Infartos cobran hasta seis vidas al día en Costa Rica
Dr. Christian Rivera advirtió durante el Desayuno Ejecutivo de La República que una persona puede sentirse completamente sana y, aun así, presentar riesgo cardiovascular silencioso
Sentirse bien no necesariamente significa que el corazón esté bien. Ese fue uno de los principales mensajes planteados por el Dr. Christian Rivera, presidente de la Fundación Costa Rica Azul, durante el Desayuno Ejecutivo organizado por La República el pasado 25 de agosto, donde presentó una perspectiva sobre enfermedad cardiovascular, muerte súbita y el papel que puede desempeñar la tecnología en la detección temprana del riesgo.
La advertencia parte de una realidad particularmente preocupante: la enfermedad cardiovascular continúa siendo la principal causa de muerte en el mundo y Costa Rica no escapa de esa tendencia.
Según datos del Ministerio de Salud expuestos durante la presentación, en el país se registraron 1.928 muertes por infarto agudo de miocardio en 2021 y 2.144 en 2022, un incremento del 11% en solamente un año. La cifra de 2022 equivale a casi seis personas fallecidas por infarto cada día.
El impacto tampoco se distribuye por igual: de las muertes por infarto registradas en 2022, 1.275 correspondieron a hombres y 869 a mujeres; es decir, aproximadamente el 60% de las víctimas fueron hombres. El dato refuerza la necesidad de promover una cultura de prevención antes de que aparezcan síntomas.
“El mayor peligro no siempre es el paciente que siente dolor en el pecho y busca atención. Es también la persona que se levanta, trabaja, dirige una empresa, hace ejercicio, comparte con su familia y cree que está completamente sana. El corazón puede estar acumulando riesgo mucho antes de producir el primer síntoma", señaló Rivera.
Una enfermedad que puede permanecer en silencio
La muerte súbita cardíaca representa una de las expresiones más dramáticas de este problema. Durante la conferencia, Rivera recordó que puede presentarse inesperadamente en personas que se consideraban sanas y que una proporción importante de estos eventos ocurre sin síntomas previos.
Para Rivera, este fenómeno obliga a cambiar la lógica tradicional de atención: “Durante décadas hemos sido extraordinariamente buenos tratando la enfermedad una vez que aparece. El desafío de la medicina moderna es diferente: encontrar el riesgo antes de que se convierta en una emergencia. No podemos esperar a que el primer aviso del corazón sea un infarto o una muerte súbita”.
La Organización Mundial de la Salud señala que la mayoría de las enfermedades cardiovasculares pueden prevenirse mediante el abordaje de factores de riesgo conductuales y ambientales. Sin embargo, el problema se vuelve especialmente complejo porque una persona puede sentirse sana mientras el proceso cardiovascular evoluciona silenciosamente.
“El infarto no pide cita, no consulta la agenda y muchas veces no avisa. La prevención sí nos permite adelantarnos", enfatizó Rivera.
La exposición realizada ante empresarios y ejecutivos incorporó además una dimensión frecuentemente ausente de la discusión cardiovascular: el impacto económico de perder capital humano por enfermedad prevenible.
Ausentismo, incapacidades, hospitalizaciones, pérdida de productividad y la eventual ausencia de colaboradores estratégicos convierten la enfermedad cardiovascular en un problema que trasciende el ámbito estrictamente médico.
Los datos presentados muestran que la CCSS destinó, según cifras de 2016, ¢245.350 millones en un solo año a la atención de enfermedades cardiovasculares, con más de 1,4 millones de atenciones, cerca de 150.000 consultas de urgencias y más de 136.000 días de hospitalización.
“Las empresas protegen sus activos financieros. Sin embargo, el activo que hace posible que todos los demás produzcan valor sigue siendo la persona. Proteger el corazón del capital humano debería formar parte de una estrategia moderna de gestión del riesgo”, explicó el doctor.
Prevención como responsabilidad colectiva
La presentación también se enmarca en el trabajo que la Fundación Costa Rica Azul desarrolla desde hace más de 15 años en favor de la salud y el bienestar integral de las personas en Costa Rica.
Durante este período, la organización ha impulsado proyectos estratégicos en comunidades y poblaciones vulnerables mediante el deporte y la cultura, además de iniciativas de salud, reconstrucción mamaria y otras acciones orientadas a mejorar la calidad de vida.
Fanny Ramírez Esquivel, directora ejecutiva de la Fundación Costa Rica Azul, enfatizó que el avance del sobrepeso y la obesidad exige entender la prevención cardiovascular como un desafío que trasciende al individuo.
“La tendencia del sobrepeso y la obesidad está teniendo repercusiones directas no solo en las familias costarricenses, sino también en todo nuestro sistema de seguridad social. Estamos frente a un problema que, si no se atiende desde la prevención, continuará traduciéndose en enfermedad, presión sobre los servicios de salud y pérdida de bienestar para miles de personas”, señaló Ramírez.
Como parte de esa visión, la Fundación está impulsando iniciativas orientadas a fortalecer la prevención de la salud cardiovascular y a promover el concepto de espacios cardio protegidos tanto en empresas como en espacios públicos, articulando prevención, identificación del riesgo y capacidad de respuesta ante una emergencia cardiovascular.
“Queremos contribuir a que la cardio protección deje de verse como una acción aislada y se convierta en una cultura país. Empresas, instituciones, comunidades y ciudadanos tenemos un papel que desempeñar y hoy la invitación es a atender esta emergencia cardiovascular, porque no se trata solo de cifras frías, se trata de cuidar el latido de quienes amamos”, agregó Ramírez.
20 minutos para obtener información sobre el corazón
HeartTrends®, una tecnología que analiza la variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC) mediante un registro realizado durante aproximadamente 20 minutos, mientras la persona permanece en reposo.
Cuenta con autorización FDA en Estados Unidos. La tecnología cuenta también con estudios clínicos publicados y revisados por pares. Un estudio de 450 personas publicado en The American Journal of Cardiology en 2015, utilizando imágenes de perfusión SPECT como referencia, reportó una sensibilidad del 77% para HeartTrends frente al 27% de la prueba de esfuerzo convencional, con un valor predictivo negativo del 98%.
El examen debe entenderse como una herramienta de tamizaje y estratificación de riesgo, no como sustituto de una valoración cardiológica cuando esta se encuentra indicada.
“Una tecnología responsable no pretende reemplazar al cardiólogo. Hace exactamente lo contrario: nos ayuda a identificar quién puede necesitarlo antes, cuando todavía tenemos oportunidad de estudiar, intervenir y modificar el riesgo”, enfatizó el Dr. Rivera.
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