Durante años, la transformación digital pudo haber sido vista como una meta futura. Hoy, en cambio, se ha convertido en el punto de partida para una nueva etapa ya inminente: la inteligentización empresarial. Esta evolución puede ser estratégica principalmente para las economías emergentes.
Claro que hay una brecha con respecto a las economías que van a la vanguardia con la tecnología, sin embargo, la capacidad de adaptarse con agilidad, saltar etapas tecnológicas y aprovechar el talento local puede convertir a estas regiones en competidores inesperados de la próxima revolución empresarial.
Según la CEPAL, la digitalización en América Latina ha avanzado de forma desigual, pero con señales claras de impacto positivo en productividad, inclusión y competitividad. En particular, las pequeñas y medianas empresas (PyMEs) que han adoptado tecnologías digitales han logrado reducir costos operativos, mejorar la relación con sus clientes y expandir su alcance a nuevos mercados. Un estudio reciente destaca que la transformación digital ya no es solo una ventaja estratégica, sino una condición de supervivencia para las PyMEs en la región.
Lejos de ser una barrera, la condición de “emergente” puede ser una ventaja. Según el informe de UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo), los países en desarrollo tienen una oportunidad única de avanzar en la cadena de valor digital si logran integrar sostenibilidad, talento y tecnología. Además, una menor dependencia en sistemas legados o sistemas informáticos antiguos permite adoptar tecnologías más modernas desde un inicio.
La inteligencia artificial (IA) no se implementa en el vacío. Requiere una base sólida de procesos digitalizados, datos estructurados y una cultura organizacional orientada al cambio. En palabras simples: sin un proceso de transformación digital ya implementado, no puede operar una IA efectiva. Una guía práctica para empresas sugiere evaluar tres pilares antes de implementar IA: infraestructura tecnológica, cultura organizacional y talento humano.
En sectores como agricultura, salud y servicios financieros, la IA ya está generando impactos medibles. En América Latina, el uso de IA en monitoreo de cultivos ha mejorado la eficiencia hasta en un 30%. Las fintech han reducido costos operativos hasta en un 40% mediante automatización y scoring crediticio algorítmico. En salud, la IA en telemedicina y diagnóstico ha reducido tiempos de atención en zonas rurales hasta en un 40%.
A pesar del potencial, las economías emergentes enfrentan obstáculos importantes: falta de talento especializado, infraestructura digital desigual, baja estructuración de datos y brechas regulatorias que dificultan la gobernanza ética de la IA.
Aprovecho para dejar 5 recomendaciones para las empresas que quieren comenzar esta travesía:
- Diagnóstico digital: Evaluar el nivel de madurez digital de la empresa.
- Quick Wins: Comenzar con proyectos piloto que generen valor rápido (proyectos de uso concreto).
- Formación interna: Capacitar al equipo en herramientas digitales y pensamiento analítico.
- Alianzas estratégicas: Buscar apoyo en firmas de consultoría, universidades o hubs de innovación.
- Gobernanza de datos: Asegurar la calidad, privacidad y trazabilidad de la información.
Adicionalmente, siempre es importante llevar un proceso de gestión del cambio donde toda la organización se adapta y se prepara para este proceso.
La realidad es que la transformación digital ya no es el futuro, es el pasado reciente. Hoy, la ventaja competitiva está en la capacidad de evolucionar hacia una empresa inteligente, ágil y centrada en datos. Las economías emergentes tienen la oportunidad de liderar este cambio si actúan con visión, estrategia y colaboración.
En Grant Thornton ayudamos a nuestros clientes a convertir la transformación digital en una ventaja competitiva real. ¿Está su empresa lista para dar el siguiente paso hacia la inteligencia artificial?





































