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Sábado 23 Noviembre, 2013

Entra también en contradicción sorprendente contra las libertades de comercio, navegación y circulación de capitales, que los Estados Unidos reivindican paradójicamente en todas partes del mundo


La guerra no declarada a Cuba

El bloqueo de EE.UU. contra Cuba es el “embargo” más largo de la historia. Está diseñado para promover hambre y desesperación, atentando contra la integridad física y moral de toda la población cubana; en particular de los niños, de las personas mayores y de los enfermos.
La política imperial, cruel e inhumana, podría asimilarse a crímenes contra la humanidad; el bloqueo constituye un acto de guerra no declarado contra Cuba.
La llegada de Castro al poder en 1959 y su determinación de actuar con plena independencia en favor de las mayorías, es un anatema contra los monopolios e intereses estadounidenses, por lo que EE.UU. castigará a la isla con una aplastante paliza económica a partir de 1962 cuando el presidente Eisenhower decreta la reducción de la cuota azucarera y el rompimiento de relaciones con Cuba.
El bloqueo es reforzado a través de instrumentos represivos unilaterales como la Ley Torricelli (1992) y la Ley Helms-Burton (1996), con el fin de hacer colapsar la economía cubana aislándola del resto del mundo. Se trata de una legislación extraterritorial que no es más que una flagrante violación a las normas internacionales sobre libertad de comercio y un claro desprecio a la soberanía de terceros estados.
Es un flagelo para la letra y el espíritu de la Carta de las Naciones Unidas y de la Organización de Estados Americanos. La extensión exorbitante de la competencia territorial de los Estados Unidos, es contraria al principio de soberanía y a la no intervención en las decisiones interiores de un Estado extranjero —consagrado en jurisprudencia por la Corte Internacional de Justicia—, y se opone a los derechos del pueblo cubano a la libre determinación y al desarrollo. Entra también en contradicción sorprendente contra las libertades de comercio, de navegación y de circulación de capitales, que los Estados Unidos reivindican paradójicamente en todas partes del mundo. Este embargo es ilegítimo e inmoral por atacar los logros sociales realizados por Cuba poniendo en peligro los éxitos — reconocidos por un gran número de observadores internacionales independientes (OMC, UNESCO, UNICEF)— como son los sistemas públicos de educación, de investigación, de salud y de cultura; logros aún no finalizados debido al bloqueo que impide el pleno desarrollo del proceso social.
Por otra parte, el régimen ha carecido de transparencia, sobre todo en cuanto a Derechos Humanos, tema sobre el cual Fidel Castro desestimó valor, y continúa, ahora su hermano, pagando una elevada factura internacional.
Sin embargo, como ha ocurrido en las últimas dos décadas, la Asamblea General de la ONU aprobó la resolución de condena al bloqueo y la solicitud de levantamiento del mismo, así como la eliminación de la Ley Helms-Burton. La votación fue de 188 a favor y dos en contra: EE.UU. y su fiel aliado Israel.
El inhumanismo estadounidense contra el pueblo cubano, lejos de hacerlo claudicar de su decisión de ser soberano e independiente, ha fortalecido su cohesión social, haciéndolo un pueblo ejemplar, valiente y resistente.
El abrumador respaldo internacional es una victoria diplomática para Cuba y un infausto golpe al prestigio y legitimidad de los Estados Unidos.

Ricardo Sossa

Periodista y politólogo