Genoveva Chaverri Chaverri
Directora honoraria de la Cámara de Comercio de Costa Rica y académica
El 14 de setiembre mientras entonaba con fervor nuestro himno nacional, el cual ha sido un símbolo de nuestra identidad y unidad, me encontré reflexionando sobre el estado de nuestra querida Costa Rica. Este año, como en tantos otros, hemos celebrado nuestras fiestas patrias, y con cada nota del himno, siento en mi pecho una mezcla de orgullo y tristeza. Orgullo por la historia de lucha y resistencia que nos ha forjado como nación, y tristeza por la incertidumbre que enfrentamos en el umbral de otra contienda electoral.
La democracia, ese delicado y sagrado sistema de gobierno que hemos construido a lo largo de los años, es un derecho que debemos valorar y proteger. En estos momentos de polarización y desafíos, es natural sentir preocupación por el rumbo que tomará nuestro país. Sin embargo, debemos recordar que en nuestra manos se encuentra el verdadero poder para modificar el destino de nuestra vida política y social.
Las palabras de José María de Peralta y Cordero resuenan en nuestros corazones: “La paz es el camino más seguro hacia la libertad.” Precisamente, esta libertad es un requisito esencial para el ejercicio pleno de nuestras vidas cívicas. En cada elección, en cada debate público y en cada interacción con nuestros conciudadanos, tenemos la responsabilidad de sembrar en el diálogo y la acción, los valores de la tolerancia, la empatía y el respeto.
Hoy, humildemente como académica. Educadora y costarricense, les insto a unir esfuerzos y a comprometernos no solo con el acto de votar, sino también con la promoción de un ambiente donde la discusión política se lleve a cabo en el marco del respeto y la solidaridad. La democracia no es solo un sistema electoral; es un compromiso diario con la justicia social y los derechos humanos. Es un llamado a construir puentes, no muros.
Es esencial que cada uno de nosotros se convierta en un agente de cambio, desafiando la desinformación y la polarización que muchas veces intentan dividirnos. A través de la educación, el diálogo y la participación activa en nuestras comunidades, podemos revivir el espíritu democrático que nos ha caracterizado como costarricenses. Estamos en condiciones de mostrar al mundo que, frente a la adversidad, podemos elegir la paz, el respeto y el entendimiento mutuo.
Recordemos que el verdadero poder de nuestra democracia radica en el ejercicio consciente de nuestros derechos y deberes cívicos. A medida que nos acercamos a las elecciones, comprometámonos a ser ciudadanos informados y responsables, a escuchar y comprender las distintas voces que coexisten en nuestra sociedad. Cada voz cuenta, y cada voto tiene un impacto real en nuestras vidas y en el futuro de nuestra nación.
Hoy, más que nunca, es momento de levantarnos como un solo pueblo en la búsqueda de la paz, la justicia y la igualdad. Construyamos juntos un futuro donde cada ciudadano se sienta empoderado y donde la democracia florezca en todo su esplendor.
Con la esperanza de un mañana mejor, fraguemos un camino común donde la paz y la democracia se fortalezcan en nuestra Costa Rica.
Con esperanza y determinación.





































