal como las conocemos hoy, para ser solo abastecedoras de gas natural -gaseras- para los equipos pesados. Una buena cantidad de personas producirían la energía para sus propios vehículos y sus casas con paneles solares en sus techos. El país sería capaz de albergar muchas empresas de alta tecnología, bancos de datos e inteligencia artificial alimentadas con abundante energía a buen precio. Más energía se estaría consumiendo en industria y producción que en transporte, contrario a lo que sucede hoy. El ingreso per cápita y el PIB serían muy superiores y el país gozaría de una economía y una reputación envidiada por muchos otros.
Mientras tanto, en el 2024 nuestra matriz energética total estuvo compuesta de 70.66% de hidrocarburos y 20.86% de electricidad, haciendo la optimización en el balance nacional de energía, considerando que un 10.54% de la electricidad de ese año fue producida con hidrocarburos en las plantas térmicas de Moín y Miramar, dicho sea de paso, con una inmensa pérdida en esta transformación de energía química -diésel y búnker- a energía eléctrica.
Claramente no somos 98% de energías renovables. Estamos dentro del promedio mundial y en el grueso de la banda de los países de la OCDE con esa relación de hidrocarburos – electricidad en nuestra matriz. A alguien le contaron que nuestra electricidad es 98% renovable -ni siquiera eso es cierto- y confundió electricidad con energía total, un error común en quienes no saben de energía, y salimos al mundo a pregonar que nuestra energía es 98% renovable, eslogan en inglés incluido.
En porcentajes de la matriz energética total con hidrocarburos y electricidad no fósil, no le atamos las sandalias a Islandia (26% hidrocarburos - 71% electricidad), Noruega (28% hidrocarburos - 67% electricidad) y Suecia (30% hidrocarburos - 57% electricidad).
Es decir, Costa Rica está en la gruesa franja de porcentajes globales, pero le mentimos al mundo y nos mentimos a nosotros mismos. Tipificado el síndrome Doña Florinda, nacido en la serie mexicana El Chavo del 8 de Roberto Gómez Bolaños, donde el personaje de Doña Florinda, viviendo en el mismo barrio que sus vecinos, con las mismas condiciones socioeconómicas, se cree diferente y por encima de los demás.
La grave consecuencia de este simpático síndrome es que los tomadores de decisión piensan que no hay nada que cambiar porque ya somos los mejores. Nada más alejado de la realidad.
He reiterado tres alertas que deben ser atendidas de inmediato con decisiones acertadas y oportunas:
El déficit de energía
La primera alerta es que ya estamos en déficit de energía. Importamos el 100% de los hidrocarburos y un porcentaje de nuestra electricidad, además de que más del 10% de la electricidad la generamos con las plantas térmicas de Moín y Miramar, cuando estas solo deberían arrancar para cubrir emergencias. Los hidrocarburos importados son altamente contaminantes, muy caros y nos transfieren riesgos asociados a los precios internacionales, conflictos bélicos, rupturas en las cadenas de logística entre otros.
El agotamiento de las fuentes
La segunda alerta es que estamos peligrosamente alcanzando la frontera en nuestra producción hidroeléctrica. Nos quedan algunas pocas cuencas de tamaño menor para construir proyectos hidroeléctricos y en el caso de geotermia, el mayor potencial está dentro de parques nacionales intocables. Es decir, estas dos fuentes que nos producen hoy el 80% de nuestra electricidad están llegando al límite de su producción.
La inmensa demanda futura
La tercera alerta es una proyección de demanda que predice cantidades gigantescas de demanda de energía. De acuerdo con mis proyecciones teóricas, para el año 2050 la demanda será 2.31 veces la demanda del 2025, lo que obligaría a tener una capacidad instalada en fuentes de producción eléctricas de 8.500 MW, también más de dos veces los 3.630 MW que tenemos hoy. Para adicionar esos 5.000 MW en los próximos 25 años sería necesario construir más de 16 proyectos como Reventazón o sus equivalentes en proyectos eólicos, solares o geotérmicos, una inversión que podría superar los 15.000 millones de dólares, un monto y un esfuerzo monumentales.
Pero el tren de la tecnología y la evolución del mundo no se detienen, indiferentemente si nosotros estamos o no en el tren. Y si no estamos en él, tampoco se detiene a mirarnos.
Competimos en un mundo totalmente globalizado contra países de todos los continentes y de todas latitudes por atraer empresas de alta tecnología que generen más puestos de trabajo, más empleo y mejor pagado, y eso convierte a la producción de energía en un imperioso ejercicio de eficiencia, calidad y precio.
Como consecuencia de las tres alertas que mencioné, es de total relevancia explotar todas las fuentes actuales en un crecimiento vertical al máximo posible que permitan las condiciones topográficas, geológicas y climáticas y agregar en crecimiento horizontal fuentes firmes que hoy no tenemos para garantizar el equilibrio de nuestra red. No es recomendable crecer desmesuradamente solo en fuentes variables porque esto causa desequilibrios en la red y aumenta la cantidad de energía de reserva necesaria para respaldar las fuentes variables.
Es vital tener esto claro. Las fuentes variables no responden a la demanda de la red, responden a las condiciones climáticas -viento y sol en el caso de eólicas y solares respectivamente- pero esas condiciones climáticas no necesariamente coinciden con la demanda. Es fácil ver esto en el caso de la energía fotovoltaica, que cuando se presenta uno de los picos diarios en la red, de las 5 de la tarde a las 8 de la noche, las fuentes fotovoltaicas ya no están produciendo.
En el crecimiento horizontal, en primer lugar, debemos iniciar cuanto antes la explotación de nuestro gas natural para hacer la transición energética que mencioné al inicio. El caso de Noruega, estudiado mundialmente, es el modelo a seguir, con una explotación limpia y ordenada de sus recursos naturales, exporta la mayoría de su producción generando inmensas cantidades de recursos para la infraestructura se su país y ha acumulado el fondo soberano más grande del mundo.
En segundo lugar, pero de manera paralela, debemos iniciar cuanto antes las conversaciones con los organismos internacionales debidos, para la obtención de los permisos y construir el marco legal y regulatorio para ingresar a la generación eléctrica con energía nuclear, como lo están haciendo Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, Paraguay y Perú, y con un paso un poco más lento Bolivia, Jamaica y República Dominicana. Así es que países que vemos por encima del hombro con nuestro síndrome doña Florinda tatuado en nuestra frente, avanzan hacia la energía nuclear como lo hace el resto del mundo.
Es esencial y crítico que se modifique el artículo 16 del proyecto 23.414 Ley de Armonización del Sistema Eléctrico Nacional para que los inversionistas privados que pretendan generar energía lo puedan hacer con cualquier tipo de fuentes energéticas para que puedan aportar también energía firme que contribuya a la estabilidad de la red.
Nuestros políticos no han entendido que cerrar los ojos no cambia la realidad ni los avances del mundo; eso solo nos deja de lado y de últimos en la fila de las preferencias de las transnacionales que tanto queremos que vengan a establecerse en nuestro país.
Abrir los ojos y sacudirnos el síndrome Doña Florinda son los pasos iniciales que debemos dar para estar presentes y firmemente posicionados en el escenario mundial. El mundo no tiene tiempo para improvisaciones para quienes diseñan su matriz energética con base en prejuicios, dogmas e ideología en lugar de datos y racionalidad técnica y esos corren el riesgo de quedar rezagados ante un sector que avanza sin contemplaciones.
Eugenio G. Araya
Físico
American Nuclear Society Member
TEDx Speaker





































