Un llamado a la conciencia mundial y al despertar urgente de Costa Rica
El 25 de noviembre no es solo una fecha en el calendario. Es un recordatorio doloroso, un espejo que nos obliga a ver aquello que muchas veces intentamos ignorar: la violencia que sufren millones de mujeres alrededor del mundo. Esta conmemoración nació para honrar la vida y el sacrificio de las Hermanas Mirabal, víctimas de una dictadura brutal en República Dominicana, pero hoy trasciende fronteras y sigue vigente porque el dolor de las mujeres también trasciende fronteras.
En Costa Rica, un país que se enorgullece de su democracia y de sus leyes progresistas, la violencia contra las mujeres no es un capítulo del pasado ni un fenómeno distante. Es una realidad diaria, cercana, dolorosa. Una realidad que golpea hogares, destruye vidas y refleja profundas contradicciones entre el discurso y la práctica.
La Violencia que no se ve, pero que también mata
La violencia contra las mujeres no siempre deja moretones en la piel, pero sí deja cicatrices en el alma.
En Costa Rica, como en gran parte del mundo, la violencia adopta múltiples formas:
- Violencia económica: salarios más bajos, techos invisibles, oportunidades negadas.
- Violencia psicológica: humillación, control, manipulación, miedo.
- Violencia laboral y profesional: discriminación por ser mujer, por ser madre, por alzar la voz.
- Violencia simbólica: estereotipos, culpa, silencio impuesto.
- Violencia institucional: indiferencia, revictimización, procesos que no protegen.
Todavía existe un doble discurso, se habla de respeto, igualdad y derechos, pero en la práctica, las mujeres siguen enfrentando barreras estructurales que limitan su libertad, su seguridad y su dignidad.
A pesar de los avances legales, la realidad sigue siendo espantosa: acosos normalizados, brechas salariales que superan en más del 4% según la OCDE, dato del 2023, falta de acceso real a puestos de liderazgo y una tolerancia social que, de forma silenciosa, sigue permitiendo que la violencia continúe.
Desde hace más de cuatro décadas, Costa Rica conmemora esta fecha. Pero la violencia no disminuye. Las cifras no mienten: miles de denuncias cada año, mujeres amenazadas, familias destruidas, hijos e hijas creciendo en entornos marcados por el miedo.
La violencia de género no ocurre solo cuando termina en un crimen. Empieza mucho antes, en las palabras que se toleran, en los chistes que se celebran, en la desigualdad que se normaliza, en el silencio cómplice de instituciones que, con frecuencia, quedan debiendo.
Cada agresión que no se atiende, cada denuncia que se ignora, cada mujer que siente miedo de hablar, refleja una falla colectiva. No basta con tener leyes; se necesita que funcionen, se necesita voluntad, recursos, educación y empatía.
El cambio comienza desde la niñez, pero nos urge ahora
Educar para la igualdad no es un lujo. Es una necesidad urgente. Es desde la infancia donde debemos enseñar que los derechos humanos no se negocian, que nadie vale más que nadie, que el respeto no es opcional.
Pero mientras educamos a esas nuevas generaciones, también debemos exigir cambios inmediatos en quienes hoy lideran, gobiernan, deciden y administran justicia.
Porque la violencia no espera. Las mujeres no pueden esperar. Y la vida no se puede suspender hasta que el cambio suceda.
Mi reflexión final, a la que pido a todas las mujeres y hombres de este país que se unan a ella: dolor, rabia y esperanza
Es imposible hablar de este día sin sentir dolor.
Dolor por las mujeres que ya no están.
Dolor por las que hoy viven con miedo.
Dolor por aquellas que la sociedad ha intentado callar.
Pero también nace la esperanza. La esperanza de un país que puede cambiar si se atreve a ver su propia verdad. La esperanza de una sociedad que deje de fingir, que deje de ser hipócrita, que deje de maquillar estadísticas para poder dormir tranquila.
La violencia contra la mujer no es un problema de mujeres. Es un problema de toda la sociedad. Un espejo que nos muestra quiénes somos como país y quiénes estamos dispuestos a ser.
Hoy, más que nunca, Costa Rica necesita despertar.
Necesita actuar. Necesita dejar de prometer y empezar a transformar.
Por todas, por cada una, por las que vendrán:
Que no sea solo un 25 de noviembre. Que sea todos los días
Porque vivir sin violencia no debería ser un privilegio; debe ser un derecho innegociable.
MSc. Genoveva Chaverri
Fundadora y 1er Presidenta del Programa Mujer Empresaria. CCCR





































