Confieso que yo también lo viví en carne propia. Compañeras y jefas que, en lugar de ser aliadas, se convirtieron en detractoras y en algunos casos, sin siquiera darme cuenta, hasta que era tarde. Supongo que por diferencias de personalidad, por interés de sobresalir a costa de quien fuera, inseguridad o competencia interna. Llegó un punto en el que me sentí más segura trabajando sola… solo para evitar el conflicto y el drama.
En resumen, me dio fatiga emocional, de intentar encajar en espacios donde la rivalidad femenina era normalizada como simples "problemas de mujeres", el apoyo, escaso y yo para rematar con dificultades para confrontar y aversión a tener conversaciones incómodas.
Lo que dicen los estudios
No es un caso aislado. Un estudio reciente sobre solidaridad femenina en profesiones dominadas por hombres (Pillay-Naidoo, 2023) reveló que las barreras más comunes entre mujeres en el trabajo incluyen estructuras jerárquicas rígidas, creencias generacionales y culturas que premian la competencia por encima de la cooperación.
Otro artículo publicado en Social Compass (2022) identificó un patrón recurrente: muchas mujeres evitan respaldar a otras por miedo a que el éxito ajeno opaque el propio. Y el famoso “síndrome de la reina abeja” describe justamente esto: cuando una mujer, al llegar a una posición de liderazgo, siente que debe distanciarse de otras mujeres para mantener su poder.
Pero no todo son malas noticias. Investigaciones más recientes (Cassar, 2022) muestran que cuando las condiciones organizacionales fomentan la confianza y el trabajo colaborativo, las mujeres desarrollan redes poderosas de apoyo mutuo y mentoría, impulsando resultados más equitativos y sostenibles.
¿Cómo empezamos a cambiar?
La verdadera sororidad no nace de los discursos corporativos, sino de pequeñas acciones diarias:
✨ Recomendá a una colega para una oportunidad, incluso si vos no ganás nada.
✨ Defendé a otra mujer cuando su aporte es minimizado.
✨ Celebrá los logros ajenos sin sentir que restan los tuyos.
✨ Practicá la mentoría y compartí tu experiencia con quienes vienen detrás.
Cada una de nosotras puede ser el punto de inflexión para que las siguientes generaciones crezcan sin miedo a la competencia entre mujeres.
El cambio empieza cuando dejamos de creer que los buenos puestos son escasos y entendemos que todas tenemos espacio para brillar desde nuestras habilidades únicas.
Podemos —y debemos— cambiar la narrativa que aún dice que “trabajar con mujeres es sinónimo de conflicto”. Si creamos culturas de confianza, reconocimiento y colaboración, las mujeres dejarán de huir unas de otras para empezar a impulsarse mutuamente.
La sororidad no es idealismo. Es evolución y madurez profesional. Y empieza por decidir, cada día, ser aliada en lugar de rival. ¡Amén!
Laura Centeno, Career Coach | Headhunter
Centeno.laura@gmail.com (506) 8814-4017





































