Anyel Rodríguez Rojas
Presidente del Comité CLAIN de la Federación Latinoamericana de Bancos (FELABAN)
Vivimos tiempos marcados por la volatilidad, la disrupción tecnológica y una creciente demanda por transparencia. En este contexto, la industria financiera de Costa Rica y de Latinoamérica enfrentan desafíos complejos que no pueden abordarse únicamente desde la lógica del negocio. Se requiere una visión estratégica del riesgo, un compromiso real con la ética corporativa y una auditoría interna capaz de actuar como socio estratégico en la toma de decisiones.
Desde el Comité CLAIN de FELABAN, hemos identificado tres grandes retos que configuran hoy el mapa de riesgos para la banca regional: el contexto geopolítico global, el impacto del cambio climático sobre las operaciones financieras, y la velocidad del avance tecnológico, muchas veces superior al ritmo de adaptación de las regulaciones.
Riesgos geopolíticos y su efecto sistémico
La fragmentación del comercio internacional, las tensiones entre bloques económicos y los conflictos armados como los de Europa Oriental o Medio Oriente no son hechos lejanos para la banca latinoamericana. Estas situaciones repercuten en la estabilidad de los mercados, en las decisiones de inversión y en la confianza del público. En este entorno, la gestión del riesgo no puede ser una función técnica aislada: debe estar integrada al corazón del gobierno corporativo.
Cambio climático y sostenibilidad: riesgos que ya no son opcionales
La sostenibilidad ambiental dejó de ser un valor agregado para convertirse en un factor crítico de riesgo financiero. Los bancos, como intermediarios del capital, tienen la responsabilidad de evaluar no solo la rentabilidad de los proyectos, sino también su impacto ambiental, social y de gobernanza (ESG). Una evaluación superficial en este ámbito puede traducirse en riesgos reputacionales, regulatorios y financieros de gran escala. La auditoría interna debe estar preparada para revisar, con rigurosidad, la forma en que se integran estos factores en los procesos crediticios y de inversión.
Tecnología y auditoría: el nuevo perfil profesional
El avance de la inteligencia artificial, la automatización y los servicios financieros digitales ha transformado la forma en que operan las instituciones. Estos cambios, aunque positivos, también generan nuevas vulnerabilidades. El perfil del auditor moderno debe incorporar competencias digitales, visión estratégica y una actitud colaborativa. La auditoría debe ser percibida como un aliado que anticipa riesgos y protege el valor del negocio.
El rol de la auditoría en la gobernanza corporativa
Situaciones recientes que han afectado severamente a entidades de la industria financiera tanto en Costa Rica, como en el resto del continente, no se originaron en problemas de liquidez ni de mercado, sino en fallas severas en la gobernanza, la transparencia y la rendición de cuentas. Cuando se debilita la tercera línea de defensa —la auditoría interna—, se debilita todo el sistema. Una auditoría fortalecida, con independencia y respaldo, puede y debe garantizar que los mecanismos de control funcionen y que los órganos de dirección reciban información veraz y oportuna.
La estructura de tres líneas de defensa no es un modelo decorativo. Requiere que cada actor —la operación, la supervisión y la auditoría— cumpla su función con claridad, coordinación y responsabilidad. En un entorno de creciente escrutinio público, las instituciones que descuidan su gobernanza no solo arriesgan su reputación, sino su continuidad.
Mirada al futuro: del cumplimiento al valor estratégico
En este momento histórico, la gestión de riesgos y la auditoría deben dejar de pensarse como áreas reactivas o de cumplimiento. Son funciones que agregan valor real, que ayudan a las organizaciones a anticipar escenarios, fortalecer decisiones estratégicas y construir confianza sostenible con sus grupos de interés.
El futuro de la banca costarricense y latinoamericana dependerá de la solidez de sus principios éticos, de la calidad de sus estructuras de gobernanza y de la capacidad de sus sistemas de control para actuar con visión, independencia y sentido estratégico. No se trata únicamente de cumplir con auditorías o normativas, sino de resguardar el propósito, la reputación y la sostenibilidad de las instituciones financieras en un entorno cada vez más exigente y volátil.





































