Los partidos de alta intensidad no producen una cardiopatía en 90 minutos, pero pueden precipitar infartos, arritmias y otras emergencias en personas vulnerables. La mejor defensa comienza antes del pitazo inicial: conocer nuestro riesgo cardiovascular, aunque nunca hayamos tenido síntomas.
El domingo 19 de julio, España se coronó campeona del mundo al vencer 1-0 a una Argentina. Vayan las felicitaciones a ambas selecciones — y a los millones de aficionados que vivimos un mes entero de emociones con este Mundial. Porque precisamente de emociones trata esta columna, de las que el corazón celebró, y de las que tuvo que soportar.
Usted pudo estar sentado frente al televisor, pero su corazón no necesariamente lo sabía.
Durante un partido de futbol de 90 minutos, millones de personas se emocionan, contienen la respiración mientras su equipo se acerca a la portería para anotar un gol o se lanzan los penales. Dentro del organismo se activa una respuesta biológica real: aumenta la frecuencia cardíaca, se eleva la presión arterial y el sistema nervioso autónomo lleva al cuerpo a un estado de máxima alerta.
Para la mayoría será una emoción transitoria. Pero, en una persona con hipertensión no diagnosticada, diabetes, enfermedad coronaria silenciosa, una arritmia o una alteración de la aorta, ese momento podría convertirse en el detonante de una emergencia.
La combinación de estrés emocional intenso, descarga adrenérgica, alcohol, comidas abundantes, deshidratación y falta de sueño puede conformar una tormenta peligrosa. En una frase: el fútbol no crea una cardiopatía en 90 minutos, pero un partido de máxima tensión puede ser el detonante final sobre una enfermedad que ya existía.
Una revisión de 19 estudios observacionales encontró que los grandes torneos de fútbol se asociaban con un aumento del 17% en las hospitalizaciones por eventos cardiovasculares agudos. La mortalidad cardiovascular aumentó modestamente en el conjunto de los estudios, pero fue un 19% mayor cuando perdía la selección nacional.
Durante el Mundial 2026, la prensa internacional ha publicado varios fallecimientos, paros cardíacos y colapsos circulatorios ocurridos mientras aficionados observaban o celebraban partidos. El 18 de julio, Reuters informó que un equipo del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires había atendido más emergencias cardíacas durante los partidos de Argentina, incluidos infartos y disecciones aórticas potencialmente mortales.
Uno de los estudios más importantes sobre esta relación fue publicado en The New England Journal of Medicine después del Mundial de Alemania 2006. Los investigadores evaluaron 4.279 eventos cardiovasculares agudos. Durante los días en que jugaba la selección alemana, la incidencia de emergencias cardíacas fue 2,66 veces mayor que durante el periodo de comparación. En los hombres se multiplicó por 3,26 y en las mujeres por 1,82. El mayor número de eventos apareció durante las primeras dos horas posteriores al comienzo de los partidos.
Otro estudio, publicado en el British Medical Journal, encontró un incremento del 25% en los ingresos hospitalarios por infarto de miocardio el día en que Inglaterra fue eliminada por Argentina en penales durante el Mundial de 1998 y en los dos días posteriores.
En Costa Rica, el tema está lejos de ser anecdótico. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos, la enfermedad isquémica del corazón produjo 3.262 muertes durante 2024, equivalentes al 10,8% de todas las defunciones registradas en el país. Es decir, mientras disfrutamos el espectáculo deportivo más seguido del planeta, una de nuestras principales causas de muerte permanece muchas veces silenciosa.
“Me siento bien” no significa “no tengo riesgo”. Existe una creencia peligrosa al pensar que una enfermedad cardiovascular siempre avisa.
La cifra requiere precisión. En un estudio nacional danés sobre 54.028 fallecimientos, el 44,5% de las muertes súbitas cardíacas ocurrió en personas sin un diagnóstico cardiovascular hospitalario previo. Para casi la mitad, la muerte súbita fue la primera manifestación reconocida de la enfermedad.
Y hay un dato que vuelve todo esto más urgente: los hombres, sencillamente, no se valoran de forma preventiva. Una encuesta de Cleveland Clinic entre mil hombres adultos encontró que el 55% no se realiza chequeos regulares y que cerca de dos de cada tres posponen la visita al médico todo lo posible.
No parece casualidad que, en el estudio alemán del Mundial 2006, el riesgo durante los partidos se multiplicara por 3,26 en los hombres y por 1,82 en las mujeres: el aficionado que más se emociona suele ser también el que menos se ha examinado. La mujer agenda su control anual; el hombre "se siente bien". La cardiopatía silenciosa prospera exactamente en esa frase.
Antes del próximo penal, conozca sus números. El fútbol está hecho para emocionarnos, para acelerar el pulso, para hacernos celebrar y, algunas veces, sufrir. Pero ninguna final debería ser la primera ocasión en que descubramos una enfermedad cardiovascular que pudo haberse identificado antes.
Mi invitación es para que lleguemos al próximo partido decisivo conociendo mejor nuestro corazón.





































