- Resumen de las tendencias mundiales del uso del gas natural
En el mundo, el desarrollo y el consumo de gas natural ha venido creciendo rápidamente como combustible puente para fines energéticos y no energéticos, incluyendo la producción de hidrógeno como trampolín para impulsar la economía del hidrógeno en el futuro.
El rol del gas natural como combustible puente se ha estado fortaleciendo porque es barato, abundante, versátil y comparativamente mucho más limpio que el petróleo y el carbón.
Al gas natural se le considera a menudo un combustible puente vital hacia fuentes de energía más limpias porque sirve como fuente de energía de transición a medida que el mundo avanza hacia sistemas de energía más sostenibles basados en fuentes renovables de energía.
El término combustible puente se refiere a un combustible que, por sus características (menor costo económico, menores emisiones, mayor seguridad energética, etc.), se puede utilizar para sustituir los combustibles de mayores emisiones y mayores costos mientras las fuentes renovables de energía avanzan en su desarrollo y su participación crece progresivamente en la matriz energética mundial.
El objetivo de utilizar el gas natural como combustible puente es acelerar la reducción progresiva de las emisiones provenientes de las fuentes de energía actuales que generan más emisiones (como el petróleo) al sustituirlas sin la necesidad de cambiar los equipos de consumo actuales, tales como automóviles, buses, camiones, calderas industriales, hornos industriales y plantas eléctricas térmicas que usan búnker y diésel.
Lo anterior mientras las energías renovables van avanzando con el cambio de los equipos de consumo energético (cambio de vehículos de gasolina y diésel por vehículos eléctricos, por ejemplo) para ir desplazando las fuentes fósiles de mayores emisiones.
Este proceso de cambio continuo avanzará paulatinamente en el tiempo hasta que las energías renovables se hayan apoderado por completo de todos los sectores de la economía de aquí a varias décadas.
La tendencia de crecimiento en el uso del gas natural se ha acrecentado porque tiene también miles de aplicaciones en usos no energéticos como materia para la producción de miles de productos necesarios para la transición energética (plásticos para los vehículos eléctricos, materiales de aislamiento de cables eléctricos, hules sintéticos, etc.) y para la sociedad (plásticos para los hospitales, envases para las medicinas y muchos usos más para la economía, fertilizantes, telas sintéticas, detergentes, pinturas, adhesivos, etc.).
Como parte de su función en la matriz energética de un país, el gas natural se ha convertido en un combustible puente de la transición energética porque tiene un menor costo, una mayor seguridad de suministro energético y una menor generación de emisiones que otras opciones a las se busca sustituir mientras avanza la transición.
En el mundo se tiene claro que las transiciones energéticas, como la que se está llevando a cabo actualmente, son lentas debido a la magnitud del cambio radical que conllevan, por lo que pasarán décadas hasta que las energías renovables, los combustibles sintéticos basados en energías renovables y otras fuentes de menor o nulo impacto climático hayan acaparado por completo de todos los sectores económicos y sociales.
Mis tres columnas anteriores, cuyos títulos se muestran abajo, analizaron en detalle la creciente importancia que ha venido adquiriendo el gas natural como combustible puente en sus usos energéticos y como materia prima en usos no energéticos:
- “La demanda de gas natural crece continuamente para usos energéticos como parte de su rol de combustible puente en la transición energética”.
- “La demanda de gas natural crece continuamente para usos NO energéticos en adición al crecimiento del consumo para usos energéticos”.
- “El gas natural acelera la ruta hacia el hidrógeno y la transición energética”.
- En Costa Rica se bloquea el gas natural a pesar de su creciente importancia en el mundo y de la preocupante y creciente petrolización del país
Contrario a lo que está pasando en el mundo con el rápido desarrollo del gas natural, en Costa Rica, a pesar de lo anterior y de su preocupante situación energética, se impide que esta importante fuente de energía mundial se incorpore a la matriz energética nacional.
En su lugar, se prefiere aumentar continuamente el consumo de derivados de petróleo importados que, además de tener un alto costo y una menor seguridad energética, generan muchas más emisiones al ambiente (incluyendo gases de efecto invernadero que impacta el cambio climático).
Y este bloqueo se realiza además sin haber realizado ningún estudio técnico y económico. Un estudio de este tipo llevaría a conclusión de que es necesario incluir el gas natural en la matriz energética, como ha venido ocurriendo en el mundo, para reducir los costos de la energía, reducir las emisiones al ambiente y aumentar la seguridad energética, sin perjuicio del desarrollo paralelo y continuo de las energías renovables.
El bloqueo a la incorporación del gas natural en la matriz energética nacional se da a pesar de que las condiciones del suministro de energía (costo, seguridad energética, emisiones al ambiente, etc.) la energía juega un rol crucial en el desarrollo económico y social de un país.
Es ampliamente conocido que la demanda de gas natural en el mundo está creciendo rápidamente porque es una fuente de energía muy importante de bajo costo que está impulsando la economía de los países y la transición energética.
Es una alternativa adicional más limpia y de bajo costo que actúa como puente en el proceso de transición y que impulsa una expansión más rápida de las energías renovables.
Mientras que en el mundo el gas natural crece rápidamente por los grandes beneficios que tiene, en Costa Rica se le impide que el gas natural se incorpore a la matriz energética nacional, por acción y omisión, y sin ningún estudio técnico ni económico, lo que ha venido aumentando la dependencia petrolera a través de las crecientes importaciones de los caros derivados de petróleo, la cual ya llega al 65% del abastecimiento energético nacional.
La petrolización del país ha venido aumentando en todos los sectores, incluyendo los sectores transporte, industrial, residencial y el subsector eléctrico.
En el subsector eléctrico, la generación eléctrica con plantas térmicas (propias del ICE y alquiladas por el ICE) que consumen los caros búnker y diésel importados ha crecido, ante la reducción que se ha venido dando en la generación hidroeléctrica en las épocas secas y más prolongadas causada por el cambio climático.
Adicionalmente, ante la reducción de la generación de las plantas hidroeléctrica, las importaciones de electricidad cara del Mercado Eléctrico Nacional (MER), generada mayoritariamente con plantas térmicas en los países de la región, también han crecido.
Ambas situaciones han generado un aumento en los costos de la electricidad que se vende en el país.
Las importaciones de electricidad del Mercado Eléctrico Regional (MER) no solamente tienen un costo mayor, sino que también no brindan ninguna seguridad energética firme al Sistema Eléctrico Nacional (SEN).
El mismo ICE ha señalado que los contratos de suministro eléctrico en el MER solo son funcionales cuando hay excedentes, razón por la cual las importaciones de electricidad no son consideradas como una fuente de energía disponible todo el tiempo para satisfacer la demanda nacional en el corto, mediano y largo plazo.
La evidencia, basada en los datos sobre el consumo energético nacional, muestra que el bloqueo del gas natural ha venido favoreciendo el crecimiento de las importaciones petroleras y de la dependencia petrolera que, como se indicó anteriormente, ya llega, como mencionó anteriormente, al 65% del abastecimiento energético nacional.
La creciente y alta dependencia de las importaciones petroleras pone al país a depender cada vez más energética y económicamente de la volatilidad, incertidumbre y altos costos del mercado petrolero internacional.
Estas vulnerabilidades incluyen la fluctuación y la inestabilidad de los costos de la energía debido a la alta volatilidad que existe en los precios internacionales, el impacto negativo en la balanza comercial generada por la magnitud de las importaciones petroleras y la inestabilidad económica y social derivada de factores externos sobre los cuales el país no tienen ningún control.
A pesar de las ventajas del gas natural sobre los derivados de petróleo (menores costos, emisiones más bajas y mayor seguridad de suministro), en Costa Rica se prefiere obstaculizar y bloquear la incorporación del gas natural a la matriz energética nacional para consumir cada vez más petróleo en la forma de derivados caros importados en todos los sectores (incluyendo el subsector eléctrico como respaldo energético), lo cual aumenta los costos de la energía y de las emisiones al ambiente y disminuye la seguridad del suministro energético nacional.
La energía de bajo costo impulsa el desarrollo económico y social de un país, mientras que la energía cara tiene efectos negativos muy significativos en la economía e impacta fuertemente a las empresas y a los consumidores, ya que, entre muchas otras cosas, reduce la competitividad, aumenta los costos de producción, obstaculiza la inversión externa y nacional, entorpece el desarrollo económico y el progreso social, disminuye el poder adquisitivo de las personas y afecta mucho los hogares de bajos ingresos y los niveles pobreza.
La semana pasada anunció el cierre de las plantas industriales de dos importantes empresas internacionales en el sector de semiconductores: Intel y Qorvo.
Estados dos empresas van a trasladar sus operaciones industriales que realizaban desde hace años a otros países. En parte, esta situación es consecuencia de la baja competitividad energética nacional.
Como bien lo señaló la Asociación de Empresas de Zonas Francas de Costa Rica (Azofras), esta es otra “señal de alerta que refleja los serios desafíos que enfrenta la competitividad país, y comprometen las inversiones, la generación de empleo de calidad y el crecimiento económico”.
- Ventajas del gas natural que Costa Rica rechaza
Como lo he señalado anteriormente y en varias columnas anteriores, el gas natural se ha venido convirtiendo en una parte importante del abastecimiento energético mundial y está creciendo a nivel global como una fuente de energía clave dentro de la matriz energética de una gran cantidad de países exitosos debido, entre otras cosas, a lo siguiente:
- Su bajo costo.
- Su mayor seguridad de suministro.
- Su relativa pureza que genera menos emisiones en comparación con otros combustibles fósiles.
- Su flexibilidad y su versatilidad.
- Su capacidad y apoyo para actuar como combustible puente en las próximas décadas durante la transición hacia las energías renovables.
Por sus características y versatilidad, todos los equipos que utilizan actualmente derivados de petróleo pueden ser fácil y rápidamente adaptados con bajo costo para que funcionen con gas natural mientras avanzan los cambios tecnológicos que impulsan las energías renovables y que implican un cambio total de los equipos de consumo energético.
Entre muchos otros equipos, todos los vehículos con motores de gasolina y diésel (automóviles, autobuses, camiones, etc.), las plantas térmicas de generación eléctrica de búnker y diésel (como las que se utilizan en Costa Rica) y las calderas industriales, pueden ser adaptados fácilmente para que consuman gas natural de bajo costo, bajas emisiones y mayor seguridad energética.
En el sector transporte, si bien los vehículos eléctricos, donde el consumidor debe adquirir un vehículo totalmente nuevo, están ganando terreno, la conversión paralela de los vehículos actuales a gas natural vehicular (GNV) de los vehículos que consumen gasolina y diésel sigue siendo una opción puente importante para reducir los costos y las emisiones, mientras avanza el proceso lento que tiene la penetración de los vehículos eléctricos.
Los vehículos convertidos a gas natural tienen costos más bajos y emisiones más bajas en comparación con los vehículos de gasolina y diésel y este combustible se distribuye en las mismas estaciones de servicio que distribuyen gasolina y diésel.
Esto está ocurriendo en muchos países, mientras avanza el proceso de conversión del transporte hacia un sistema de totalmente eléctrico.
En un sistema de eléctrico, al ser energía firme (disponible todo el tiempo en forma constante y confiable independientemente de las condiciones de la naturaleza, incluyendo el clima), el gas natural provee a las energías renovables un respaldo energético flexible, confiable y de bajo costo.
Por su naturaleza misma, las fuentes de energía renovables de energía, como la solar y la eólica, por su naturaleza misma, tienen dificultades para proporcionar electricidad estable debido a su dependencia de las condiciones climáticas, lo que hace que su producción sea intermitente e impredecible.
Como lo he señalado, para garantizar un suministro confiable ante las variaciones de la demanda durante el día, un sistema eléctrico requiere de plantas eléctricas de respaldo energético firme que garantizan la producción de energía en todo momento, ya que no tienen afectaciones relacionadas con el estado de la naturaleza, como las condiciones y la alta variabilidad climática.
Mientras que en el mundo se usan plantas de generación eléctrica con natural (que es más barato y genera menos emisiones al ambiente) para este fin, en Costa Rica se usan plantas de búnker y de diésel (que es mucho más caro y genera muchas más emisiones).
Por su respaldo energético, el gas natural fomenta y acelera la generación eléctrica con energías renovables. Por razón se dice que es una fuente de energía “hermana” de las energías renovables porque, aunque no es renovable, representa una opción de energía firme de bajo costo más limpia y flexible en comparación con otros combustibles fósiles para este fin.
En Costa Rica existen plantas térmicas que dan el necesario respaldo energético al sistema eléctrico, dada la configuración de matriz energética actual altamente vulnerable a las sequías cada vez más fuertes y frecuentes debido al cambio climático, las cuales reducen fuertemente la generación de las plantas hidroeléctricas que producen en promedio el 75% de la electricidad nacional en épocas hidrológicas normales.
El problema es que estas plantas térmicas utilizan los caros y contaminantes búnker y diésel que ponen al SEN a depender en gran medida de la enorme variabilidad en precios e incertidumbre del mercado petrolero internacional.
No se usa el gas natural para este fin de respaldo energético, como se hace en todo el mundo, el cual es mucho más barato y genera mucho menos emisiones al ambiente que el búnker y el diésel.
Las diferencias entre los precios mayoristas del gas natural con respecto a los principales derivados de petróleo son muy grandes, por lo que el bloqueo del gas natural conlleva un enorme costo para el país y una gran pérdida de competitividad.
El viernes pasado, el precio mayorista del gas natural (convertido en barriles equivalentes de petróleo) y de los principales derivados de petróleo en los EE. UU. (país de donde provienen prácticamente todas las importaciones de derivados de petróleo que realiza Costa Rica) fueron los siguientes:
- Gas Natural: $17,38/barril equivalente de petróleo (BEP)
- Gasolina: $87,99/barril
$70.61/barril más caro que el gas natural (5,06 veces más caro)
- Diésel: $106,85/barril
$89,47/barril más caro que el gas natural (6,15 veces más caro)
- Búnker: $102,22/barril
$84,84/barril más caro que el gas natural (5,88 veces más caro)
- Gas Licuado de Petróleo (GLP): $30,09/barril
$12.72/barril más caro que el gas natural (1,73 veces más caro)
- Conclusiones
A pesar de las tendencias mundiales, de todas las ventajas (económicas, ambientales, seguridad energética, competitividad, etc.) que tiene el gas natural cuando se le incorpora a la matriz energética de un país y de la preocupante situación energética nacional, en el país le bloquea por acción e inacción y se prefiere seguir aumentando las importaciones de los caros derivados de petróleo que ya superan las dos terceras partes del abastecimiento energético nacional.
Esta situación se da en el país a pesar de que es ampliamente conocido en el mundo que la energía de bajo costo es crucial para una economía saludable, ya que reduce los costos de producción de las empresas, aumenta la competitividad, aumenta la inversión externa y la nacional, aumenta la creación de empleo, aumenta la renta disponible de los hogares, reduce la dependencia de los volátiles mercados energéticos mundiales y estimula el crecimiento económico.


































