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El país sigue caminando y todo reclama ser atendido. Es ahí donde será clave la buena gestión del equipo de Gobierno y la capacidad de cada jerarca y su gente para comunicarse con la población con la misma cercanía, claridad y empatía con que lo ha hecho Solís


De la campaña a la toma de decisiones

En el inicio de su mandato, el presidente Luis Guillermo Solís ha dado una señal de que quiere gobernar pensando en la gente.
Un puente sobre el río Tárcoles colapsó en 2009, dejando un saldo de seis muertos y decenas de heridos.
Mucho se ha hablado desde entonces sobre el estado de nuestros puentes, diagnosticados incluso por expertos japoneses que señalaron su mal estado, recordando que habían sobrepasado su vida útil además de que no habían recibido el oportuno mantenimiento.
Ayer el mandato de Solís Rivera comenzó con la firma de un decreto que facilita la intervención de unos 12 puentes y 11 alcantarillas que están en peligro.
Ojalá esto pueda hacerse rápido y bien supervisado porque las circunstancias así lo exigen. El dinero existe, si no se ha desviado hacia otros fines.
Esta y muchas otras cosas que han estado padeciendo el abandono del Gobierno, deberán ser atendidas de algún modo con la técnica de apagar, en primera instancia, el incendio, para luego comenzar la reconstrucción.
Esto significa arrancar los planes que la población espera y estos deberán contemplar las necesidades de todos los sectores de la sociedad.
El país sigue caminando y todo reclama ser atendido.
Es ahí donde el éxito puede sustentarse en la buena gestión del equipo de Gobierno y en la posibilidad de que cada jerarca sepa comunicarse con la población con la misma cercanía, claridad y empatía con que lo ha hecho Solís.
Habrá un camino lleno de piedras dificultando el paso y le tocará a cada jerarca utilizar la vía más eficiente para limpiar los escollos y que se pueda avanzar.
Una evolución que deberá permitir que continúe el crecimiento económico mediante una acción empresarial privada vigorosa y socialmente responsable, un combate a la evasión fiscal y una eliminación de las trabas burocráticas mediante la tecnología que todo lo puede facilitar y transparentar.
Sin embargo, tal como Solís lo ha prometido, el crecimiento económico tendrá que extender su beneficio a todas las esferas de la sociedad.
Única forma de revertir la tendencia hacia el aumento de la pobreza y la desigualdad, protagonistas al fin de la situación que llevó a la población a exigir el cambio.
Un plan país que conduzca a ese equilibrio deberá estar bien claro y desarrollarse previendo y subsanando de antemano las posibles dificultades.
Esto evitará encontrarse frente a problemas como la actual huelga de maestros, producto de no haber digitalizado mucho antes las planillas para el pago de sus salarios, estableciendo los mecanismos para que los movimientos de personal puedan hacerse sin afectar el pago a tiempo.
El nuevo Gobierno tiene un hermoso pero difícil reto por delante, y para enfrentarlo cuenta con un equipo preparado y con ganas de trabajar. Que así sea.

 

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