La salud mental de un equipo no es independiente del liderazgo que lo guía. Como he mencionado en artículos anteriores, el bienestar colectivo muchas veces refleja el estado emocional de quienes lideran. El problema es que, en muchas organizaciones, el estrés de los líderes pasa desapercibido o se asume como parte del rol.
Por cultura, por presión o por miedo a parecer débiles, muchos líderes no sienten que puedan levantar la mano y decir: “yo también estoy agotado”. Lo sabemos porque lo escuchamos en sesiones con directivos y gerentes que sostienen a sus equipos mientras intentan no venirse abajo ellos mismos.
Hace un parde semanas, el más reciente informe de Gallup 2025 reafirmó esta realidad: el compromiso de los líderes está en uno de sus niveles más bajos a nivel global. En otras palabras, los líderes no solo están estresados, sino que están desconectados.
Gallup lo resume así: “Cuando los líderes prosperan, sus equipos también lo hacen”. Para lograrlo, destacan tres acciones concretas que hoy deberían ser prioridad para cualquier empresa:
1. Entrenamiento básico para todos los gerentes
Los líderes sin entrenamiento tienen el doble de probabilidad de estar activamente desconectados y solo el 44% de los líderes afirma haber recibido alguna vez formación formal en liderazgo. Invertir en formación básica (rol, gestión de personas, toma de decisiones) puede hacer la diferencia.
2. Enseñar técnicas de coaching efectivas
Gallup encontró que los líderes entrenados en coaching solo mejoran su desempeño entre un 20% y 28%, sino que también logran aumentar el compromiso de sus equipos hasta un 18%. Este tipo de entrenamiento tiene un efecto prolongado, visible incluso 18 meses después.
3. Apostar al desarrollo continuo como estrategia de bienestar: Invertir en el desarrollo profesional del líder incrementa su bienestar emocional hasta en un 32%. Esto convierte el entrenamiento no solo en una inversión en desempeño, sino en una iniciativa de salud mental.
Para acompañar a otros sin agotarse, los líderes también necesitan apoyo. Pero no solo desde la empresa: también desde su propia práctica diaria.
Algunas ideas concretas:
- Tener momentos sin reuniones ni pantallas, aunque sean breves. El cerebro necesita espacios para recuperar claridad.
- Hacer pausas reales, no solo cambiar de tarea. Caminar, respirar, silenciar notificaciones.
- Reconocer y expresar emociones ya sea con un colega de confianza o un mentor.
- Decir “no” sin culpa, cuando sea necesario. Los límites saludables no son una debilidad; son una protección.
Liderar equipos en tiempos de incertidumbre requiere energía, enfoque y claridad mental. Y ninguna de esas cualidades puede sostenerse sin un líder que también se cuida a sí mismo.





































