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Martes 22 Mayo, 2012

Urge un cambio en la educación médica

Dos recientes editoriales de The New England Journal of Medicine claman por introducir cambios sustanciales en fondo y forma de adiestrar a los facultativos del futuro.
En 2015 el examen de admisión a especialidades en EE. UU. dará preponderancia a los factores sociales y conductuales que inciden en el bienestar de la gente.
Se abrirá una sección de razonamiento crítico que reemplazará una parte del tradicional segmento de preguntas de elección múltiple.
La otra modificación será en la manera de dictar las clases.
La última reforma de la educación hipocrática data de 1910 (según el informe Flexner).
Significativos avances en volumen de conocimiento, complejidad de atención, metodología pedagógica y tecnología sanitaria, obligan a derribar, un siglo después, paradigmas convencionales de enseñanza.
La calidad debe siempre prevalecer. El médico de hoy debe enfrentarse a una constante adaptación de su idoneidad. La medicina no ha sido diseñada para aventureros de la política o los negocios, sino para personas con genuina vocación humanista y científica.
Humanizar la medicina no significa regresar a los disímiles escenarios en que se fraguaron las concepciones filosóficas de la antigüedad grecolatina.
La medicina no es una ciencia en sentido estricto, sino una actividad ética-intelectual orientada al cuidado de seres humanos con miedos, ansiedades y emociones. Es el reconocimiento de que el hombre debe ser el fin de toda sabiduría y no la arrogante medida de todas las cosas.
Vivimos una era de adoración a la tecnología, por lo que urge ejecutar un drástico giro de timón para restaurar el valor del pensamiento fisiológico y bioético.
La teoría y la técnica deben servir para enriquecer los criterios clínicos de la práctica asistencial, de tal suerte que las ideas sobre diagnóstico y tratamiento trasciendan lo meramente semiológico para llegar a un ámbito en el que interrogatorio, intuición y discernimiento le permitan al médico acucioso un enfoque integral y racional.
La lucidez no habita en laboratorios y máquinas: el acto médico es ese instante en que se entrecruzan confianza, receptividad, sentimiento o docencia entre enfermo y médico.
Una nueva noción de la medicina implica admitir que el saber científico es conjetural por naturaleza, aunque emane de evidencias. El individuo puede ser especialista, pero la ciencia no, porque esta debe estar en trance permanente de reconstitución, alimentándose de todo aquello que robustece a las otras áreas del saber.
Cada duda resuelta acrecienta en igual o superior proporción la pluralidad de incertidumbres. Como la medicina se nutre, muchas veces, de convicciones efímeras o certezas volátiles, la intensidad de la luz termina por amplificar la magnitud de la sombra.
No es un oficio para charlatanes, pero con tristeza admito que los hay.
Por desgracia un grupo pequeño de administrativos de la Caja Costarricense de Seguro Social, pretende hacerle creer a la población que los culpables de la situación financiera de nuestra benemérita institución somos los médicos, para así quebrantar la relación población-paciente-médico, vínculo único y sólido, que ha perdurado por miles de años.

Dr. Angelo Castillo Flores
Directivo de la Unión Médica Nacional