Angie Ramírez
Directora ejecutiva de ACIPLAST
En el debate ambiental, el plástico suele ocupar el banquillo de los acusados. Las imágenes de playas cubiertas de residuos, ríos obstruidos y animales afectados alimentan un veredicto casi automático: el plástico es el enemigo. Sin embargo, esta percepción, aunque comprensible, simplifica un problema mucho más complejo.
El plástico no contamina por el simple hecho de existir. Contamina cuando se diseña se utiliza y se desecha sin responsabilidad, cuando no existen sistemas eficientes para recuperarlo y cuando termina abandonado en el ambiente. El verdadero desafío no es el material, sino la manera en que, como sociedad, lo producimos, lo utilizamos y lo gestionamos.
En Costa Rica existe una industria plástica que ha demostrado capacidad para organizarse, innovar y competir en mercados cada vez más exigentes. Muchas empresas han incorporado criterios de economía circular, mejorado el diseño de sus productos, incrementado el contenido de material reciclado, desarrollado empaques más eficientes e invertido en programas de recuperación y valorización de residuos. Entienden que la competitividad ya no depende únicamente del precio o de la calidad, sino también de la sostenibilidad.
Sin embargo, sería injusto trasladar toda la carga de la solución únicamente al sector productivo. La sostenibilidad no puede construirse sobre un solo actor. La responsabilidad debe ser compartida.
Los gobiernos tienen la obligación de establecer reglas claras, promover infraestructura para la recolección y el reciclaje, fortalecer la educación ambiental y garantizar que las políticas públicas incentiven la circularidad, en lugar de perpetuar un modelo lineal de producir, consumir y desechar. Sin sistemas de separación, centros de recuperación, mercados para los materiales reciclados y una fiscalización efectiva, incluso los productos mejor diseñados pueden terminar contaminando.
Como consumidores, también desempeñamos un papel determinante. Cada decisión de compra envía una señal al mercado. Decidimos qué productos apoyar, cuánto desperdicio generar, si reutilizamos un envase o lo descartamos después de unos minutos y si separamos nuestros residuos o los mezclamos indiscriminadamente. La contaminación comienza muchas veces con pequeñas decisiones cotidianas.
Lo cierto es que ningún material es completamente bueno o completamente malo. El plástico ha permitido avances extraordinarios en medicina, conservación de alimentos, transporte, construcción, tecnología e industria aeroespacial. Ha reducido desperdicios, ha salvado vidas y ha hecho más eficientes innumerables procesos. Demonizar el material no resuelve el problema.
La discusión tampoco debería moverse a demonizar el material, o reducirse a prohibir o sustituir sin un análisis técnico. En muchos casos, reemplazar un plástico por otro material puede aumentar el consumo de agua y energía o las emisiones de carbono durante su producción y transporte. La pregunta correcta no es únicamente ¿de qué está hecho?, sino ¿qué impacto genera durante todo su ciclo de vida?.
Costa Rica tiene la oportunidad de convertirse en un referente regional en soluciones sostenibles para los plásticos si logra alinear los esfuerzos de la industria, las instituciones públicas, las municipalidades, las organizaciones ambientales y la ciudadanía. Ningún actor puede resolver este desafío por sí solo, pero todos pueden agravarlo si renuncian a su parte de la responsabilidad.
Convertir esa oportunidad en resultados exige más que buenas intenciones. Se requieren espacios de diálogo técnico, intercambio de experiencias y construcción de alianzas que permitan transformar los desafíos ambientales y productivos en soluciones concretas, tanto dentro de las empresas como en las políticas públicas y en los hábitos de consumo.
Con ese propósito, mañana, 6 de agosto, se realizará INNOVAPLAST 2026 en el Hotel Wyndham Herradura. El congreso de la Asociación Costarricense de la Industria Plástica (ACIPLAST) reunirá a alrededor de 350 participantes, entre empresarios, fabricantes, técnicos, proveedores, representantes de la academia, autoridades regulatorias y especialistas internacionales, para compartir conocimientos, examinar los principales retos, generar oportunidades de negocio e impulsar soluciones que fortalezcan la competitividad y la sostenibilidad del sector.
INNOVAPLAST 2026 busca contribuir a una discusión más rigurosa sobre el futuro del plástico, que supere las posiciones simplistas y permita tomar decisiones basadas en evidencia, innovación y una visión integral de su ciclo de vida.





































