Enviar
Martes 18 Septiembre, 2007

Tráfico y comercio de órganos

Actualmente, el trasplante de órganos es la mejor alternativa de tratamiento y en muchos casos la única para la falla terminal e irreversible de muchos órganos vitales como el corazón, el hígado o los
riñones.

Esto supone que para salvar vidas humanas se necesitan órganos y para contar con estos se necesitan donantes. Sin donantes no hay órganos y sin órganos no hay trasplantes.

Tradicionalmente, para el trasplante de riñón y actualmente para el trasplante de una parte del hígado, de un pulmón o de un segmento de intestino delgado, se pueden conseguir los órganos a partir de donantes vivos y familiarmente relacionados, principalmente hermanos, padres o hijos. Sin embargo no siempre es posible, y en circunstancias especiales pueden conseguirse órganos de donantes vivos no relacionados familiarmente pero sí afectivamente, tales como cónyuges, amigos o miembros de la misma comunidad religiosa. En un informe de la Organización Mundial de la Salud se denuncia, que el tráfico de órganos es una realidad en el mundo, y que Latinoamérica no es la excepción. Es imposible imaginarse que una actividad económica tenga como fin el cuerpo humano; esto refleja la naturaleza cruel de la codicia humana y la incoherencia de los sistemas morales.

El comercio de órganos y tejidos humanos, en países como Argentina, Brasil, Honduras, México y Perú, es realmente escalofriante, así como la ola de secuestros y asesinatos de personas adultas, enferma(o)s y niño(a)s.

En Costa Rica está prohibida la oferta y/o venta de personas, cuerpos humanos, cadáveres, miembros o residuos humanos. Las donaciones de órganos con donante vivo o muerto se realizan de manera voluntaria, solidaria, altruista y bajo estricto control de las autoridades sanitarias.

Desafortunadamente, el comercio de órganos ocurre en países en los que coexisten minorías bien acomodadas junto a mayorías pobres, donde hay marcadas diferencias económicas, un alto grado de injusticia social, y no hay leyes que regulen la práctica de los trasplantes y las donaciones.

La profesión médica, sus gremios, y asociaciones, tienen la obligación de promover políticas y protocolos para la obtención de órganos y donadores potenciales, para tratamientos necesarios y urgentes, que sean consistentes con los valores de nuestra sociedad.

Finalmente, la transformación de la salud en mercancía puede evitarse, mejorando las condiciones de vida de la población, porque la pobreza es trágica, y recurrir a la venta de un órgano para paliarla, revela lo penosas que son sus condiciones de vida.

Luis Fernando Allen Forbes
Cédula 1-612-997
Director ejecutivo
Asociación Salvemos el Río Pacuare