Jorge Calderón
En el contexto sanitario, “poner al paciente en el centro” es una frase que suena bien, pero que solo cobra sentido cuando se traduce en acciones concretas. No basta con mencionarla en un plan estratégico: es necesario integrarla en cada decisión, desde la investigación hasta el acceso equitativo y asequible de los pacientes a los sistemas de salud y al abordaje integral de sus enfermedades.
Hoy, esta necesidad es más urgente que nunca. Debido a la creciente carga de enfermedades crónicas y a los impactos del cambio climático, los sistemas de salud tienen dificultades para satisfacer las necesidades de los pacientes. En todo el mundo, las desigualdades en la atención están aumentando, tanto en países de bajos ingresos como en los de ingresos altos, afectando especialmente a las poblaciones más vulnerables. Esto significa que la equidad en salud no puede seguir siendo un objetivo abstracto: es una prioridad inmediata.
Lograrla implica garantizar que todas las personas, independientemente de su lugar de residencia, ingresos o condición social, tengan acceso a servicios de salud de calidad. Aquí no hablamos solo de la existencia de hospitales o centros, sino de eliminar barreras económicas, geográficas y culturales que impiden un acceso real y efectivo.
En AstraZeneca integramos este enfoque a la práctica a través de programas que buscan fortalecer los sistemas de salud y garantizar un acceso más equitativo. Nuestras iniciativas ayudan a que los países dispongan de estructuras más preparadas para responder a necesidades cambiantes. Un ejemplo de ello es la Alianza para la Sostenibilidad y Resiliencia del Sistema de Salud (PHSSR, por sus siglas en inglés), que colabora con gobiernos, académicos y organizaciones de salud para analizar y mejorar la capacidad de los sistemas sanitarios.
Otro ejemplo de nuestro compromiso es el trabajo en comunidades desatendidas. Mediante colaboraciones con actores locales, como la Alianza por su Salud (ALSALUS)- una iniciativa público-privada orientada a la detección temprana del cáncer de mama en zonas de difícil acceso en el país- impulsamos proyectos para mejorar el diagnóstico oportuno y el seguimiento de enfermedades crónicas no transmisibles, como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y las enfermedades respiratorias. Estas acciones también incluyen capacitación a profesionales, y campañas de concientización, así como el desarrollo de tratamientos más eficaces que lleguen a quienes más los necesitan mediante modelos de cooperación para facilitar su distribución y reducir desigualdades.
Escuchar al paciente es clave pues nos permite un enfoque centrado en la persona. Creemos que las organizaciones de pacientes no sólo son la voz de quienes viven la realidad de la enfermedad, sino también el corazón que impulsa nuestras acciones y el puente que une esperanza e innovación. Al trabajar estrechamente con la sociedad civil, tejemos redes de empatía y confianza que nos permiten diseñar programas y soluciones que aseguran una atención más humana, eficaz y adaptada al tiempo. Junto a estas organizaciones, impulsamos campañas de prevención y educación que promueven el bienestar, y creamos alianzas que nos permiten construir un futuro más saludable, inclusivo y sostenible para todos.
Y es que, colaborar en la transformación y robustecimiento del sistema de salud, requiere compromiso político, cooperación público-privada y participación e inclusión de la sociedad civil.
En definitiva, poner al paciente en el centro no es un ideal lejano, sino una responsabilidad compartida. Significa reconocer que la salud no es un privilegio, sino un derecho. Y que el verdadero éxito en el mundo farmacológico y de medicina no solo se mide por avances científicos, sino por la capacidad de llevarlos, sin distinción, a cada persona que los necesita.





































