Marianne Hütt
Directora de Mercadeo de Banco Promerica
Esta columna forma parte de la serie El cerebro humano en la era de la adaptación, una exploración sobre neurociencia, comportamiento humano, liderazgo y adaptación en un mundo marcado por la inteligencia artificial, la velocidad y la sobreestimulación.
Nunca en la historia habíamos vivido tantos cambios al mismo tiempo. Estamos aprendiendo a convivir con nuevas tecnologías y a incorporar inteligencias artificiales a nuestros equipos de trabajo. Sin embargo, hay algo que no está cambiando a la misma velocidad: nuestro cerebro.
Y eso pone sobre la mesa una conversación que apenas estamos empezando a tener: la transformación empresarial no es un reto únicamente tecnológico, es un reto humano. Porque las herramientas están cambiando más rápido de lo que estamos aprendiendo a convivir con ellas. Y eso está obligando al cerebro a desarrollar nuevas capacidades en tiempo récord.
Desde la neurociencia sabemos que el cerebro evolucionó para buscar eficiencia, estabilidad y predictibilidad. Está diseñado para ahorrar energía y reducir la incertidumbre, no para reinventarse constantemente. Por eso los cambios sostenidos generan resistencia, fatiga e incluso ansiedad. No porque nos estemos quedando atrás, sino porque estamos desafiando un sistema biológico que lleva miles de años desarrollándose.
Durante mucho tiempo pensamos que las habilidades del futuro serían principalmente técnicas. Y sí, necesitaremos aprender nuevas herramientas, pero una de las habilidades más importantes de la próxima década será aprender a liderar equipos híbridos.
Por primera vez en la historia, nuestros equipos estarán compuestos simultáneamente por personas y agentes de inteligencia artificial. Dejaremos de trabajar únicamente entre humanos y comenzaremos a coordinar múltiples inteligencias funcionando en paralelo.
Nuestro trabajo dejará de centrarse en la ejecución y se desplazará hacia la orquestación, la capacidad de proveer contexto y la habilidad comunicar de forma ridículamente clara, la necesidad o requerimiento.
Y ahí aparece un concepto que cobrará cada vez más relevancia: human in the loop, traducido como “el humano en la cadena”. Aunque los agentes sean capaces de producir resultados de manera mucho más eficiente y de forma autónoma, las decisiones más importantes seguirán necesitando intervención humana. Porque la velocidad no reemplaza el juicio, la automatización no reemplaza la responsabilidad y la información no reemplaza la sabiduría.
Esto hará aún más visibles las capacidades que no podremos delegar. La primera será el criterio. No todo lo que produce la inteligencia artificial será correcto, útil o conveniente. La segunda será la toma de decisiones, porque elegir implica consecuencias y las consecuencias siguen siendo humanas. La tercera será la capacidad de formular las instrucciones adecuadas y la cuarta será la dirección ética, porque ninguna tecnología tiene una brújula moral propia.
Pensemos en un ejercicio muy sencillo: si hoy escribimos un prompt como: “diseñe una estrategia de fidelización para un banco dirigida a mujeres emprendedoras de Centroamérica”, vamos a obtener una propuesta. Si repetimos exactamente la misma instrucción unos minutos después, probablemente vamos a recibir una respuesta distinta. Ninguna es necesariamente equivocada, pero tampoco ninguna es automáticamente la correcta.
Y la razón es muy sencilla: le hace falta contexto. No sabe para cuál banco está diseñando la estrategia, a qué clientes específicos nos queremos dirigir, cuáles productos ya existen, qué propuesta de valor nos diferencia, cuáles son nuestras prioridades estratégicas ni qué experiencia queremos construir para las personas.
Ahí aparece un nuevo trabajo que hasta hace poco no existía. Nuestro rol deja de ser ejecutar y pasa a consistir en contextualizar, evaluar, corregir y dirigir. La calidad de los resultados va a depender cada vez menos de la herramienta y cada vez más de nuestra capacidad de proporcionarle el contexto adecuado. Y me permito agregar que el contexto no solamente mejora las respuestas de la inteligencia artificial; también mejora las respuestas de los equipos conformados por personas. Cuando las personas entienden el propósito, conocen las prioridades y tienen claridad sobre hacia dónde se dirige la organización, las propuestas dejan de ser genéricas y se vuelven mucho más relevantes, estratégicas y accionables.
Incluso nos vamos a encontrar coordinando simultáneamente varios agentes especializados: uno generando ideas creativas, otro analizando datos, otro construyendo escenarios financieros y otro redactando comunicaciones. Nuestro trabajo va a consistir en decidir cuál es el mejor insumo, integrarlo dentro de una estrategia y garantizar que la propuesta final tenga sentido para las personas.
Un ejemplo muy cercano lo veo en banca. Durante décadas diseñamos productos y campañas para grandes segmentos de clientes. Hoy podemos imaginar algo distinto: personas que, a través de sus decisiones, comportamientos y preferencias, construyan y retroalimenten continuamente su propio recorrido financiero. El banco dejará de ser únicamente un proveedor de productos para convertirse en una especie de copiloto financiero que aprende y evoluciona junto con cada persona.
Pero incluso en ese escenario altamente automatizado, las preguntas más importantes seguirán siendo humanas. ¿Qué es lo mejor para esta persona? ¿Cómo equilibramos personalización, privacidad y bienestar financiero? ¿Qué decisión es ética y responsable?
La inteligencia artificial no está reemplazando el pensamiento humano; está elevando el nivel de pensamiento que se espera de nosotros.
El futuro no pertenecerá a quienes sepan utilizar más herramientas. Pertenecerá a quienes desarrollen el criterio suficiente para dirigirlas.
Porque la transformación empresarial no va a ocurrir cuando una organización implemente una nueva tecnología. Se va a dar cuando las personas desarrollen nuevas formas de pensar.
Y la pregunta más importante ya no es qué herramienta necesitamos aprender. Es qué capacidades humanas necesitamos fortalecer para prosperar (y sobrevivir profesionalmente) en un mundo que nunca dejará de cambiar.
Lecturas recomendadas
Co-Intelligence: Living and Working with AI — Ethan Mollick
The Age of AI: And Our Human Future — Henry Kissinger, Eric Schmidt y Daniel Huttenlocher
Think Again — Adam Grant
Range — David Epstein
The Extended Mind — Annie Murphy Paul
Videos recomendados
Every Leader Needs This AI Strategy — Ethan Mollick | https://www.youtube.com/watch?v=KEQjwE7hDjk
The Rise of AI Agents and Agentic Reasoning — Andrew Ng | https://www.youtube.com/watch?v=KrRD7r7y7NY
Co-Intelligence: Collaboration Between Humans & AI — Ethan Mollick | https://www.youtube.com/watch?v=ewpjPyZExow
AI's Productivity Paradox — Ethan Mollick | https://www.ted.com/talks/ethan_mollick_ai_s_productivity_paradox_and_what_it_means_for_you





































