Costa Rica ha sido, por décadas, un destino sólido para la inversión extranjera directa (IED). Sin embargo, datos recientes plantean una pregunta incómoda: ¿puede el país sostener esa posición?
Cifras del Banco Central de Costa Rica (BCCR) muestran que en 2025 se mantuvieron niveles históricamente altos de inversión extranjera directa (IED), superando por segundo año consecutivo el umbral de los $5.000 millones. Sin embargo, un análisis de La Nación, en su artículo “Se desploma inversión extranjera de Estados Unidos en Costa Rica”, evidencia que el flujo proveniente de Estados Unidos, principal fuente para el país, registró una caída del 35% frente a 2024.
Ante este escenario, y en un contexto más amplio de incertidumbre y cambios geopolíticos, resulta pertinente y necesario plantear una pregunta clave: ¿qué necesita Costa Rica para mantenerse como un destino atractivo para la inversión en los próximos diez años?
Hoy, las empresas deciden dónde invertir más allá de la estabilidad macroeconómica; buscan ecosistemas de talento. Necesitan perfiles con habilidades técnicas y digitales, dominio de idiomas y capacidad de integrarse rápidamente a industrias cada vez más sofisticadas.
Por eso, hablar de empleabilidad juvenil no es una cuestión de rellenar vacantes, sino de crear ecosistemas capaces de generar y renovar talento a la escala adecuada.
Según la Encuesta de Expectativas de Empleo 2026 de ManpowerGroup Costa Rica, el 68% de los empleadores tiene dificultades para encontrar talento. Esto confirma que la solución no está solo en incentivos, infraestructura o trámites, sino en nosotros: en cómo formamos y desarrollamos el talento del país.
La buena noticia es que Costa Rica cuenta con una enorme reserva de talento y con las instituciones públicas para potenciarlo. La mala es que todavía nos falta convertir ese potencial en oportunidades reales de inserción laboral. Tenemos vacantes sin llenar y jóvenes sin empleo al mismo tiempo; esa paradoja debería ocupar un lugar prioritario en la agenda nacional.
Sincronizar la educación con el empleo del futuro
Parte del reto es reconocer la brecha entre lo que se enseña en las aulas y lo que demanda el mercado laboral. La velocidad de sectores como los servicios globales o la manufactura avanzada supera con frecuencia la capacidad de adaptación de los sistemas tradicionales de formación.
Cerrar esa brecha no implica reformar todo el sistema educativo de inmediato, sino construir puentes efectivos entre formación y empleo. Supone usar datos de demanda laboral para orientar mejor la capacitación y acompañar a las personas jóvenes hasta su inserción y permanencia en empleos de calidad.
En Fundación Caricaco hemos aprendido que el verdadero indicador de éxito no es cuántas personas participan en un programa, sino cuántas logran convertir esa experiencia en una oportunidad laboral concreta. Por eso, los modelos basados en evidencia y resultados deben convertirse en el nuevo estándar para las políticas y programas de empleabilidad.
Costa Rica tiene una oportunidad extraordinaria para liderar esta transformación. Pero ninguna organización, empresa o institución puede resolver este desafío por sí sola.
La conversación sobre IED debe ser, ante todo, una articulación profunda entre el sector público, el privado y las organizaciones sociales, enfocada en qué estamos haciendo para que ese capital encuentre el talento que necesita para crecer, innovar y generar bienestar por décadas.
Al final, la mejor estrategia de atracción no empieza en una sala de reuniones ni discutiendo grandes cifras. Empieza creando las condiciones para que cada joven tenga la oportunidad de desarrollar su potencial. Porque cuando una empresa decide apostar por Costa Rica, no invierte únicamente en un territorio: invierte en las personas que harán posible su éxito.
Mauricio Miranda
Gerente
Fundación Caricaco
Acerca del Autor
Mauricio Miranda es director ejecutivo de Fundación Caricaco y experto en empleabilidad juvenil en Costa Rica. Como director de la fundación ha dedicado su carrera a cerrar la brecha entre la educación y el mercado laboral, promoviendo modelos de formación basados en resultados medibles. Es una voz activa en espacios de política pública, innovación social y desarrollo del talento nacional.





































