“Upskilling” e infraestructura son claves para atraer inversión
El talento especializado es lo que el mundo exigirá de Costa Rica
Miguel López
Socio Director
Recluta Talenthunter
Costa Rica ha consolidado, a lo largo de las últimas décadas, una posición privilegiada como uno de los destinos más sofisticados de América Latina para la atracción de inversión extranjera directa (IED). Más de 650 empresas multinacionales operan hoy bajo el régimen de zonas francas, generando cerca de 280.000 empleos directos, aportando entre el 13% y el 15% del PIB y representando más del 65% de las exportaciones del país.
Estos datos no solo reflejan volumen, sino también calidad: Costa Rica ha logrado posicionarse en sectores de alto valor agregado como dispositivos médicos, servicios globales, manufactura avanzada y tecnología.
Sin embargo, el contexto global en abril de 2026 plantea un escenario sustancialmente distinto al de hace apenas cinco años.
La atracción de inversión ya no se define únicamente por incentivos fiscales o estabilidad política.
Hoy, el diferencial competitivo se construye sobre tres pilares: talento especializado, velocidad de ejecución y resiliencia ante la incertidumbre global.
Y es precisamente en este último punto donde el entorno internacional introduce nuevas variables.
Las tensiones geopolíticas entre Estados Unidos y China continúan redefiniendo las cadenas de suministro globales, impulsando estrategias de “friendshoring” y “nearshoring”.
A esto se suman los conflictos prolongados en Europa del Este y Medio Oriente, que han generado disrupciones en energía, logística y comercio internacional.
En este contexto, las empresas multinacionales buscan geografías estables, predecibles y cercanas a sus mercados principales, lo cual representa una oportunidad clara para Costa Rica.
Pero oportunidad no es sinónimo de ventaja automática.
La competencia regional se ha intensificado. México, impulsado por su proximidad geográfica con Estados Unidos y el T-MEC, ha capturado una parte significativa de nuevas inversiones en manufactura.
Colombia y Chile han fortalecido sus marcos regulatorios y políticas de atracción, incorporando incentivos más agresivos y procesos más ágiles. Incluso países de Europa del Este están compitiendo en segmentos de servicios globales con talento altamente calificado y costos competitivos.
En este nuevo tablero, Costa Rica enfrenta un desafío estructural que trasciende la política pública: la disponibilidad y evolución del talento.
De acuerdo con análisis recientes de la OCDE, más del 50% de los empleadores en economías emergentes reportan dificultades para encontrar talento con las habilidades adecuadas, particularmente en áreas digitales y técnicas avanzadas.
En el caso de Costa Rica, este desajuste entre oferta y demanda es cada vez más evidente en campos como ingeniería, análisis de datos, inteligencia artificial, ciberseguridad y manufactura de precisión.
El país ha construido una reputación sólida basada en su capital humano, pero hoy enfrenta una paradoja: el mismo éxito en la atracción de empresas está tensionando su capacidad de abastecer talento al ritmo requerido.
Este “talent gap” no solo limita nuevas inversiones, sino que también impacta la velocidad de expansión de operaciones existentes.
A esto se suma un elemento adicional: la transformación del trabajo.
La inteligencia artificial y la automatización están redefiniendo los roles laborales a una velocidad sin precedentes.
Según el World Economic Forum, cerca del 44% de las habilidades actuales serán transformadas en los próximos cinco años.
Esto implica que el reto no es únicamente formar nuevo talento, sino reconvertir el existente.
En este contexto, el reskilling y upskilling dejan de ser iniciativas deseables para convertirse en imperativos estratégicos de país.
Otro frente crítico es la infraestructura.
Si bien Costa Rica ha avanzado en áreas clave, persisten brechas en logística, movilidad urbana, costos energéticos y conectividad digital.
La implementación de tecnologías como 5G, la modernización de puertos y carreteras y la eficiencia en la cadena logística serán determinantes para sostener la competitividad.
En un entorno donde las decisiones de inversión se toman con base en eficiencia operativa, estos factores pesan tanto como el talento.
La tramitología y la complejidad regulatoria también continúan siendo un punto de fricción.
A pesar de avances en digitalización, los tiempos para permisos de construcción, operación y expansión siguen siendo superiores a los de varios competidores regionales.
En un mundo donde las inversiones buscan velocidad, cada semana de retraso tiene un costo tangible.
En el ámbito laboral, Costa Rica ha comenzado a discutir reformas relevantes, como la implementación de jornadas 4x3 y esquemas más flexibles de trabajo.
Estos avances son positivos, pero aún insuficientes frente a las necesidades de industrias globales que operan bajo modelos 24/7.
La flexibilidad laboral, bien diseñada, puede convertirse en un diferenciador clave para atraer operaciones más complejas.
Por otro lado, el país enfrenta el reto de diversificar su propuesta de valor. Si bien ha sido exitoso en sectores como dispositivos médicos y servicios compartidos, el siguiente nivel de competitividad pasa por atraer centros de investigación y desarrollo, diseño de producto, innovación tecnológica y funciones estratégicas de mayor sofisticación.
Esto requiere no solo talento técnico, sino también capacidades en pensamiento crítico, liderazgo y habilidades humanas avanzadas.
Y aquí emerge un punto que, desde la experiencia en reclutamiento ejecutivo, se vuelve cada vez más evidente: el futuro de la competitividad no estará definido únicamente por las habilidades técnicas, sino por la combinación de estas con habilidades humanas.
La capacidad de liderar equipos diversos, adaptarse al cambio, gestionar la incertidumbre y construir culturas organizacionales sólidas será tan relevante como cualquier certificación técnica.
Costa Rica ha demostrado que puede competir y liderar en la atracción de inversión extranjera.
Sin embargo, el desafío hacia adelante no es sostener el modelo actual, sino evolucionarlo.
La próxima ola de IED será más exigente, más selectiva y estratégica.
El país tiene las bases: estabilidad, reputación, talento y experiencia. Pero el verdadero diferencial se definirá en su capacidad para cerrar brechas de talento, acelerar su ejecución, modernizar su infraestructura y adaptarse a un entorno global cada vez más complejo.
En un mundo donde la incertidumbre es la nueva constante, los países que lideren no serán necesariamente los más grandes, sino los más ágiles.
Costa Rica tiene la oportunidad de estar en ese grupo.
La pregunta es si podrá moverse con la velocidad que el nuevo entorno exige.
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