Eduardo Sasso
Ingeniero industrial especializado en transformación social empresarial
El siglo XX, y lo que llevamos del XXI, se ha caracterizado por tensiones entre el modelo socialista y capitalista. Casi siempre en conflicto, cada bando asegura tener la razón, tachando a su vez al otro de incompetente, injusto, opresivo, elitista, virulento, explotador. Los argumentos racionales escasean y sobran, más bien, insultos emotivos en lo continúa siendo una batalla sin fin.
En medio del estancamiento, dichosamente han emergido alternativas entre las grietas que no han sido visibilizadas ni por la izquierda ni por la derecha. Más allá de simplificar la cuestión en términos absolutos (blanco vs. negro, progreso vs. retroceso, ustedes vs. nosotros), existen opciones económicas multidimensionales que trascienden el vaivén perpetuo (y tan trillado) de un lado hacia el otro.
En contraste, la Economía Alfanumérica avanza, descartando los excesos y tomando y amalgamando lo mejor de ambos bandos. Integrando cierta data monetaria con narrativas más holísticas de lo que constituye el bienestar, este nuevo camino hacia la prosperidad le apuesta más bien a la innovación socioeconómica.
TOMANDO LO BUENO Y DESCARTANDO LO MALO
Cada bando tiene sus virtudes, aunque también rabo que le majen. A muy grandes rasgos, estos son algunos pros y contras:
- Ventajas del capitalismo – En presencia de estructuras de (verdadera) libertad de mercado, no cabe duda que el sistema capitalista ha permitido elevar el estándar de vida material de grandes mayorías de la población mundial. La proliferación de bienes a menor costo, junto con ciertos avances en salud, ha permitido que hoy personas de estatus económico medio (o medio-bajo) vivan similar a los reyes de hace 500 años. Los mercados (verdaderamente) libres promueven la innovación, la creatividad, la eficiencia, y una mayor asequibilidad de bienes y servicios.
- Abusos del capitalismo – Mucho de este avance se ha dado no obstante a cuestas de la integridad de la biosfera. Reportes del Foro Económico Mundial, o del World Resources Institute, confirman que el sistema capitalista se basa en modelos lineales de extractivismo y de contaminación desbocada. Las crisis de obesidad y de diabetes, la normalización del cáncer, el declive de la fertilidad de los suelos agrícolas, la precipitada extinción de especies vertebradas y no vertebradas, la invasión de plásticos y micro plásticos en los ecosistemas y en nuestros cuerpos —esto y más es evidencia que el llamado ‘progreso’ tiene un lado oscuro. Este sistema esconde externalidades y pretende así evaluar el éxito apelando a un indicador obsoleto, llamado el producto interno bruto.
- Defectos del socialismo – La fallida Unión Soviética, y el régimen actual del país con los mayores yacimiento de petróleo, son pruebas suficientes de las falencias de un sistema acaparador que protege el privilegio de sus líderes, pero hunde al resto de la población. Bajo la supuesta bandera de la igualdad y la defensa de las mayorías, estos sistemas han terminado más bien aprisionando la libertad de los muchos. Han logrado mantenerse en pie acudiendo a aparatos militares en pro de figuras autoritarias y populistas que los abusan para favor propio. Este supuesto ‘socialismo’ no es más que la imagen opuesta de un capitalismo elitista y antidemocrático. En ambos casos, el trabajo de los muchos termina al servicio del privilegio de los pocos.
- Fortalezas del socialismo – A escala mundial, los mejores sistemas energéticos (Suecia, Dinamarca, Finlandia), sistemas de salud (Taiwan, Korea del Sur, Australia), y sistemas educativos (Japón, Singapur, Nueva Zelanda) tienen algo en común: de manera predominante, todos son operados y/o altamente regulados por el Estado, para garantizar así su universalidad. A través de regulaciones robustas y sistemas de pesos y contrapesos eficaces, naciones como estas demuestran que sí es posible democratizar (socializar) áreas fundamentales de una economía. La data demuestra que un esquema socialista funciona siempre y cuando esté bien regulado y estructurado.
Por su puesto, esta categorización es mucho más compleja, ya que en realidad existen capitalismos y socialismos (con “s” al final). Sistema perfecto, no hay, sino tonos de grises, cada uno con sus matices.
¿Qué es y dónde encaja aquí la Economía Alfanumérica?
EJEMPLOS DENTRO DE LA ECONOMÍA ALFANUMÉRICA
En la Economía Alfanumérica, las cifras caminan pero las palabras vuelan. Dejando atrás un enfoque monocromático en indicadores económicos obsoletos como el PIB, en las últimas décadas ha despegado un movimiento que pone los números al favor de las letras. Reconoce que el dinero es un medio, no un fin. El ‘fin’ —el ‘propósito’— de una economía es el bienestar integral, no la acumulación ni el crecimiento. Y este ‘fin’ o ‘propósito’ ulterior lo determinan otras disciplinas: la filosofía, la antropología, y la religión misma.
La falta de espacio impide más que una breve mención de cuatro ejemplos avanzando en mejores direcciones:
- “Net Positive” de Unilever – ver aquí. Además del ‘sustainable living plan’ para reducir sus impactos, y la innovación para ofrecer productos de origen responsable, Unilever amplifica su impacto positivo colaborando con organizaciones no-gubernamentales, gobiernos y otras empresas para abordar desafíos globales como el cambio climático, la pobreza y la desigualdad económica. Impulsa así la sostenibilidad sistémica.
- “Full-Cost Accounting” de Puma – ver aquí. Puma internaliza los costos socio-ambientales en sus estados financieros. Los asume como gastos dentro de su responsabilidad operativa, en lugar de externalizarlos, y así refleja de manera más precisa el verdadero costo de sus productos y su impacto en el medio ambiente y las comunidades.
- Paridad salarial en la corporación Mondragón – ver aquí. Con más de 70.000 colaboradores, esta red de cooperativas en el País Vasco le otorga un voto a cada uno de sus miembros. Subordina así el capital a la gente, asegurando que las decisiones estén en función de quienes ahí trabajan. De igual manera, la cooperativa rige su abanico salarial por una proporción máxima de 1:6 entre el menor y el mayor salario, asegurando así una “equidad retributiva” de la riqueza corporativa.
- La “Felicidad Nacional Bruta” del país de Bután – ver aquí. Nación pionera en promover la felicidad como índice nacional de bienestar, por encima del crecimiento económico. Este incluye: el desarrollo sostenible, la paz psicológica, cultura y diversidad, buena gobernanza, salud, tiempo libre, conexiones sociales, medio ambiente. Otros países de avanzada han seguido el camino, incluyendo Finlandia, Dinamarca, Nueva Zelanda, y los Emiratos Árabes Unidos.
Si bien imperfectos, casos como estos demuestran lo que puede comenzar a alcanzarse cuando el sector empresarial se amalgama con los ideales de equidad y justicia y bienestar a los que aspiran las mejores versiones del socialismo. Borran así la línea artificial (y dañina y pasada de moda) entre lo ‘privado’ y lo ‘público’, y ejemplifican más bien una visión de valor integral en la cual las organizaciones están al servicio y viven en mayor armonía con la gente y su entorno, y no acuestas de ellos. Riqueza responsable y bienestar compartido.
Al hacerlo, demuestran que hay un nuevo (y ni tan nuevo) camino hacia la prosperidad —en el cual los números están al servicio de las letras, y no al revés—. La Economía Alfanumérica pone así a los bueyes al servicio de la carreta, reconociendo que el ser humano no fue creado para el dinero, sino el dinero para el ser humano.
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Termino con una invitación al lector: Bienvenido a compartir en los comentarios sobre empresas en Costa Rica que estén de verdad comprometidas con integrar esta gramática alfanumérica en el mundo de negocios.





































