Decir que los cigarrillos electrónicos son peores que los cigarrillos tradicionales es “desinformación”: oncólogo francés
El Dr. David Khayatdon visitó Costa Rica para participar en un foro sobre reducción de daños en la Asamblea Legislativa
La reducción de daños es un concepto que se aplica a muchas áreas de la vida. Ponerse un cinturón de seguridad es reducir el posible daño de conducir rápido. Lo mismo ocurre con el casco para los motociclistas. Ese concepto se puede aplicar también a la lucha contra el tabaquismo.
Así lo expone el Dr. David Khayat, oncólogo francés reconocido mundialmente en la lucha contra el cáncer, en una entrevista realizada durante una visita suya reciente a Costa Rica, donde participó en un foro sobre reducción de daños en la Asamblea Legislativa.
El foro fue organizado por la diputada Johana Obando, que precisamente impulsa el proyecto de ley 23.553, que pretende que productos como cigarrillos electrónicos o tabaco calentado sean regulados de forma distinta, pues no representan el mismo nivel de riesgo que los cigarrillos de combustión.
La reducción de daños es un concepto ampliamente implementado en la vida diaria que parte de que, a pesar de que se tomen acciones preventivas, algún nivel de conductas de riesgo es inevitable entre la población. Su objetivo es minimizar los daños que las personas sufren en lugar de buscar eliminar la conducta en sí. Hay muchos ejemplos, como los cinturones de seguridad de los vehículos, el protector solar para el bronceado, los condones para prevenir enfermedades, o los productos de nicotina sin combustión para reducir el daño de fumar.
Las políticas antitabaco se han centrado durante décadas en dos pilares principales: prevenir el inicio y promover el abandono, que son conductas forzadas. Esto promovió un importante descenso inicial de la prevalencia del tabaquismo, pero después de esa caída todavía tenemos mil millones de fumadores en todo el mundo. El tabaquismo ha sido el principal factor de riesgo para el desarrollo del cáncer durante las últimas tres décadas, y no se prevé que esto cambie en un futuro próximo. Si buscamos revertir esta tendencia, las estrategias de reducción de daños deben incluirse en las políticas de salud pública sobre tabaquismo.
Los productos de tabaco y nicotina sin combustión no están exentos de riesgos, pero generan y exponen a los usuarios a niveles significativamente menores de tóxicos y carcinógenos en comparación con los cigarrillos, lo que reduce el riesgo de cáncer. Un ejemplo es Suecia, donde los hombres, que han usado predominantemente Snus (tabaco no combustible) por décadas, tienen la prevalencia de cáncer más baja de Europa. En contraste, las mujeres, que consumían mayormente cigarrillos, presentan una prevalencia superior a la media europea.
Los productos sin humo representan una fracción del riesgo en comparación con seguir fumando, ya que generan y exponen a niveles significativamente más bajos de carcinógenos y tóxicos. El hecho de que muchas personas digan que son tan malos o incluso peores que los cigarrillos, demuestra cuán grande es la desinformación.
Hay un malentendido general sobre la nicotina. Contrario a la creencia común, la nicotina no causa cáncer. La nicotina, de hecho, es clave para apoyar el enfoque de reducción de daños por fumar. Un claro ejemplo de esto es la terapia de reemplazo de nicotina: las personas han usado esta terapia de manera segura durante muchos años, y es lo suficientemente segura como para ser recetada por médicos, y en muchos lugares está disponible sin receta.
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Los países donde estos productos están disponibles y el Ministerio de Salud está promoviendo un enfoque de reducción de daños para el tabaquismo están logrando resultados impresionantes en la disminución de la prevalencia del tabaquismo. Ejemplos que podemos citar son el Reino Unido y Nueva Zelanda, donde se ha implementado la reducción de daños del tabaco como una política de salud pública, ayudándolos a acelerar la disminución de la prevalencia del tabaquismo en comparación con otros países que aún se centran en el enfoque clásico restrictivo.
El hecho de que se queme biomasa y se inhale el humo generado representa un enorme peligro para la salud. Ni el cannabis ni el tabaco son los principales responsables del daño, sino el hecho de quemarlos, la combustión, ya que el humo generado por la combustión contiene cientos de sustancias tóxicas y cancerígenas. Algo que también hay que tener en cuenta es que el consumo de nicotina no es intoxicante, no perjudica la capacidad para realizar las tareas cotidianas. Por el contrario, el THC que contiene la marihuana tiene efectos intoxicantes (que alteran la mente).
Debemos aceptar que la innovación y la reducción de daños son el futuro. Hoy en día, existen varios productos disponibles que son significativamente menos dañinos que fumar tabaco y pueden ayudar a las personas a dejar de fumar. La regulación es clave para maximizar los beneficios para la salud pública y minimizar los daños. La modificación del estilo de vida es lo mejor. Pero para los pacientes que no modifican su estilo de vida las alternativas menos dañinas pueden ayudar.