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Lunes 29 Abril, 2013

Ante la muerte de un líder

Sin lugar a dudas Hugo Chávez, con motivo de su muerte oficialmente anunciada el 5 de marzo, se evidencia como el líder latinoamericano de mayor proyección mundial, que no lo emulan presidentes de grandes países del continente como México o el mismo Brasil, en tiempo de Lula o de la actual Vilma Roussef, éste último país que supera a Venezuela en el ranking de países altamente desarrollados, que lo ubica en el grupo de economías emergentes más pujantes a nivel mundial, denominado BRIC, a pesar de la enorme riqueza minera de Venezuela, no solo del petróleo sino también de la franja del Orinoco, lo que evidencia que tal posición no es solo por el prestigio de sus mandatarios sino por el desarrollo y crecimiento económico interno.
Obedece esto también a la condición geoestratégica de Venezuela en el escenario mundial, miembro de la OPEP, que disputa la condición de segunda reserva mundial del petróleo, y que tiene las reservas mineras y de gas más grandes con alcance para 200 años. Pero también por el impulso de su visión de alianzas y cercanías con sus vecinos, en toda la arquitectura institucional política que durante sus gobiernos se impulsaron en América del Sur, desde la derrota del ALCA hasta el Banco del Sur, por su presencia en UNASUR, en el Ejército de UNASUR, en varios parlamentos que existen en Sur América, por los dos encuentros que propició SUR-SUR, uno en África y el segundo en Caracas, que reunió más de 50 Jefes de Estado de estas regiones, por ALBA y Petrocaribe, y por la inmensa cantidad de Convenios y Tratados que ha firmado con todos estos países, junto a los de Medio Oriente, Asia, China y los exsocialistas europeos y los mismos de Europa central, con relaciones diplomáticas que se acercan al centenar de países junto a los organismos internacionales en que Venezuela participa.


Y, por supuesto, que resulta de la renta petrolera y de la capacidad que de ella pudo proyectar a las casi 20 Misiones Sociales, que como programas sociales y de políticas públicas pudo impulsar combatiendo y reduciendo pobreza, analfabetismo, mejorando salud, vivienda, tratando de redistribuir mejor la riqueza, pero haciendo de la población pobre, marginal e indígena una población activa, viva, visible y actora políticamente, identificada ampliamente con los beneficios que de los gobiernos del Presidente Chávez recibía.
No casualmente a su sepelio asistieron 54 delegaciones de Estados y Gobiernos encabezados por sus propios Jefes de Estado y Presidentes, prácticamente todos los de América Latina y el Caribe.
Hugo Chávez, sin lugar a dudas también, ha tenido en vida una resonancia como la que Fidel Castro ha tenido, en igual proyección universal, no solo por su personalidad atrayente, su capacidad discursiva, sus diatribas altisonantes, su innegable capacidad de trabajo, su inteligencia, su conocimiento de los grandes problemas de la sociedad venezolana, su mimetismo político religioso, y su rescate e identificación con el Bolívar héroe como sombra y su referente cotidiano, sino por su confrontación política con los Estados Unidos, el Imperio como le llamaba, sino también por hacerse vocero de las políticas antiimperialistas, nacionalistas, estatistas y neopopulistas del continente y de amplias masas de personas deseosas de estos discursos en oposición a las políticas neoliberales, privatizadoras de los recursos y riquezas públicas, globalizadoras y esperanzadoras de un mundo mejor, más equitativo, de mejor distribución de riqueza, que acabe o reduzca significativamente los graves problemas sociales en vivienda, salud, educación, empleo, obras de infraestructura, que ilusionó con la posibilidad de un proyecto trascendente a Venezuela bajo el esquema del Socialismo del Siglo XXI, que lo hizo ejemplo y estandarte de hombre público y gobernante vinculado a su pueblo y de un mundo mejor.
Mucho se dirá a favor o en contra de Chávez como persona, líder, gobernante, pero nadie podrá borrar de la Historia de Venezuela, el período de la llamada V República, la República del Presidente Chávez, la de sus mandatos.
La oposición política ni siquiera se ha planteado como proyecto político electoral la convocatoria ciudadana hacia la VI República, desde la elección de octubre pasado, proyectando la idea que la V República estaba agotada con Chávez mismo, o podría ser superada, o que en esta etapa, postchavista, sí puede ser superada, porque ello implica una visión país, que tal vez aún no tengan afinada los grupos opositores, que se ven más en el espejo de Chávez que en el de Venezuela.
Dentro de las fuerzas políticas del gobierno Chavista y fuera de él, no hay un líder como el Presidente Chávez, con sus características de liderazgo nacional. En esto ha contribuido la inmensa movilidad y rotación de dirigentes que en cargos de ministros, viceministros y otros altos puestos públicos han cambiado desde 1999, más de 320 cambios, lo que al mismo Presidente Chávez le impidió realizar mejor sus Misiones Sociales, y hasta debilitar algunas de ellas por procesos de corrupción interna, y el énfasis que se hacía sobre el mismo Presidente Chávez y el culto a su personalidad sobre cualquier otro dirigente del PSUV o del sector militar, de los más de mil militares que ocupan altos cargos en el gobierno venezolano.
En el campo de sus ministros, sin lugar a dudas Nicolás Maduro fue de los más cercanos y de mayor duración, casi siete años en cargo ministerial, al frente de las Relaciones Exteriores, que por el lugar geoestratégico de Venezuela, le ha permitido proyectarse a nivel internacional con los aliados económicos y políticos que Venezuela ha logrado establecer en estos 13 años. Y por su misma esposa, Cilia Flores, alta dirigente política del chavismo y expresidenta de la Asamblea Nacional. Ello explica la designación que en vida hiciera Chávez de considerar a Maduro como el mejor candidato a sucederle una vez que él no estuviera físicamente a cargo del gobierno, de allí también que al interpretar la Corte de Justicia venezolana que Chávez no requería la formalidad de la juramentación por la reelección que había ganado, y que había nombrado a Maduro su Vicepresidente, a partir del gobierno iniciado-continuado en enero, el Vicepresidente Maduro no estaba a cubierto por el impedimento de asumir transitoriamente hasta la elección la jefatura del gobierno, como se le entregó el 8 de marzo, cerrando la discusión de si Maduro o Diosdado Cabello en su condición de Presidente parlamentario, y sometiendo a los militares del chavismo al sector político civil del chavismo, sin que se pueda determinar aún si esto provocará algún grado de confrontación interna dentro del PSUV y el chavismo o al interior mismo de la sociedad venezolana.
La circunstancia de la muerte de Chávez, acaba la discusión de su muerte real, pues está claro que el registro oficial sucedió el  5 de marzo. Lo demás seguirá siendo discusión inacabable en Venezuela y fuera de ella. Y de la misma manera en que el mismo Chávez sembró dudas, aclaradas por la Academia de Historia de Venezuela sobre la muerte del Libertador, sobre su propia muerte ya Maduro lanzó dudas de un posible envenenamiento canceroso, que parece más un distractor de discusión habida cuenta del blindaje que existía alrededor del Presidente Chávez, de su alta seguridad personal y del hermetismo y secretismo que rodeó su enfermedad al menos desde el 15 de diciembre, cuando en carta dirigida de Fidel a Maduro, le afirmaba, que “la ausencia de Chávez, Presidente electo, nos conmueve a todos”, y de tratar a Chávez en tiempo pasado, y  que “aún por dolorosa que fuese su ausencia”, ellos, él, Maduro, los del PSUV y el chavismo como corriente política “serían capaces de continuar su obra”.
Y la oposición política al proyecto del PSUV y del chavismo tendrá que afinar claramente sus objetivos de lucha electoral, y de mantenerse unida alrededor de Henrique Capriles para la contienda que se avecina, como el máximo exponente de unidad opositora, en razón también de que Capriles logró aumentar en dos millones el número de opositores en octubre pasado enfrentando al  máximo líder.
Maduro no es Chávez, pero está montado en este momento sobre sus hombros que lo agiganta y lo hace un virtual ganador del próximo proceso electoral. Pero no es esta elección la de la oposición, esta es de acumulación de fuerzas y de asegurar lo obtenido en octubre. Es la preparación de la convocatoria, que se puede hacer a los tres años del gobierno de Maduro, de la revocatoria del mandato presidencial. Allí probablemente apuntará el esfuerzo de la oposición.
Igual que en Costa Rica, cuando un gobierno del mismo partido se sucede cambiando el Presidente, el estilo, los énfasis y las prioridades cambian, y cambiarán también los funcionarios de alto nivel. Cada Presidente tiene su propia manera de matar pulgas, y eso va a ser diferente a Maduro.
Será el gobierno de  Maduro el que empezará a ponerse a prueba y no la gestión anterior de Chávez. Aquí inicia el debate sobre la Venezuela  después de Chávez.


*Segundo de tres artículos a publicar, que expresan la visión de lo sucedido en Venezuela desde octubre y tras la elección de Nicolás Maduro

**Publicado en El Venezolano, Costa Rica (25 marzo, 2013).

Vladimir de la Cruz