Debilitar la familia socava la sociedad
La familia es la inspiración e institución base de una sociedad, igual que toda organización padece luchas internas de poder. Solo logra su equilib...
La familia es la inspiración e institución base de una sociedad, igual que toda organización padece luchas internas de poder. Solo logra su equilibrio y fortaleza con el tiempo cuando existe solidaridad, fraternidad, prudencia y amor entre sus integrantes. De lo contrario se desintegra y promueve otro tipo de símiles que podrían definirse como familias, pero que adolecen de la concepción histórica y biológica que la definió; símiles que aun siendo encuentros de fraternidad carecen de algunos elementos de solidez que la tradicional sí contempla.
Cuando soltero, mi familia estuvo conformada por abuela, madre, tía y yo hijo, no hubo figura de padre, fue más un matriarcado. Luego, al contraer el matrimonio “tradicional” se conformó con padre, madre y dos hijas. He de decir que aun siendo feliz mi niñez y juventud, mis hijas me llevan ventaja con la conformación actual de mi familia, al tener ellas la oportunidad de contar con padre y madre.
Creo, como Confucio, que “una casa será fuerte e indestructible cuando esté sostenida por estas cuatro columnas: padre valiente, madre prudente, hijo obediente, hermano complaciente”, premisa emitida 500 años antes de Jesucristo. El concepto de familia no fue inventado por el cristianismo, es muchísimo más antiguo, ninguna religión podría apropiarse de su patente, es un concepto ancestral que hoy algunos quieren debilitar, pero que ha superado pruebas mucho más duras.
Los valores supremos son aquellos que una sociedad se impone como principios fundamentales, en virtud de otros, en ellos la familia tiene su máxima exponencia.
La redefinición que algunos quieren dar al matrimonio —conformado por hombre y mujer— está sustentada en un percepción efímera, que entonces cambiaría cada vez que la coyuntura lo requiera, ajustando así su institución a las variables antojadizas que interesen a unos pocos en momentos determinados.
Primero fue la ideología del género la que vino a sustituir la del sexo —hombre y mujer— hoy es la del matrimonio. Vendrán otras interesadas en seguir debilitando a la familia y por ende poco a poco a la sociedad, con la relativización de valores y principios. Generar nuevos derechos no implica debilitar instituciones exitosas.
La familia “tradicional” no es moda, es histórica, ha padecido crisis y remezones, pero los resultados demuestran que debe seguir siendo el fundamento primario de la sociedad, sin el menoscabo de los derechos y responsabilidades que otras formas deben tener en el marco de la justicia terrenal que corresponde al vivir en sociedad.
No es válido que los fracasos y las frustraciones personales terminen haciéndonos promotores de la desintegración de la familia tradicional. No deben ser las experiencias unipersonales las que definan la conformación histórica e ideal de una familia; nunca perderá validez la promoción de su fortalecimiento natural e histórico.
Que mi visión es conservadora y arcaica, a lo mejor. No creo en cambiar por cambiar sin mayores sustentos, me quedo con lo que escribió uno de mis pensadores favoritos, G.K. Chesterton: “El lugar donde nacen los niños y mueren los hombres, donde la libertad y el amor florecen, no es una oficina ni un comercio ni una fábrica. Ahí veo yo la importancia de la familia”, y agregaría que por eso me niego a ponerla en el juego de las coyunturas.