Un tramo de la autopista Florencio del Castillo, en las inmediaciones de La Galera, comienza a transformarse en un espacio natural con propósito social.
Se trata del primer Memorial Compasivo del mundo, una iniciativa que une sostenibilidad y humanidad para rendir homenaje a las personas que enfrentan enfermedades avanzadas o terminales, a sus cuidadores y a quienes ya fallecieron.
El proyecto, desarrollado por Coopenae-Wink junto a la Fundación Partir con Dignidad y otras organizaciones, busca convertir un punto urbano de alto tránsito en un bosque vivo de memoria, gratitud y conciencia ecológica.
El memorial se enmarca en el programa Bosques Compasivos, parte del proyecto Ciudades Compasivas, y representa un nuevo modelo de espacio público: un área verde que combina el valor ambiental con la reflexión social.
A diferencia de los monumentos tradicionales, este bosque conmemorativo crece y se renueva, simbolizando la continuidad de la vida y el respeto por la naturaleza.
El lugar albergará 1.000 árboles y plantas ornamentales nativas como cortés amarillo, capulines, tucuico verde y roble sabana, especies seleccionadas por su capacidad de adaptación al clima y su aporte a la biodiversidad local.
La siembra no solo embellece el entorno, sino que ayuda a mitigar los efectos del cambio climático al capturar carbono, mejorar la calidad del aire y reducir la erosión del terreno.
Además, se espera que funcione como un pulmón verde para la Gran Área Metropolitana.
“Con este Bosque Compasivo queremos sembrar más que árboles: sembramos memoria, gratitud y conciencia. Cada especie plantada representa una historia, un afecto, un compromiso de país por garantizar que nadie enfrente el final de su vida sin acompañamiento, respeto ni dignidad”, dijo Gustavo Ulloa, jefe de Sostenibilidad de Coopenae-Wink.
El impacto ambiental del memorial va acompañado de un trabajo de sensibilización social.
La comunidad de Calle Blancos y los cantones involucrados en el programa Ciudades Compasivas participarán en jornadas de plantación y ceremonias simbólicas en memoria de sus seres queridos.
Con ello, se busca fortalecer el vínculo de las personas con su entorno natural y promover la empatía a quienes atraviesan procesos de enfermedad o pérdida.
La meta final es convertir a Costa Rica en el primer país compasivo del mundo, creando redes de apoyo en cada comunidad para garantizar el derecho a una muerte digna y llena de amor.