Juan Ricardo Fernández Ramírez
Presidente
Asociación de Consumidores Libres
La reciente imposición de un arancel del 15% por parte de Estados Unidos a las exportaciones costarricenses representa un duro golpe para nuestra economía. Los negociadores costarricenses, con la misión de eliminar o al menos reducir el arancel temporal del 10%, regresaron con un aumento inesperado. Como dice el refrán, fueron por lana y salieron trasquilados.
Este desenlace revela dos hechos: se sobreestimó nuestra relación con el norte y se sigue protegiendo sectores improductivos a costa de los consumidores, ya que se debió ofrecer un libre comercio total a cambio de igual trato. Históricamente, los negociadores ticos han abrazado una estrategia comercial mercantilista, enfocada en maximizar el acceso a mercados externos mientras se minimiza la apertura del mercado interno. Sin embargo, este enfoque ha mostrado sus limitaciones, como lo evidencia el reciente aumento arancelario.
Lejos de ser una derrota, esta situación abre una oportunidad única para avanzar hacia un verdadero libre comercio con EE.UU., donde los consumidores también disfruten de los beneficios de mercados más abiertos y competitivos. El Ministerio de Comercio Exterior (COMEX) debe liderar con medidas audaces para aprovechar esta coyuntura.
La primera acción debe ser eliminar los aranceles y barreras no arancelarias a todos los productos estadounidenses. Esta apertura no solo demostraría un compromiso genuino a fomentar el comercio, sino que también enviaría una señal clara a nuestros socios comerciales sobre nuestra disposición a competir, fortaleciendo nuestra posición negociadora en el futuro.
Paralelamente, se debe impulsar un proyecto de ley que exima de impuestos, como el IVA y otros, a los productos importados desde Estados Unidos, dado que este país no aplica gravámenes similares y los consideran como un arancel encubierto. Reducir estos impuestos bajaría los precios de los bienes, incrementaría el poder adquisitivo de los costarricenses y mejoraría su calidad de vida, alineándose con los principios de un comercio justo y accesible.
Otro paso crucial es abrir los monopolios públicos a la competencia. Sectores como energía, al igual que telecomunicaciones y seguros en el pasado, se beneficiarían de la eficiencia que trae la competencia. La apertura de estos mercados, impulsada en parte por la presión externa de EE.UU., demostró en su momento cómo los consumidores acceden a mejores servicios y las empresas generan más empleo.
Como complemento estratégico, dolarizar la economía costarricense eliminaría barreras al comercio internacional. Adoptar el dólar reduciría los costos de transacción, como argumentaba el Nobel de Economía Ronald Coase, al eliminar las distorsiones del tipo de cambio y los riesgos de devaluación. Esto estabilizaría precios, incentivaría la inversión extranjera y facilitaría el comercio con socios clave, posicionando a Costa Rica como un actor más competitivo en el mercado global.
Adoptar el libre comercio, la competencia, una moneda estable y el enfoque de llevar bienestar del consumidor, como pilares fundamentales es la vía para construir un marco comercial genuino y mutuamente beneficioso. Solo así podremos garantizar que, en efecto, ganemos todos.





































