La victoria decisiva de Laura Fernández el 1.º de febrero de 2026 representa más que un simple cambio de administración; constituye la entrega de un mandato claro y contundente por parte del pueblo costarricense para una transformación estructural profunda. Al obtener el 48,3 % de los votos y una mayoría legislativa de 31 escaños, la ciudadanía optó por un modelo de liderazgo fundamentalmente distinto: uno que se aleja de la deliberación política tradicional para adoptar la figura de un presidente CEO. Esta visión busca a un líder capaz de gestionar el Estado con la agilidad y el enfoque en resultados de una corporación privada, donde los ciudadanos actúan como los principales stakeholders y no como observadores pasivos. Aunque críticos como Alberto Salom Echeverría desestiman este giro calificándolo de “puro voluntarismo” o de “concepto vacío”, pasan por alto que las reglas de la legitimidad política han cambiado de manera fundamental en el siglo XXI.
Salom sostiene que las instituciones de la “Segunda República” de 1949 siguen siendo resilientes e intocables; sin embargo, desde la perspectiva del Mandato de la Eficiencia, lo que él llama “resiliencia” es en realidad un cuello de botella sistémico. Esta nueva visión republicana se basa en prioridades ineludibles que el sistema anterior no logró resolver, como la urgencia nacional de frenar el aumento de la criminalidad violenta y desmantelar el crimen organizado. Esta demanda requiere una ejecución inmediata de políticas públicas y una conducción firme, de estilo gerencial, no la fricción procedimental lenta que ha llegado a definir a la burocracia costarricense. Asimismo, la sostenibilidad del sistema de seguridad social (CCSS) justifica soluciones pragmáticas de balance, como la venta del Banco de Costa Rica (BCR) para inyectar capital crítico en los fondos de pensiones y salud, lo que representa una desinversión estratégica de un activo no esencial para salvar las obligaciones más vitales de la organización.
Contrario a la afirmación de Salom de que la Tercera República carece de “rigor científico” o de “condiciones estructurales”, la construcción de este nuevo orden es una respuesta necesaria a un diseño institucional agotado. Salom caracteriza el movimiento actual como una “reacción social desarticulada” nacida del resentimiento, pero en realidad, el mandato de 2026 es una elección consciente de actores sociales cansados de un “enmarañamiento institucional” que ya no garantiza seguridad ni eficiencia. Alcanzar objetivos modernos dentro del marco de 1949 se ha vuelto, por definición, imposible. La “Tercera República” no es un capricho retórico ni un concepto “banal”; es una actualización estructuraldiseñada para alinear la competitividad educativa con una economía digital e intensiva en conocimiento, utilizando el desempeño en los mercados globales como su nuevo indicador clave de rendimiento.
La implementación de este modelo corporativo enfrentará inevitablemente fricciones por parte de quienes perciben la eficiencia como una amenaza a su estabilidad, de forma similar a la resistencia observada durante la era del CAFTA-DR. Sin embargo, la presidenta CEO está preparada para manejar ese descontento de manera distinta a la de los políticos del pasado. En lugar de buscar compromisos lentos y basados en consensos —los mismos “nudos” que han paralizado el progreso—, es probable que Fernández utilice su mandato para sortear los obstáculos tradicionales, enmarcando a los huelguistas como barreras frente a los resultados que la mayoría votó por alcanzar. De este modo, desplaza el conflicto del terreno ideológico al evaluativo: la calle versus los resultados. Al final de su mandato, la evaluación de Laura Fernández no se realizará en los términos de los debates ideológicos tradicionales favorecidos por el establishment de 1948, sino a través de una rendición de cuentas basada en el desempeño, donde la eficiencia será la principal métrica de la legitimidad democrática.
Jan Kozak
Politólogo
Sobre el autor
Nacido en la República Checa, Jan Kozak es licenciado en Ciencias Políticas por Macalester College y posee una maestría en Estudios de Paz Internacional de la Universidad para la Paz de las Naciones Unidas. En 2003, Jan Kozak fue galardonado con el Premio Hubert H. Humphrey–Walter F. Mondale en Ciencias Políticas por Macalester College.





































