El fin de una era: Un colegio en la encrucijada nacional
Seamos directos: algo se quebró en el Colegio de Ciencias Económicas de Costa Rica (CCECR). No es un secreto. Se siente en los pasillos y se murmura entre sus más de 50,000 agremiados. La reciente renuncia de su presidente no fue un simple cambio de silla; fue el campanazo que marcó el "fin de una era", el punto final de un período donde la dirigencia, según las voces más críticas, se había anquilosado, dominada "por las mismas caras, los mismos nombres y, lo que parece ser, la misma forma de hacer las cosas". Este grito de un colegiado que exige un "cambio verdadero" no es un lamento aislado, es el eco que sitúa a la institución en la encrucijada más importante de su historia.
Este artículo de opinión se mete de lleno en esa encrucijada, con la lupa puesta en la trayectoria del CCECR durante los últimos ocho años (2017-2025). Este análisis pone el dedo en la llaga: el gran conflicto que define al Colegio hoy es una tensión que se puede cortar con un cuchillo, una batalla entre su identidad como un exitoso proveedor de servicios y pachangas para sus miembros —un "club social" de lujo, digámoslo así— y su obligación por ley como un "ente público no estatal" que debería ser el faro intelectual de la nación. La pregunta del millón es: ¿el enfoque en las carnitas asadas y los bailes para muy pocas personas ha dejado en la sombra la capacidad del Colegio para meter el hombro en la política económica nacional, para ser un guía de pensamiento y para esculpir la educación de los futuros profesionales?
La urgencia de esta pregunta se dispara cuando la contrastamos con la cruda realidad económica de Costa Rica. El Informe Estado de la Nación nos pinta un cuadro que quita el sueño: una estabilidad macroeconómica que se sostiene sobre un "contrato social" cada vez más agrietado, una pobreza que se ensaña con los niños y un crecimiento económico de dos velocidades que abre una zanja entre un sector exportador que vuela y una economía local que se arrastra. En este escenario, tener un CCECR vibrante, que proponga y que tenga una voz de peso en el debate público, no es un capricho de académicos como profesionales, es una necesidad para la supervivencia del país.
Las críticas que llueven desde afuera y los movimientos de reforma que hierven por dentro, como la plataforma "Alianza" que se lanzó al ruedo en las elecciones del Colegio, no son casualidad. Son los síntomas de una crisis de identidad que cala hasta los huesos. La promesa de "Alianza" de transformar al Colegio en un "referente a nivel nacional" y "fomentar la investigación" no es una idea sacada de la manga; es, simple y llanamente, un recordatorio de que deben cumplir con la misión para la que fueron creados. Que esto sea una bandera de campaña ya nos dice mucho: sugiere que una gran parte de los miembros siente que el Colegio se ha dedicado a mirarse el ombligo. La "desconexión con las nuevas generaciones" que un periodista señaló es la consecuencia lógica de esta deriva, un lugar donde "las actividades sociales han adquirido más relevancia que los eventos serios". Así que el "fin de una era" no es solo cambiar al capitán del barco; es una exigencia a gritos para que el CCECR reajuste su brújula y deje de ser principalmente un club de beneficios para volver a ser el faro intelectual que la ley y el país le demandan.
El Mandato en Papel: Deconstruyendo el Modelo Ideal del CCECR
Antes de repartir culpas o aplausos, hay que hacer la tarea: ¿Qué se supone que debe hacer el Colegio? ¿Cuál es su razón de ser, más allá de las placas en la pared? Su ADN se define en tres pilares fundamentales que nos dicen para qué existe.
El primer pilar, el más macizo, es su fundamento legal. La Ley Orgánica N° 9529 lo define como un "ente público no estatal". Y ojo, que esto no es un adorno. Le da una responsabilidad que va más allá de los intereses de sus compas y se ancla en el bien común. El Artículo 1 de esa ley no se anda con rodeos: su objetivo principal es "promover el progreso de las ciencias económicas en el ejercicio de la profesión". A esto se le suma la tarea de fiscalizar que todo se haga bien y la obligación de que sus miembros se porten con una "conducta intachable", según su propio reglamento de ética.
El segundo pilar es su aspiración estratégica, lo que ellos mismos dicen que quieren ser de grandes en su Misión y Visión. La Misión promete "velar ante la sociedad costarricense por el correcto ejercicio de las Ciencias Económicas" y, aquí viene lo bueno, la "generación y difusión de opiniones calificadas". La visión es todavía más echada para adelante: quiere ser "una organización referente y confiable en la generación de opinión e investigación". Con esto, el Colegio se pinta a sí mismo no como un espectador, sino como un motor de conocimiento y un jugador clave en el partido nacional.
El tercer pilar es su brújula ética. Tener un Reglamento de Ética Profesional es clave en el modelo, porque busca asegurar que sus agremiados sean íntegros y excelentes, algo básico si quieres que la gente confíe en lo que dices.
Si ponemos estos tres pilares bajo la lupa, podemos ver si lo que la ley les manda hacer calza con lo que ellos dicen que quieren hacer.
Este vistazo al "deber ser" nos muestra que, aunque en teoría todo cuadra, en la práctica es donde la puerca tuerce el rabo, sobre todo en qué tan en serio se toman su papel en la política pública y cuánto peso les dan a los servicios para sus miembros. Es en esa tensión donde hay que escarbar para ver qué han hecho en realidad.
El Colegio en Acción: Un Balance de la Gestión (2017-2025)
Aquí es donde la cosa se pone interesante. Si miramos lo que el Colegio ha hecho en estos ocho años, vemos dos caras de la misma moneda. Por un lado, una máquina perfectamente aceitada para darle servicios a sus miembros. Por otro, una notable incapacidad para convertir su cerebro colectivo en influencia política real. Vamos a ver estas dos identidades en conflicto.
El Foco Interno: Éxito en los Servicios, Riesgo para la Misión
Hay que dar al César lo que es del César: el CCECR es un campeón creando un paraíso de beneficios para sus colegiados. Los informes de labores son un desfile de logros que le dan un claro valor a la membresía. El éxito es innegable:
- Desarrollo profesional y capacitación: Gracias a sus pactos con titanes como ADEN Business School o INTENSA, el Colegio ofrece descuentos jugosos en todo tipo de cursos, desde aprender inglés hasta sacar posgrados. Solo entre 2021 y 2022, más de 9,000 colegiados se beneficiaron de 328 actividades de formación. ¡Casi nada!
- Fomento de la empleabilidad: El Colegio se ha vuelto un headhunter de primera. Sus ferias de empleo, ya sean en persona o virtuales, son eventos masivos que han llegado a ofrecer más de 4,000 puestos de trabajo con decenas de empresas. Un golazo en un país donde el desempleo es un dolor de cabeza constante.
- Impulso al emprendimiento: El Centro de Innovación y Desarrollo Empresarial (CIDE) es la joya de la corona. Con programas como "C-Emprende", que en 2022 les enseñó a 96 colegiados a montar su propio negocio, un "Directorio Comercial" para que vendan sus productos y hasta asesorías para ganar licitaciones, demuestran que se toman en serio lo de crear nuevas empresas.
- Bienestar integral y recreación: Pero no todo es trabajo. El Colegio también se preocupa por el cuerpo y el alma: citas con nutricionistas, un gimnasio bien equipado, y patrocinio para equipos de básquet, fútbol y voleibol. Hasta tienen un Centro de Recreo para que los afiliados se relajen.
Este menú de servicios es, sin duda, de cinco estrellas y explica por qué sus miembros le son tan fieles. Pero aquí viene la pregunta incómoda que ya hizo la prensa: ¿Se ha convertido el Colegio en una víctima de su propio éxito como club social? La forma en que presumen en sus informes anuales el número de citas en el gimnasio o los trofeos deportivos contrasta con lo poco que detallan sobre el impacto real de sus propuestas para el país. Esta diferencia en el autobombo sugiere una cultura donde el "impacto positivo en la vida de los colegiados" se mide y se celebra con más fuegos artificiales que el "progreso de las ciencias económicas" a nivel nacional.
La Voz Pública: ¿Propuestas de impacto o manifiestos aislados?
Pero, ¿qué pasa cuando el Colegio sale de sus cuatro paredes y trata de hablarle al país? Aquí la historia cambia. Pasa de ser un gestor cinco estrellas a un actor de reparto. Ha demostrado que tiene el músculo técnico para crear propuestas de política pública de primer nivel. En estos años, destacan dos jugadas maestras:
- La "Estrategia de Empleo" (abril 2021): En plena crisis por la pandemia, sacaron este documento, una propuesta sólida y bien pensada. Su diagnóstico les atinó a los puntos débiles del mercado laboral, como el desempleo galopante entre mujeres y jóvenes. Y las soluciones eran ambiciosas: crear un "Observatorio de Empleo" para que lo que se enseña en las aulas sirva para algo en la calle, y un desarrollo por clústeres para amarrar la producción.
- La "Nueva Regionalización del País" (marzo 2021): Aquí le entraron a un monstruo: la zanja de desarrollo que hay entre la GAM y el resto del país. El Colegio dijo, con toda razón, que el mapa de regiones de los años 70 ya estaba más obsoleto que un beeper y propuso uno nuevo con 15 subregiones, para que las políticas públicas dieran en el clavo y no fueran tiros al aire.
Además de esto, el Colegio se ha dejado ver: organizó debates con los candidatos presidenciales en 2022 y se sentó a hablar con los diputados de la Comisión de Asuntos Hacendarios sobre temas como la renta global.
A pesar de la calidad de estas ideas, el análisis destapa una falla garrafal en su estrategia: hay un abismo entre parir una buena propuesta y lograr que se haga realidad. El CCECR parece operar con la filosofía de "publicar y rezar". Se matan haciendo el documento técnico, pero luego se les acaba la gasolina en la parte más importante: la de pelear para que se implemente.
La prueba está en lo que pasó con la propuesta de regionalización. En marzo de 2021, la presentan como la "hoja de ruta" salvadora. Pero para 2025, nos enteramos de que el Ministerio de Planificación (MIDEPLAN) contrató a otro para que haga un nuevo estudio, como parte de una ley que se aprobó en 2021. Quizás la idea del Colegio influyó, pero no hay ni un papel que diga que son socios en el nuevo plan del gobierno o que su propuesta original es la base de algo. Sus propios informes celebran la presentación de las estrategias, pero no le dan seguimiento a si los diputados las leyeron, si el presidente las firmó o si al final sirvieron para algo. La voz del Colegio, aunque suene inteligente, corre el riesgo de ser solo un eco en el gran salón de la política tica, en vez de ser el motor de cambio que dice querer ser.
La Academia y la Educación: ¿Faro del conocimiento o lámpara tenue?
Si el Colegio debe "promover el progreso de las ciencias económicas", uno esperaría que fuera el Messi del conocimiento económico, el que marca la pauta. Pero la realidad es más... modesta. En lugar de ser un faro que ilumina el camino, a veces parece una lamparita de noche, útil, pero con poca potencia.
Tienen un as bajo la manga: la Revista de Ciencias Económicas. Una publicación seria, con revisión de pares, que existe desde 1981 y está en bases de datos importantes como Dialnet. Pero este tesoro parece estar guardado en un baúl. La revista casi no aparece en las comunicaciones del Colegio, como sus boletines o informes, que prefieren presumir los eventos con más gente o los beneficios más directos. Por no promocionarla como se debe, la revista no logra ser el gran escenario del debate económico del país, ese que debería marcar la agenda en la academia y en el gobierno.
En cuanto a difundir conocimiento, el Colegio hace su esfuerzo. Organiza congresos nacionales donde se discuten los problemas del país, con expertos y todo. También ha hecho buenas migas con organizaciones internacionales como FUNIBER para dar becas y con CIRIEC-Costa Rica, una red de investigación donde participa gente de peso como Federico Li Bonilla. Todo esto suma, pero funciona más como un punto de encuentro que como un plan organizado para crear y esparcir un pensamiento propio.
Pero la brecha más grande, el verdadero hueco, está en su influencia en la educación. La propia "Estrategia de Empleo" del Colegio dijo clarito que es urgente que lo que se enseña en las aulas calce con lo que las empresas necesitan. Lo lógico sería que el CCECR, como el jefe de la profesión, estuviera metido hasta el cuello en el diseño de los planes de estudio.
Pero no. La evidencia muestra que su principal movida educativa es conseguirles descuentos a sus miembros para cursos que dan otros. Un gran beneficio personal, sin duda, pero es una estrategia de consumidor, no de transformador. No hay ni rastro de convenios para crear planes de estudio junto con el Ministerio de Educación (MEP) para los colegios técnicos, ni con las grandes escuelas de economía y administración de la UCR o la UNED.
Y aquí está la gran desconexión. El CCECR es como un doctor que diagnostica perfectamente una enfermedad grave —el desajuste de competencias—, pero en lugar de recetar la medicina (influir en la educación desde la raíz), se limita a dar cupones de descuento para la farmacia. Se conformó con ser un facilitador de cursos, en vez de ser el arquitecto de los profesionales que Costa Rica necesita para no quedarse atrás. Es una oportunidad de oro desperdiciada para cumplir de verdad con su mandato de "promover el progreso".
Diagnóstico de la brecha: Carencias estructurales y oportunidades perdidas
Después de todo este recorrido, el diagnóstico es claro. No son problemitas aislados, son cuatro grietas estructurales en los cimientos del Colegio. Y como en cualquier edificio, si no se reparan, la estructura corre peligro.
- Brecha de impacto político: El Colegio es un crack para producir documentos técnicos de lujo, como su "Estrategia de Empleo" o su plan de "Nueva Regionalización". El problema es que hay un cortocircuito total entre escribir esas joyas y lograr que se conviertan en políticas reales. Su estrategia parece ser: "Publícalo y que Dios reparta suerte". Les falta el músculo para el cabildeo, para dar seguimiento y para armar equipos. Esta falta de garra convierte sus ideas, potencialmente revolucionarias, en manifiestos que acaban acumulando polvo en un estante.
- Brecha de liderazgo intelectual: A pesar de tener una revista académica con solera y de organizar congresos, el CCECR no es el think tank al que todo el mundo vuelve a ver cuando la economía tiembla. Su producción de ideas no es la estrella de su comunicación, y su papel en la educación superior es más el de un repartidor de cupones que el de un arquitecto de carreras. Esta brecha le impide ser el verdadero motor de innovación y la brújula intelectual que debería ser.
- Brecha de identidad institucional: Esta es la madre de todas las brechas. La pelea interna entre ser un "club" para los amigos y un "faro" para el país. La gestión y la comunicación del Colegio están obsesionadas con los beneficios para el colegiado (gimnasio, bailes, cenas, descuentos, fiestas, granjas), lo cual es legítimo, pero ha aguado su identidad como ente de interés público. Esta doble vida confunde su propósito, malgasta sus recursos y alimenta la idea, tanto adentro como afuera, de que las pachangas importan más que el destino económico de Costa Rica.
- Brecha de gobernanza y renovación: Las quejas sobre los mismos de siempre en el poder y la "desconexión con las nuevas generaciones" no son chismes, son síntomas de una falla en su sistema de gobierno. El hecho de que surjan grupos internos pidiendo a gritos más transparencia, más participación de las regiones y un regreso a la misión nacional ("ser un Colegio referente") demuestra que la gente está harta y quiere un cambio que el sistema actual no les da. Si no hay mecanismos para que la sangre nueva circule y las bases participen, se corre el riesgo de quedarse pegado en el pasado.
Estas cuatro grietas están conectadas. Una identidad de club hace que se le baje el volumen a la política y al liderazgo intelectual, y todo esto se mantiene gracias a un sistema de gobierno que no le abre la puerta a la renovación. Arreglar esto no es solo cambiar nombres, es demoler y reconstruir el modelo de gestión del Colegio.
Hacia un Colegio Relevante: Un Plan de Acción para el Futuro
Bueno, basta de quejas. ¿Cómo se arregla esto? No con curitas ni con paños tibios. Se necesita un plan de choque, una sacudida de verdad. Aquí va una propuesta, sin pelos en la lengua, para que el Colegio deje de mirarse el ombligo y se convierta en la pieza clave que Costa Rica necesita.
Modelo de incidencia política de verdad (para cerrar la brecha de impacto)
El juego aquí es pasar de "publicar papelitos" a "lograr resultados".
- Acción 1: Crear la Tropa de Choque: la Unidad de Asuntos Públicos. Montar un departamento de profesionales dedicados día y noche a hacer lobby en la Asamblea Legislativa, a tomarse un café con el Ejecutivo y a no quitarle el ojo de encima a las propuestas del CCECR hasta que se hagan realidad.
- Acción 2: El Marcador en Vivo del "Policy Tracking". Poner un tablero en la página web que muestre en tiempo real dónde está cada propuesta del Colegio. ¿En qué comisión duerme el sueño de los justos? ¿Quién la está bloqueando? Transparencia total para que nadie se haga el loco.
- Acción 3: Dejar de jugar solo: Forjar alianzas estratégicas. El CCECR no puede seguir siendo el llanero solitario. La nueva Unidad de Asuntos Públicos tiene que armar un trabuco con cámaras empresariales, sindicatos, universidades y hasta con la abuelita de la esquina si es necesario, para que las propuestas tengan el peso de un ejército.
El CCECR como el 'Gran Cerebro' Nacional (para cerrar la brecha intelectual)
El objetivo es que el conocimiento del Colegio deje de ser un secreto bien guardado y se convierta en la voz que todos respetan.
- 1.: Ponerle esteroides a la Revista de Ciencias Económicas. Convertir la revista en la joya de la corona. Un rediseño que impacte, una campaña en redes que haga ruido y un debate público por cada número nuevo, con los autores, los políticos y la prensa. ¡Que arda Troya!
- Acción 2: El Congreso Anual será el "Davos Tico". Transformar el congreso del CCECR en el evento económico del año, donde el gobierno, la oposición, los empresarios y los académicos se sienten a definir el futuro del país. Cita obligatoria.
- Acción 3: Fichar a los Galácticos: el Consejo Académico Consultivo. Armar un consejo de sabios ad honorem con los meros, meros de las escuelas de economía y administración (UCR, UNED, UNA,TEC y UTN.) y economistas de peso. Ellos ayudarán a definir qué investigar para que el Colegio esté siempre en la jugada y no hablando de cosas que a nadie le importan.
Una gobernanza que no huela a naftalina (Para cerrar la brecha de gobernanza)
La meta es modernizar el gobierno interno para que, entre aire fresco, todo sea transparente y la gente participe.
- Acción 1: ¡No a los dinosaurios! Reforma para la renovación. Cambiar la ley y los reglamentos para ponerle un límite a la reelección en la Junta Directiva. Es la única forma de que corra la sangre nueva, entren ideas frescas y se acabe la percepción de que es un club de amigos atornillados al poder.
- Acción 2: Transparencia sin secretos: Plataforma de "Cuentas Claras". El Colegio debe publicar todo: presupuestos, actas completas de la Junta Directiva e informes de avance. Y no escondido en un rincón de la web, sino a la vista de todos los colegiados.
- Acción 3: Darle poder a las regiones: Asambleas regionales que manden. Para que los colegiados de fuera de la GAM dejen de sentirse como el primo lejano, hay que crear asambleas regionales cuyas decisiones sobre temas locales se respeten y que puedan llevar sus broncas directamente a la Asamblea Nacional.
Eje 4: Esculpiendo a los profesionales del futuro (Para cerrar la brecha educativa)
El plan es dejar de ser un repartidor de descuentos para convertirse en un arquitecto de talento.
- Acción 1: Sentarse con los que saben: Co-creación de planes de estudio. El CCECR debe liderar mesas de trabajo permanentes con el MEP, el INA, el CONARE y las universidades. ¿El objetivo? Que lo que se enseña en las aulas sirva para conseguir brete, alineando los estudios con lo que pide el mercado.
- Acción 2: El Sello de Calidad: "Certificación Profesional CCECR". Crear certificaciones propias en los temas que están de moda (finanzas verdes, economía circular, análisis de datos, IA, entre otros temas de vanguardia). Que tener un sello del CCECR en el currículum pese más que cualquier otro curso.
- Acción 3: La "Cátedra CCECR": Los Expertos al Aula. Crear una cátedra que rote por las universidades, donde los capos del Colegio den clases sobre los problemas económicos reales del país. Un puente directo entre la teoría de los libros y la jungla de la realidad.
Implementar este plan no será un paseo por el parque. Exigirá pantalones de la dirigencia, el apoyo de los miembros y entender de una vez por todas que el futuro del Colegio no está en ser un club más grande, sino en asumir su rol como el faro indispensable que necesita la nación.
¡Exige un cambio de tripulación!





































